Mostrando entradas con la etiqueta educa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educa. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2014

INTELIGENCIA TRANSGENERACIONAL


“¿Cuál es el mejor momento para iniciar la educación de una dama?”, preguntaba un autor cuyo nombre no recuerdo, y contestaba él mismo: “Cuando nace su abuela”. Y otro autor, Didier Dumas, psicoanalista francés de niños psicóticos, muerto en 2010, aseguraba que la psicosis es una enfermedad de la familia y no de la persona solamente. Según él, “los niños psicóticos parecen tener la misión de arreglar el pasado genealógico de sus familias, son incomparables exploradores del inconsciente transgeneracional y el pasado familiar los ha convertido en lo que son”.
¿De qué pasado estamos hablando? ¿Del de su padre o el de su madre? También, pero sobre todo de lo ocurrido en la familia durante tres, cuatro y más generaciones: traumas, secretos, omisiones, mentiras y ocultamientos que se heredan como si fueran un ADN no material. Didier decía: “A los que no entienden el porqué de la existencia de los psicóticos, les contesto que ellos están para enseñarnos lo que desconocemos acerca de nuestras transmisiones mentales y espirituales”. Él creía que la memoria de estos eventos se transmite por telepatía o algo similar, pues siendo inconscientes, nadie los recuerda conscientemente, pero investigando, salen a la luz como causantes de la psicosis y otras enfermedades.
Angélica Olvera, investigadora y pedagoga mexicana, ha acuñado el término “inteligencia transgeneracional” para describir la capacidad que tenemos tanto de asimilar como de comprender y aprovechar los eventos y características recibidos como herencia no material, y añade este nombre a los otros tipos de inteligencias múltiples que han sido estudiadas: la emocional, referente al manejo de la vida afectiva; la  verbal, aptitud para expresarse con palabras; la lógico matemática, habérselas bien con números y operaciones abstractas; la musical, que tienen los músicos, cantantes y compositores; la cinético-corporal, de los bailarines y deportistas; la espacial, de quienes pueden orientarse fácilmente en cualquier ubicación y postura; la interpersonal, habilidad para ser sociable y establecer contacto hasta con desconocidos, que tienen los líderes y los vendedores; la intrapersonal, para profundizar pensamientos acerca de sí mismos y la vida, como los poetas y los filósofos. En esta última yo añadiría a los psicóticos, aunque ya se los ha ubicado en la transgeneracional.
Culturalmente, no todas estas inteligencias han recibido el mismo prestigio. Podemos verlo como padres, solemos apreciar más que un hijo saque buenas notas en matemáticas, y menos que sea bueno en fútbol o tocando la guitarra, ya ni se diga que ande de amiguero o que a todo lo que le decimos tenga respuesta.
Es obvio que las personas poseemos estas inteligencias (y otras que no han sido estudiadas) en diferentes medidas, sabemos de brillantes científicos e inventores que son “idiotas” relacionándose con familia y amigos, o que se pierden si salen a la calle o van a otra ciudad.
¿Por qué las llamamos inteligencias? El término inteligencia está compuesto por otros dos términos: intus (entre) legere (escoger); por lo tanto, hace referencia a saber elegir. La inteligencia posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución de un problema. Cada uno de nosotros sobresalimos en una o dos, tal vez más, inteligencias, constituyen nuestro talento natural, y estamos deficientes en otras que aunque necesarias, incluso el cultivarlas nos cuesta trabajo.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
 
 

martes, 19 de marzo de 2013

MIRADA SISTÉMICA EN LA EDUCACIÓN


Imaginemos a un niño hiperactivo, agresivo o con cualquier otro síntoma, que no permite al grupo estudiar en paz. Las Constelaciones Familiares han probado ser de mucha utilidad en estos casos, porque introducen la mirada sistémica para encontrar soluciones.

Sistémica no es lo mismo que sistemática; esto último significa ajustarse  a un sistema o tenor de vida establecido, cuyos principios no cambian o lo hacen con dificultad. Sistémico se refiere a un conjunto de elementos que interactúan entre sí, formando un todo en constante movimiento. Es enorme la diferencia entre una visión y la otra.

La visión sistemática opinaría sobre el niño del ejemplo: avísese a los padres, envíese al pequeño con el médico y el psicólogo para que lo mediquen o le den psicoterapia, a ver si se corrige. Si no, será expulsado de la escuela.

La visión sistémica: exploremos la relación que existe entre el niño y sus padres, éstos y la escuela; ésta y su ambiente, todos entre sí y tal vez con alguna persona o suceso que no están visibles.

¿Se oye complejo, verdad? Lo es. El mérito de las Constelaciones consiste en su método: mediante representantes permite mirar la situación completa, las interacciones, el efecto de los cambios y la sensación de orden y armonía que de ellos se desprende. Al final de una constelación en la que hubo “imagen de solución”, los consultantes saben qué les pasa y cuál es el camino que deben recorrer para solucionar el problema. No está solucionado, pero saben qué se necesita para que desemboque en éxito.

En una constelación escolar, se eligen representantes para cada uno de los elementos de la comunidad educativa. ¿Cuáles? El educando, los padres, los maestros y la institución. El consultante es, generalmente, la madre o el padre de carne y hueso, quien se encargará de brindar la información y de ver que lo que sucede enfrente corresponde a la realidad. También puede ser un maestro, el director de la escuela o el terapeuta del niño. Una vez que han sido colocados los representantes, se observa si se miran.

Unos padres que no miran al hijo, no pueden apoyarlo como necesita; habrá que ver qué los tiene absortos. Si no miran a los maestros o a la escuela, no les brindan la confianza y la colaboración que éstos requieren para que el niño esté bien y aprenda; tal vez los critican, desautorizan o les ponen obstáculos.

Si la escuela o los maestros no miran al educando, entonces su labor anda fuera de objetivo; quizá les interese más cumplir un programa, ganar prestigio, crecer económicamente o cualquier otra cosa no relacionada con la educación y el bienestar de sus alumnos. Si no miran a los padres, posiblemente los suplantan, ya sea sintiéndose los sabios, los verdaderos y principales responsables de la educación, y los critican o desautorizan, los hacen pelear con sus hijos, o inculcan en éstos conceptos o normas que entran en conflicto con los valores familiares.

En la mirada sistémica se reconoce que los papás son los verdaderos responsables de la educación de sus hijos, y deben determinar cuáles son los valores que se les inculcarán. Olvidar esto es un error que se ha cometido con frecuencia y que no educa, sólo confunde; al final quedan igualmente mal afianzados los principios de la casa y los de la escuela.

Un hijo siempre tendrá más lealtad (consciente o inconsciente) con su familia que con cualquier otro grupo; habrá que cuidar de no sembrar semillas antagónicas en su corazón, o se estarán echando los cimientos para la enfermedad mental y la desubicación social. Si la conducta de un niño resulta problemática, la familia completa debe recibir atención y acompañamiento mientras hace evolucionar sus valores. Y en ningún momento se le juzga y condena por el grado de evolución que creemos ver en ella, porque todas las familias tienen adelantos y rezagos en zonas distintas y viven lo que tienen que vivir.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.