Me llamó la atención tu columna porque vivo una situación similar, también me divorciaron, y como bien dices, en su momento me dolió hasta el alma perder lo que consideraba un buen matrimonio. Hoy lo veo de forma distinta, disfruto mi vida tal como es, mi trabajo, familia, amigos, y ante todo, mis hijos.
Caso contrario es lo que veo con mi ex, da la impresión de que ella no supera la situación y me culpa por todo tropiezo o situación adversa, por amigos sé que en redes sociales describe mis supuestos maltratos con ella y mis hijos, donde siempre figuro como un maleante, un villano… ¿Por qué me culpa?, yo no la puse donde está ni le deseo ningún mal, es más, rara vez es un tópico en mis conversaciones, aunque no siempre la puedo evadir, tenemos en común dos hijos.
No entiendo por qué no vive y deja vivir. La principal causa del divorcio fue porque al casarnos jóvenes le faltaron cosas por hacer, ¿por qué simplemente no las vive?, ahora no puede decir que yo soy quien la limita.
RESPUESTA
Dos cosas me llaman la atención en tu correo: que en el mismo plazo y provenientes del mismo matrimonio, uno logra disfrutar la vida y el otro no. Impresiona que el menos feliz sea precisamente aquel que tomó la decisión, pues la frase “me divorciaron” hace pensar que tú no deseabas que ocurriera. ¿Qué pasa en estos casos?, ¿por qué el de la iniciativa, a simple vista el más audaz, pasado el tiempo se encuentra dolido, aparentemente atorado en un evento al que pensó dar solución, y necesitado de encontrar un culpable?
Ambas situaciones, la tuya y la de tu ex, son ejemplos de resultados muy distintos de un mismo acontecimiento: divorciarse. Entiendo que tú vives satisfactoriamente y ella, al parecer, no. Podemos pensar que a los dos les dolió hasta el alma perder un buen matrimonio, pues todos cuantos se casan lo hacen aspirando a que la unión les ayudará a cumplir sus anhelos, sean éstos los que fueren en sus mentes. ¡Y no sucede! La desilusión y el desencanto lo inundan todo. Comienza una temporada de buscar remedios y soluciones, mediante los métodos que cada uno acostumbre y otros nuevos: piden, suplican, exigen, ordenan, acusan, culpan, amenazan, etc., con palabras y acciones. ¡Tampoco sucede! La convivencia se torna insoportable, algo debe ocurrir para ponerle fin. Sobreviene el divorcio.
¿Es verdaderamente el fin? A veces, sí; cuando la media naranja renuncia a lo que pudo haber sido y no fue y asume que debe aprender a vivir como media naranja; pero a veces no, una de las mitades no puede hacerse el ánimo a ser completa como mitad, lo cual es terriblemente doloroso y problemático, porque se experimenta mutilada, víctima inocente de la otra parte que no se acopló ni se quedó. Pierde de vista que tampoco ella pudo acoplarse ni quedarse, y es sincera al decir lo que piensa: la culpa de todo la tienes tú.
Ahora bien, tú ya recuperaste gran parte de tu plenitud, puesto que organizas tu vida a partir de lo que tienes y así la disfrutas, falta que renuncies a “lo que pudo haber sido y no fue” posterior al divorcio; es decir, a la ilusión de que ambos serían excelentes colaboradores y buenos amigos en aquello que todavía tienen en común: los hijos. De la misma manera que te despediste de las ilusiones que te forjó el matrimonio, te haría bien desprenderte de las actuales y nuevamente decir: ¡Así es, con esto debo vivir, ser feliz, y enseñar a mis hijos a serlo! ¿Crees que te será posible?
Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
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lunes, 29 de agosto de 2011
lunes, 1 de noviembre de 2010
DESENCANTO AMOROSO
Cuantas veces has creído estar en el lugar correcto, en la hora precisa,
en el instante inolvidable que jamás llegó ni llegará, cuando te entregas con tu corazón sin recibir lo que tú sientes, sólo tristezas y desencantos. Qué triste es que un amor grande llegue a su fin. El desencanto es su tumba... y ni para llevarle flores. Vivir sola en tus adentros, es mejor que guardes ese deseo que te hace vibrar. Todo tiene un límite y en este caso creo que se rebosó la copa, miro hacia todos lados y todo se ha ido, o todo sigue, pero no sigue igual, ya nada es igual ni volverá a serlo nunca, y debo afrontarlo. Duele.
RESPUESTA
Gracias por tu correo, muy lindo. Has sido capaz de imprimir belleza al desencanto, que no es agradable. Reflejas sentimientos que todos hemos tenido alguna vez, cuando alguien muy amado nos muestra un rostro que no le conocíamos. Sufrimos. Quisiéramos encontrar la receta que lo (o la) haga cambiar, que lo (o la) modifique y transforme como nosotros necesitamos que sea. El dolor de comprender que nuestros anhelos no pueden ser cumplidos es muy grande, tan grande como las expectativas y las emociones que invertimos en la relación. Sin embargo, el desencanto no es la tumba del amor, sino la cuna de un amor distinto, más grande y realista.
Sublime es poder amar como tú has amado. Como estás amando. Tú lo dices: cuando te entregas con tu corazón. La experiencia es extremadamente valiosa y bella. Luego, siempre, viene el desencanto, inclusive si los amados logran consumar su amor, casarse, vivir juntos, tener hijos… porque la fantasía vuela e imagina una felicidad sin fin… que no existe. A lo más, la felicidad está formada por destellos, fugaces, que si hay suerte (y tenacidad), se repiten con frecuencia.
No hay experiencia más retadora que amar profundamente, ya que implica soñar y entregarse, pero también ser capaz de retomarse y volver a ser sí mismo o sí misma. Te encuentras en la segunda parte, la de recoger tu corazón y seguir entrenándolo para un segundo amor, más amplio y consciente, que se entregará con medida y se recuperará de los desencantos.
Este tema es mi favorito y le dediqué un libro, quizás lo conoces o te guste leerlo, “Biografía del amor”. Está a la venta en Porrúa, Gonvil y otras librerías. En él describo el proceso como el amor evoluciona. Me despido deseándote paz interior.
en el instante inolvidable que jamás llegó ni llegará, cuando te entregas con tu corazón sin recibir lo que tú sientes, sólo tristezas y desencantos. Qué triste es que un amor grande llegue a su fin. El desencanto es su tumba... y ni para llevarle flores. Vivir sola en tus adentros, es mejor que guardes ese deseo que te hace vibrar. Todo tiene un límite y en este caso creo que se rebosó la copa, miro hacia todos lados y todo se ha ido, o todo sigue, pero no sigue igual, ya nada es igual ni volverá a serlo nunca, y debo afrontarlo. Duele.
RESPUESTA
Gracias por tu correo, muy lindo. Has sido capaz de imprimir belleza al desencanto, que no es agradable. Reflejas sentimientos que todos hemos tenido alguna vez, cuando alguien muy amado nos muestra un rostro que no le conocíamos. Sufrimos. Quisiéramos encontrar la receta que lo (o la) haga cambiar, que lo (o la) modifique y transforme como nosotros necesitamos que sea. El dolor de comprender que nuestros anhelos no pueden ser cumplidos es muy grande, tan grande como las expectativas y las emociones que invertimos en la relación. Sin embargo, el desencanto no es la tumba del amor, sino la cuna de un amor distinto, más grande y realista.
Sublime es poder amar como tú has amado. Como estás amando. Tú lo dices: cuando te entregas con tu corazón. La experiencia es extremadamente valiosa y bella. Luego, siempre, viene el desencanto, inclusive si los amados logran consumar su amor, casarse, vivir juntos, tener hijos… porque la fantasía vuela e imagina una felicidad sin fin… que no existe. A lo más, la felicidad está formada por destellos, fugaces, que si hay suerte (y tenacidad), se repiten con frecuencia.
No hay experiencia más retadora que amar profundamente, ya que implica soñar y entregarse, pero también ser capaz de retomarse y volver a ser sí mismo o sí misma. Te encuentras en la segunda parte, la de recoger tu corazón y seguir entrenándolo para un segundo amor, más amplio y consciente, que se entregará con medida y se recuperará de los desencantos.
Este tema es mi favorito y le dediqué un libro, quizás lo conoces o te guste leerlo, “Biografía del amor”. Está a la venta en Porrúa, Gonvil y otras librerías. En él describo el proceso como el amor evoluciona. Me despido deseándote paz interior.
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