Estoy muy triste porque mi familia se desbarató. Yo hace
tiempo que estaba consciente de que había problemas y muchas veces llegué a
aconsejarles que se separaran por lo menos un tiempo, creía que era lo mejor,
pero a estas alturas del partido, mi papá alcohólico y mi mamá enferma, los dos
solos, visitarlos por separado y verlos tan necesitados de cuidados, me enojo
de pensar que se dedicaron a destruir a toda la familia y ahora quieren que
nosotros seamos amorosos con ellos y pues a mí no me sale; yo sí los visito,
los regaño a veces, les doy consejos pero me fastidia verlos que siguen igual y
dicen cosas que no deberían con una hija, voy con ellos por un deber, consciente
de que la familia está destruida.
RESPUESTA
Estás triste. No es bonito sentirse uno triste,
preferiríamos vivir alegres. Pero las cosas no resultaron como te gustaría y te
aflige pensar que tu familia está destruida. Quizá quieras entender tu tristeza
y encontrar la forma de aliviarla. Existen algunos hechos básicos que nos
fortalecen y en ocasiones alegran, o por lo menos, ubican.
Nada puede destruir a la familia; es decir: el hijo
siempre será hijo de sus padres, aunque éstos murieran, se fueran lejos e
inclusive ignoraran que son los padres. Igualmente los hermanos, abuelos, tíos
o primos; jamás podrán dejar de serlo. Quizá alguno de los miembros sienta que
no pertenece o lo niega, pero esto sería falso, subjetivo y de sentimiento. Lo
que es, es. Reconocer lo que es da plenitud.
Comprobar que dentro de nuestra familia no se da
plenamente la armonía nos pone tristes, enojados o frustrados, porque todos quisiéramos
que en la nuestra hubiera paz, sus miembros se sintieran unidos, vivieran
juntos o se frecuentaran. A veces no es posible. Cuando mamá y papá no se ponen
de acuerdo, los hijos tienden a sentirse en conflicto dentro de sí mismos. Cómo
no, si cada uno de nosotros somos mitad papá y mitad mamá. Y además tenemos
derecho de amarlos por igual. Contra este derecho no existe nada que pueda
interponerse de verdad. Quizá uno de los progenitores exija del hijo o hija que
lo acompañe a enojarse en contra del otro, y éste, por amor a ese padre o madre
que ordena lo que no debe ordenar, o prohíbe lo que nunca debió prohibir,
accede y da cabida en su corazón al rechazo; sin embargo, la evidencia es que
tal obstrucción ocasiona dolor, tristeza y sufrimiento, porque subterráneamente
prevalecen el derecho y la necesidad de amar tanto al papá como a la mamá. Toda
necesidad no satisfecha ocasiona malestar a la persona.
¿Qué puedes hacer a tu favor? Sabiendo que tu familia no
corre peligro de ser destruida, quizá puedas estar de acuerdo en que tus padres
han hecho lo mejor que han podido, y resultó menos de lo que esperabas de
ellos. “A estas alturas del partido” tal vez te harás el ánimo a aceptar que ellos
nunca llenarán tus expectativas, no pueden. Por bien tuyo, puedes dejar en sus
manos la responsabilidad de ser como son y tú solamente ayudarlos con sus
achaques, renunciando a la expectativa de que podrías cambiarlos. No
necesariamente va a agradarte lo que decidirán hacer con sus vidas, pero no
tiene por qué gustarte o disgustarte, no es tu problema; déjalos que ellos
solos se hagan cargo de las consecuencias de sus actos.
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