Creo que mi hija es anoréxica, porque ella fue gordita desde niña, ya está delgada, pero aún sigue diciendo que está gorda, y lo peor es que no se acepta, se niega ella sola, no se quiere, y por consecuencia, no nos acepta a nosotros... son tantas cosas que contar, por ahora es sólo una parte de mi asunto. Ya no sé qué decir o hacer por ella, no entiende razones, es muy cerrada, no tiene amigos y todo le parece mal...ayúdeme por favor.
RESPUESTA
Imagino tu sufrimiento y el de tu hija, cada una intentando ver realizado su propio ideal. Tú, el de enseñarle a nutrirse, amarse y aceptarse; ella, el de sentirse aceptable por cumplir con los estándares que sus pares y los medios han puesto de moda: cuerpos cada vez más delgados. Además, no los acepta a ustedes que son su familia, su origen, lo que determina buena parte de su destino.
Los ideales son constructos mentales. Hacen que las personas los persigan con todas sus fuerzas. Son maravillosos cuando conducen a mayor plenitud, y nefastos si no. Para los padres resulta muy triste descubrir que una hija no puede tomar con agrado la vida que le dieron. Que se resiste porque en su mente existen otras cosas “más valiosas”. Que se cierra, no entiende razones y se da topes contra una pared, pues el método que utiliza no le proporciona ni le proporcionará la admiración y los amigos que quisiera. Sin embargo, insiste.
Es obvio que tanto ella como toda la familia requieren de tratamiento psicológico. Mientras se ponen de acuerdo, deciden tomarlo, eligen terapeuta y comienzan, tú y tu esposo podrían hacer algo que los prepare. Es un ejercicio que, si no funcionara, tampoco les haría mal. Se trata de lo siguiente:
En el alma (no hablado ni actuado externamente), tú y tu esposo, individualmente, se visualizan tomando a su hija en brazos, pequeña de quizá meses de edad, la acunan amorosamente contra su corazón, luego le dan a comer papilla. Pase lo que pase en su visión, insisten hasta ver que la beba come y se duerme. Una vez dormida, sin soltarla, le dicen al oído: “Yo soy tu mamá (tu papá). Estoy aquí para ti y seguiré estándolo siempre que me necesites. No me voy, me quedo. Aquí puedes encontrarme”.
A veces las almas se comunican entre ellas mejor que los cuerpos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario