Imaginemos a un niño hiperactivo,
agresivo o con cualquier otro síntoma, que no permite al grupo estudiar en paz.
Las
Constelaciones Familiares han probado ser de mucha utilidad en estos casos,
porque introducen la mirada sistémica
para encontrar soluciones.
Sistémica no es lo mismo que sistemática; esto último significa ajustarse
a un sistema o tenor de vida establecido,
cuyos principios no cambian o lo hacen con dificultad. Sistémico se refiere a un conjunto de elementos que interactúan
entre sí, formando un todo en constante movimiento. Es enorme la diferencia
entre una visión y la otra.
La visión sistemática opinaría sobre el niño del ejemplo: avísese a los
padres, envíese al pequeño con el médico y el psicólogo para que lo mediquen o
le den psicoterapia, a ver si se corrige. Si no, será expulsado de la escuela.
La visión sistémica: exploremos la relación que existe entre el niño y sus
padres, éstos y la escuela; ésta y su ambiente, todos entre sí y tal vez con alguna
persona o suceso que no están visibles.
¿Se oye complejo, verdad? Lo es. El
mérito de las Constelaciones consiste en su método: mediante representantes
permite mirar la situación completa, las interacciones, el efecto de los
cambios y la sensación de orden y armonía que de ellos se desprende. Al final
de una constelación en la que hubo “imagen de solución”, los consultantes saben
qué les pasa y cuál es el camino que deben recorrer para solucionar el problema.
No está solucionado, pero saben qué se necesita para que desemboque en éxito.
En una constelación escolar, se eligen
representantes para cada uno de los elementos de la comunidad educativa. ¿Cuáles?
El educando, los padres, los maestros y la institución. El consultante es,
generalmente, la madre o el padre de carne y hueso, quien se encargará de
brindar la información y de ver que lo que sucede enfrente corresponde a la
realidad. También puede ser un maestro, el director de la escuela o el
terapeuta del niño. Una vez que han sido colocados los representantes, se
observa si se miran.
Unos padres que no miran al hijo,
no pueden apoyarlo como necesita; habrá que ver qué los tiene absortos. Si no
miran a los maestros o a la escuela, no les brindan la confianza y la
colaboración que éstos requieren para que el niño esté bien y aprenda; tal vez
los critican, desautorizan o les ponen obstáculos.
Si la escuela o los maestros no
miran al educando, entonces su labor anda fuera de objetivo; quizá les interese
más cumplir un programa, ganar prestigio, crecer económicamente o cualquier
otra cosa no relacionada con la educación y el bienestar de sus alumnos. Si no
miran a los padres, posiblemente los suplantan, ya sea sintiéndose los sabios,
los verdaderos y principales responsables de la educación, y los critican o
desautorizan, los hacen pelear con sus hijos, o inculcan en éstos conceptos o
normas que entran en conflicto con los valores familiares.
En la mirada sistémica se reconoce
que los papás son los verdaderos responsables de la educación de sus hijos, y deben
determinar cuáles son los valores que se les inculcarán. Olvidar esto es un
error que se ha cometido con frecuencia y que no educa, sólo confunde; al final
quedan igualmente mal afianzados los principios de la casa y los de la escuela.
Un hijo siempre tendrá más lealtad
(consciente o inconsciente) con su familia que con cualquier otro grupo; habrá
que cuidar de no sembrar semillas antagónicas en su corazón, o se estarán
echando los cimientos para la enfermedad mental y la desubicación social. Si la
conducta de un niño resulta problemática, la familia completa debe recibir
atención y acompañamiento mientras hace evolucionar sus valores. Y en ningún
momento se le juzga y condena por el grado de evolución que creemos ver en ella,
porque todas las familias tienen adelantos y rezagos en zonas distintas y viven
lo que tienen que vivir.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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