lunes, 12 de agosto de 2013

PERDÓN VENENOSO


Recibí esto por Facebook: “¿Qué impide el restablecimiento de una relación? El perdón. El perdón es un veneno, separa, uno se sitúa por encima del otro”. ¿Tú qué opinas? Yo no estoy de acuerdo; en mi experiencia, el perdón me sanó, pero es un proceso muy largo que no acaba del todo, pues el resentimiento se puede reavivar con cualquier circunstancia y constantemente uno tiene que estar alerta para manejar esos sentimientos y desligarse de ellos.

RESPUESTA

Está complicado, ¿verdad?  Habla de restablecer una relación; existía un intercambio satisfactorio entre dos y uno de ellos comete un error que lastima al otro.

Opino que hay de perdones a perdones. Muchos no debían ser llamados así. Una mujer descubre que su esposo le robó una joya y la regaló a su amante, se siente profundamente herida y dice al marido: “Eres un desgraciado, pero te quiero tanto que te perdono”. ¿Es verdad? Y supongamos que ella hace lo que se considera clásico en el perdón: echar el asunto al olvido y seguir mostrándose tan cariñosa como antes; ¿favorece con esto que se amen y respeten?, ¿o autoriza un desequilibrio en el que carga con la responsabilidad de que funcione la pareja, y él obtiene permiso tácito para tener amante y darle en regalo objetos que pertenecen a la esposa?

Otras veces, el llamado perdón es una manera de no asumir la propia responsabilidad y atribuirla a otro. El “bueno", sintiéndose impecable, dice al “malo”: "Te perdono". Al hacerlo, se ubica en superioridad.  Salieron de compras y se les olvidó el niño en el súper. “Descuidada, ni pareces su madre; pero te perdono”, dice él, olvidando que ambos deben cuidar del pequeño y arrogándose el derecho de pronunciar unas palabras que también merecen un “siento haberte hablado de esa manera”. El “perdonador”, que se ubica en el rol de víctima, está desempeñando el de victimario. Su “perdón” no ayuda al restablecimiento de una buena relación, más bien la envenena.

Toda relación es una interacción en la que damos y recibimos. Si se detiene el dar y recibir, la relación termina. Las hay de “cumplido va y cumplido viene” y de “insulto va e insulto regresa”. Son duraderas. También las hay donde uno da de más que no pueden durar; el que recibe de más debe corresponder, o irse.

Lo anterior sucede así por la ley de Compensación. Cuando recibimos un regalo bonito, nos sentimos comprometidos a devolver algo similar, e igual si es feo: un desprecio, un insulto, una traición... tenemos necesidad de compensarlo. Si se “perdona" u “olvida”, el intercambio se detiene o se vuelve cojo: “Lo perdono, pero no quiero volverlo a ver”, “Lo perdono, pero todavía me duele”, o “Lo perdono, pero algo se rompió”…

¿Cómo restablecer el intercambio amoroso después de una ofensa grave o leve? Debe corresponderse a lo recibido. Dejar sin compensación la injusticia pone en riesgo el amor. Igual que cuando se nos da algo bello damos algo bello y un poquito más y el otro siente el impulso de también corresponder, haciendo que la interacción de cosas buenas continúe, cuando se trata de algo feo porque nos dolió, debemos corresponder con algo que le duela al otro, pero un poquito menos (para que la interacción no se vuelva de cosas negativas, como en las relaciones tormentosas), de manera que la cuenta quede saldada. Saldar una cuenta nos deja sin el impulso de volver a cobrarla (re-sentimiento), y puede reanudarse el dar y recibir positivos.

En el Diplomado de Constelaciones Familiares se estudia la creatividad y el amor que se requieren a la hora de "cobrar una cuenta", de modo que el “pago” sea un escalón que eleve al otro hacia nuestro nivel, o nos haga descender al suyo, y sea posible conservar una relación entre iguales.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

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