Tengo 43 años, soltero. Este viernes salí de compras y compré bastantitas cosas. Cuando llegue a casa no me atreví a decir a nadie lo que compré, el chiste es que me torné aturdido, confuso y me sentí mal porque casi me acabé el dinero que traía. Luego, salió a relucir una frase que me gusta: No es controlándote como lograrás controlarte. Es que soy partidario de Vivirlo, para dejarlo (trascenderlo). Saqué una frase de este tema que dice: Los vicios se viven; luego, hasta entonces, se dejan. Practicar esta filosofía es peligroso, puede quedarse uno atascado en el proceso… pero ahí voy, yo, al pasito. Y es que sí, me sentí mal de excederme en gastos; pero luego luego me ubiqué en mi actitud: no es diciendo “no lo vuelvo a hacer”, “me llevaré menos dinero” o “voy a controlarme”. Soy partidario de fluir y no limitarse. Obviamente, ser así me trae problemas; pero sería mayor el problema si me evito, si evito la manifestación libre, fluida, sin trabas, de mi personalidad. Me acordé de otra frase: Tengo la actitud adecuada: no tengo actitud alguna. Claro, soy un “fracasado”, inútil, menso; pero mi esencia es fuerte y vivo mi esencia, creo que eso es finalmente lo que importa, ¡con todas las personas! Es acercándote a la luz del fuego, como lograrás algún día no quemarte.
RESPUESTA
No me haces preguntas. Tu correo me inspiró lo siguiente, quién sabe si te agrade:
Bueno, te fuiste de compras, gastaste más de lo que querías, lo disfrutaste, después te sentiste mal, aturdido y confuso y diste inicio a un diálogo interior:
- No es controlándote como lograrás controlarte – dijo la parte de tu personalidad que le gustan las frases.
- Soy partidario de vivirlo, para dejarlo (trascenderlo)- afirmó tu yo, pues habla en primera persona.
- Los vicios se viven; luego, hasta entonces, se dejan- dogmatizó la de las frases, universalizando su argumento.
- Practicar esta filosofía es peligroso, puede quedarse uno atascado en el proceso – opinó otra de tus personalidades, la cautelosa.
- Pero ahí voy, yo, al pasito – dijo tu yo.
Aquí me hace falta introducir otra voz, ¿cuál?, que pregunte:
- ¿Al pasito hacia dónde?
- Me sentí mal de excederme en gastos, pero de inmediato me ubiqué en mi actitud: no es diciéndome “no lo vuelvo a hacer”, “llevaré menos dinero” o “voy a controlarme”... ¡No! Yo soy partidario de fluir, de no limitarse – afirma tu yo.
- ¿Cero límites?, ¿y entonces, qué pasa? – pregunta la voz introducida, que sólo en apariencia es inaudible, ya que el yo le contesta:
- Ser así me trae problemas. Pero sería mayor el problema si me evito, si evito la manifestación libre, fluida y sin trabas de mi personalidad.
- ¿Te gustan las emociones fuertes, eh?, ¿vivir en el peligro? – interroga la parte de tu personalidad recientemente incluida.
- Tengo la actitud adecuada: no tener actitud alguna. – interrumpe la de las frases.
- Claro, soy un fracasado, inútil, menso...
- ¿Quién dijo eso?, ¿el yo?, ¿alguien se lo ha dicho, o piensa así de sí mismo?, ¿acaso existe otra voz que no tiene voz, como yo? – vuelve a intervenir la personalidad menospreciada.
Nadie la escucha.
- Pero mi esencia es fuerte. Vivo mi esencia y creo que eso es finalmente lo que importa ¡con todas las personas! - continúa el yo en primera persona.
- No hay reglas; incluso la regla de que no hay reglas - interviene la de las frases con aplomo.
- ¿Es eso verdad?, ¿cómo lo sabes? – insiste la voz sin derechos.
- La verdad es para unos cuantos; si fuera para todos, no sería verdad – concluye la de las frases, y agrega: - Es acercándote a la luz del fuego como lograrás algún día no quemarte.
- Espero que así sea – murmura la voz que nadie oye.
FIN
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