Recibí esto por Facebook: “¿Qué
impide el restablecimiento de una relación? El perdón. El perdón es un veneno,
separa, uno se sitúa por encima del otro”. ¿Tú qué opinas? Yo no estoy
de acuerdo; en mi experiencia, el perdón me sanó, pero es un proceso muy
largo que no acaba del todo, pues el resentimiento se puede reavivar con
cualquier circunstancia y constantemente uno tiene que estar alerta para
manejar esos sentimientos y desligarse de ellos.
RESPUESTA
Está complicado,
¿verdad? Habla de restablecer una relación; existía un intercambio
satisfactorio entre dos y uno de ellos comete un error que lastima al otro.
Opino que hay de
perdones a perdones. Muchos no debían ser llamados así. Una mujer descubre que
su esposo le robó una joya y la regaló a su amante, se siente profundamente
herida y dice al marido: “Eres un desgraciado, pero te quiero tanto que te
perdono”. ¿Es verdad? Y supongamos que ella hace lo que se considera clásico en
el perdón: echar el asunto al olvido y seguir mostrándose tan cariñosa como
antes; ¿favorece con esto que se amen y respeten?, ¿o autoriza un desequilibrio
en el que carga con la responsabilidad de que funcione la pareja, y él obtiene
permiso tácito para tener amante y darle en regalo objetos que pertenecen a la
esposa?
Otras veces, el llamado
perdón es una manera de no asumir la propia responsabilidad y atribuirla a
otro. El “bueno", sintiéndose impecable, dice al “malo”: "Te
perdono". Al hacerlo, se ubica en superioridad. Salieron de compras y se les
olvidó el niño en el súper. “Descuidada, ni pareces su madre; pero te perdono”,
dice él, olvidando que ambos deben cuidar del pequeño y arrogándose el derecho
de pronunciar unas palabras que también merecen un “siento haberte hablado de
esa manera”. El “perdonador”, que se ubica en el rol de víctima, está
desempeñando el de victimario. Su “perdón” no ayuda al restablecimiento de una
buena relación, más bien la envenena.
Toda relación es una
interacción en la que damos y recibimos. Si se detiene el dar y recibir, la
relación termina. Las hay de “cumplido va y cumplido viene” y de “insulto va e
insulto regresa”. Son duraderas. También las hay donde uno da de más que no
pueden durar; el que recibe de más debe corresponder, o irse.
Lo anterior sucede así
por la ley de Compensación. Cuando recibimos un regalo bonito, nos sentimos
comprometidos a devolver algo similar, e igual si es feo: un desprecio, un
insulto, una traición... tenemos necesidad de compensarlo. Si se “perdona"
u “olvida”, el intercambio se detiene o se vuelve cojo: “Lo perdono, pero no
quiero volverlo a ver”, “Lo perdono, pero todavía me duele”, o “Lo perdono,
pero algo se rompió”…
¿Cómo restablecer el
intercambio amoroso después de una ofensa grave o leve? Debe corresponderse a
lo recibido. Dejar sin compensación la injusticia pone en riesgo el amor. Igual
que cuando se nos da algo bello damos algo bello y un poquito más y el otro
siente el impulso de también corresponder, haciendo que la interacción de cosas
buenas continúe, cuando se trata de algo feo porque nos dolió, debemos
corresponder con algo que le duela al otro, pero un poquito menos (para que la
interacción no se vuelva de cosas negativas, como en las relaciones
tormentosas), de manera que la
cuenta quede saldada. Saldar una cuenta nos deja sin el impulso de volver a
cobrarla (re-sentimiento), y puede reanudarse el dar y recibir positivos.
En el Diplomado de
Constelaciones Familiares se estudia la creatividad y el amor que se requieren
a la hora de "cobrar una cuenta", de modo que el “pago” sea un
escalón que eleve al otro hacia nuestro nivel, o nos haga descender al suyo, y
sea posible conservar una relación entre
iguales.
“Psicología” es
una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias
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