Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
Mostrando entradas con la etiqueta respeto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta respeto. Mostrar todas las entradas
lunes, 26 de octubre de 2020
EJEMPLOS DE CREENCIA EN LA DOMINACIÓN
Agradezco a las personas que me llaman o escriben y con mucho gusto proporciono ejemplos concretos respecto al contenido de mi artículo “Crear ideas que no existen”, en el que afirmo que tenemos una arraigada creencia en que la dominación es necesaria y natural, y dicha creencia impide que se nos ocurran ideas nuevas acerca de cómo formar un mundo de humanos solidarios, compartidos y respetuosos.
Primer ejemplo: cuando se pretende que los demás piensen como uno y, si piensan distinto, considerarlos malos, tontos o equivocados. La dominación se vuelve aún más evidente si se utilizan generalizaciones, rumores, amenazas, fuerza, violencia, ataque o leyes para obligarlos a uniformar sus opiniones con las nuestras. “Todos los Pro Vida son mojigatos, deberían desaparecer”. “Todos los Pro Aborto son criminales, deberían desaparecer”. “Todas las feministas son promiscuas, deberían desaparecer”. “Piensa como nosotros o serás expulsado”. “Si no haces como digo quemo tu estatua”.
Otro ejemplo es el servilismo. El servil se somete porque cree que todas las relaciones son verticales, con dominantes y sumisos, y a él le tocó estar abajo, de ahí que deba protegerse con zalamería (hacer la barba, adular). Como es sumiso, necesita un jefe, gurú o caudillo que piense por él y le ordene lo que debe hacer. A veces, el que domina puede estar muerto y él le sigue obedeciendo. “Mi madre dijo que a mí me toca vengar la muerte del abuelo”. “Mi padre me golpeaba y qué bueno, hizo bien”. “Odio a mi jefe, pero le sonrío”. “Tengo permiso de un sacerdote para usar anticonceptivos”.
Un tercer ejemplo es enrolarse en una secta o con un caudillo y estar dispuesto a obedecer en lo que sea. Por lo general, las personas que se entregan de esta manera desean un mundo mejor y confían ciegamente en que alguien, o un grupo, pueden lograr esa maravillosa transformación (aunque sea por la fuerza). Con ello, reafirman su fe no en la libertad y responsabilidad personales, sino en la dominación. “Mi gurú sabe lo que me conviene”. “Es una honra seguir a mi caudillo”. “Por la causa, todo, hasta la muerte”. Adolf Eichman dijo en su defensa cuando se le juzgaba por haber asesinado a millones de judíos: “Sólo obedecí órdenes”.
Es frecuente que personas que luchan por la libertad sigan presas de la creencia en la dominación y su lucha desemboque en un mero cambio de opresores. “Ustedes, hombres, nos han dominado por siglos, ahora nos toca a nosotras dominarlos a ustedes”. “La meta es lograr la dictadura del proletariado”. La dinámica seguiría siendo la misma: dominante y sumiso, en lugar de seres libres, responsables de sí mismos.
A veces pensamos que no somos dominantes porque no hemos obtenido poder suficiente para dominar, pero recurrimos al Estado, a Dios o a lo que sea como “garrotes golpeadores” para que impongan nuestra opinión o la respalden. “Pero hay un Dios que te va a castigar”. “La ley debería establecer que el aborto es un derecho”. ”Que se haga obligatorio para los médicos efectuar un aborto cuando se les solicite, sin derecho a negarse”. “Que se obligue a las madres a asumir la responsabilidad de la vida que engendraron”. “Que se castigue a quienes cometan aborto”. Tengo entendido que en Guanajuato hay varias jóvenes en la cárcel por haber sido descubiertas abortando o intentando abortar.
Es más fácil hablar de libertad que vivirla.
El que es libre asume la responsabilidad de los propios pensamientos, palabras, acciones y consecuencias, sin sentirse el dueño de la verdad ni imponer su moral a los demás.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
lunes, 19 de marzo de 2018
PADRES SEPARADOS
Llevo algún tiempo
separada de mi esposo y tengo 2 hijas, pero me angustia la mayor, de 13 años. Quiere
estar con su papá y no le veo nada de malo en eso, pero él está muy permisivo
con ella y a todo le toma parecer. Ella, con el consentimiento del señor, se hizo
una perforación en la boca a lo cual yo me opuse cuando se la vi, le llamé la atención
pero él está en una actitud con ella de amigos y eso no es así, se lo dije a
él, pero no sé qué hacer. Ya hablé con mi hija y le dije que para todo hay una
edad pero me angustia que se me vaya de las manos y el papá no reacciona, ojalá
me pudiera ayudar con un consejo.
OPINIÓN
De tus palabras puedo
deducir cuánto amas a tus hijas y que te preocupa la mayor. También, que por tu
separación reciente tienes los sentimientos a flor de piel, tanto de dolor como
de muchos otros que se sienten en una experiencia tan difícil; parecen aumentar
de intensidad y una sufre doble cualquier cosa, también el temor.
A pesar de lo anterior,
puedes confiar en ti, porque el gran amor que tienes a tus niñas te va a guiar
y siempre harás lo mejor que puedas. ¿Sí sabes que todos los padres nos
equivocamos alguna vez con los hijos, verdad? El papá de tu hija lo hace y también
tú lo harás, no con mala voluntad sino porque no podemos saberlo todo. Hazte el
ánimo a que sus hijas les reclamarán algo en el futuro, o ya mismo, culpándolos
de ser causantes de que ellas tuvieran equis dificultades. De esto no escaparán;
sin embargo, ustedes siguen siendo los padres y cuidando de sus hijas.
Regresando al tema, que
ves al papá de tu hija permisivo y ella se aprovecha para hacer cosas que tú no
apruebas. Esto es algo que, aunque te esforzaras mucho, jamás podrás controlar.
Gastarías demasiadas energías en peleas. En su casa él pone las normas, y tú en
la tuya. Incluso parejas que viven juntas no siempre logran estar de acuerdo,
entonces los hijos aprenden a distinguir qué aprueba mamá y qué papá, y con uno
se portan de un modo y con el otro, de modo distinto. Es imposible que dos
cabezas piensen exactamente igual, y teniendo dos casas, los hijos de padres
separados se enfrentan con el reto de volverse doblemente adaptables. Les
cuesta.
No es imposible que tu
hija esté provocando, con su conducta, que ustedes hablen entre sí. A veces los
hijos toman sobre sus espaldas la tarea de volver a juntar a los padres; o al
contrario, adoptan los sentimientos del uno contra el otro como si fueran
propios, olvidándose del propio crecimiento, lo cual es muy dañino para ellos.
Es difícil mantenerlos al margen, pero hay que hacerlo.
No sé cómo te sentirías tú
y cómo reaccionaría tu hija ante palabras más o menos como las siguientes: Hija, sabes que yo no apruebo las
perforaciones en el propio cuerpo, como la que te hiciste. No estoy de acuerdo,
pienso que arruinas tu cara; sin embargo, respeto mucho a tu padre y debo
asentir a que él es como es. Él te dio un permiso que no me gustó, pero estabas
en su casa y debes obedecerlo y cumplir sus normas, porque es tu padre y la
relación entre ustedes dos es sagrada. Ojalá otro día pienses más a la hora de
solicitar permisos, que sean para tu bien y no para lastimarte.
Es importante que estés
alerta para descubrir qué tipo de sentimientos te ocasiona el hablar con tu
hija de respeto y obediencia hacia su padre, características inherentes a la
relación padre-hija adolescente. También, si en ti se despiertan deseos de que
tus hijas dejen de querer a su papá, o que le digan lo malo que ha sido contigo
y tantas otras cosas que tu corazón seguramente guarda, por el derrumbamiento
de los sueños que te forjaste al casarte. ¿Cuánto tiempo crees necesitar para
dejar de llamarlo “mi esposo” y decirle “el padre de mis hijas”?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez
lunes, 11 de abril de 2016
MATA MÁS LA DUDA QUE EL DESENGAÑO
Me encabrita la gente que promete y no cumple, como el
hombre con el que me casé; no me quiere ni me respeta. A sus hijos sí, eso dice,
pero no creo que para ellos sea bueno que les hable mal de su madre o en mi
cara les ponga de ejemplo a otras mujeres que según él sí son buenas madres. Lo
hace para humillarme, de paso acaba con mi autoridad y a los niños los vuelve
raros. Yo deseaba tenerles una familia confiable en la que crecieran sanos pero
no les he podido cumplir, lo pienso y me enojo también conmigo misma. Sé que yo
sola no podría mantenerlos y darles educación y odio quedarme por dinero, me
siento hipócrita, sin dignidad y muy infeliz, pero no sé qué hacer.
OPINIÓN
Por tus palabras podría jurar que has hecho cuanto creíste
conveniente para ver realizado tu sueño de ofrecer a tus hijos una familia
confiable y en la que crezcan sanos. Te duele demasiado comprobar que no es
como la soñabas. Pareces sugerir que te quedas por ellos, pues sola no podrías
darles lo que ahora tienen, y esto hace que te sientas hipócrita, sin dignidad
e infeliz.
Lo anterior puede verse desde muchas perspectivas, la que
describes (con bastante severidad para contigo) que te equipara con alguien que
conserva un empleo que odia porque debe mantener a su familia, o con las “santas
y abnegadas madrecitas” de otras épocas que cargaban con la “cruz del
matrimonio”, o cualquier otra que desemboque en resignación. ¿Y si no fuera la resignación sino la
asertividad lo que te ayudara a ti y a los tuyos?
Antes de decir más he de recomendarte que busques ayuda
profesional en forma de terapia de pareja o de familia, y si éstas no fueran
posibles, comenzar con terapia individual; un cambio en tu visión, actitudes o
estrategia tendrían un impacto grande en tu grupo familiar.
Por lo pronto, me centraré en dos cosas que mencionas: 1)
tu enorme deseo de que tu familia sea confiable y 2) tu enojo por las faltas de
cumplimiento de una promesa y de un anhelo (la promesa, de él; el anhelo, tuyo).
La primera: En una familia confiable todos los miembros cooperan,
no sólo la esposa-madre, porque cada uno aporta sus respectivas dosis de amor,
respeto y colaboración. Estos dos últimos, el respeto y la colaboración, quizá
puedan ser exigidos mediante convenios, normas e incluso peleas y castigos; el
amor no, éste siempre es voluntario y gratuito. Puedes preguntarte tú misma si
todavía estás en lo dicho con tu esposo de quedarte con él para amarlo, y
también preguntárselo a él, porque a los esposos toca aportar las dosis más
grandes de amor. Me refiero a hacerse las preguntas de verdad, no a pensar que
ya conocen las respuestas, pueden encontrar sorpresas.
La segunda: el enojo por los incumplimientos. No creo que
sea de gran utilidad para lograr la primera, más bien puede convertir el hogar
en un ring. Las personas enojadas quieren resolver sus asuntos por la fuerza,
aunque sea la fuerza pública, como la intervención de un juez. Nada tiene que
ver con el amor.
Es importante que sepas si todavía tienes motivación suficiente
para lograr tu hermoso sueño de vivir en una familia confiable. A veces mata
más la duda que el desengaño.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
Etiquetas:
amor,
asertividad,
castigos,
colaboracion,
confiable,
esposa,
familia,
fuerza,
hijos,
madrecita,
padres,
pareja,
peleas,
resignacion,
respeto,
terapia de pareja,
terapia familiar
lunes, 19 de octubre de 2015
BRINDAR AYUDA
El papá de una amiga murió hace más de un año y ella me
platica que, ya para morir, el señor dijo enfrente de todos que él había vivido
lo mejor que pudo y quiso hacerlo todo bien, también con sus hijos. Entonces mi
amiga sintió ganas de echarle en cara sus errores, pero se quedó con las ganas
debido a que él ya estaba muy débil y el médico les había dicho que le quedaba poco
tiempo. Ella siempre tuvo mala relación con su papá y ahora habla
constantemente de que está arrepentida de haberse callado, que debió decírselo
todo en vez de callarse. ¿Cómo puedo
ayudarla?
OPINIÓN
Te interesa ayudar a tu amiga. Imagino que la quieres,
deseas lo mejor para ella y tu intención es amorosa. He de advertirte que es
difícil, a veces contraproducente, querer ayudar a alguien que no lo solicita. Contraproducente
para el ayudado y para el ayudador. El que recibe la ayuda a veces se molesta e
incluso rompe con la relación, si el ayudador toma actitudes que lo empujen a salir
de su atascamiento o le dice cosas que no desea oír. Por su parte, el ayudador puede
tomar sobre sí una responsabilidad que no le corresponde, al comprometerse en solucionar
un problema que no le es dado resolver. Sin embargo, siendo como somos, interacción
de unos con los otros, puede pensarse que nos influimos mutuamente y sí podemos
dar una mano a un ser querido, con la manera de comportarnos con él.
Lo primero que necesitarás será dar prioridad a tu amiga,
a su dignidad y bienestar. Si deseas respetarla, has de tener presente que sólo
ella tiene autoridad para tomar decisiones en su vida, y que una muy importante
es la de elegir con qué tipo de interpretación quiere mirar su pasado:
culpa, arrepentimiento, rencor, amor o
lo que sea. Sólo ella. Y que tiene derecho tanto de acertar como de
equivocarse; tomar decisiones rápidas o
tardarse el tiempo que necesite para hacerlo; escuchar consejos u opiniones o
cerrarse a ellos y vivir como le parezca mejor.
Expresar sinceramente un respeto como el descrito es sanador en sí, y
opuesto a pensar o decir: “Es muy terca”, “no escucha”, “se aferra a sus problemas”, “no deja ir lo
que se tendría que ir”, etc., etc. Mejor algo como: “Está en su derecho al
pensar, decir o hacer lo que piensa, dice o hace”. La paciencia con los
procesos ajenos es una manifestación de amor difícil de lograr, pero muy
efectiva.
Luego, necesitarás mucha claridad sobre ti misma y tus
motivaciones para ayudarla: ¿De qué manera quisieras influir sobre ella? ¿Por cuáles
motivos? ¿Para lograr qué?
En ocasiones uno quiere ayudar a otro para ayudarse a sí
mismo, por ejemplo cuando un ser querido está cambiando de carácter o de
actitudes y nos hace la vida pesada. Por supuesto que nos gustaría encontrar
cómo hacer para que nos trate mejor, porque es feo vivir con una persona amargada.
En este caso, lo más adecuado es pedir
directamente lo que uno desea: “Por favor, no me hables así, me desagrada”. Si te fijas, para nada suena como “déjame
ayudarte”.
También es ayudarse uno mismo cuando el ser querido
parece disco rayado, dice lo mismo una y otra vez de manera obsesiva y
quisiéramos que dejara de hacerlo, porque es muy cansado escuchar veinte veces
la misma historia y peor aún si termina con: “¿Tú qué opinas?, ¿tengo razón, o
estoy mal?”. Decirle cortésmente: “Ya me lo has platicado antes y nunca he
querido opinar”, o “Para mí está bien lo que tú decidas, amiga, sé que estás
buscando la mejor solución”. En ningún momento suena a “déjame ayudarte” y el
ayudador no está tomando sobre sus espaldas la responsabilidad de hacerla que
cambie.
Mostrar, y sobre
todo sentir, confianza en que la persona puede solucionar sus problemas, es una
actitud sanadora en sí misma. Estar allí, junto a ella, sin juzgarla ni
presionarla, también lo es. Ambas actitudes requieren una fortaleza y un amor
excepcionales en el ayudador. ¿Te parece convincente?, ¿te gustaría que otras
personas se portaran así contigo, si estuvieras viviendo bajo mucha presión?,
¿qué reacción crees que tendrías ante alguien que mostrara fe y confianza en tu
capacidad?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
Etiquetas:
abnegada,
amiga,
ayuda,
ayudador,
hija,
interaccion,
juzgar,
muerto,
obsesion,
opinar,
papá,
presionar,
problema,
respeto,
RESPONSABILIDAD,
solucion
Suscribirse a:
Entradas (Atom)