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lunes, 16 de octubre de 2017

PROFECÍAS Y PREMONICIONES



Cada vez son más las personas que creen y comprueban que los pensamientos son cosas, y que la mente influye sobre la materia creando situaciones a través de lo que se piensa.

No hablaré de los pensamientos positivos y el bien que estos pueden hacernos, me referiré a las profecías y las premoniciones.

Es conocido el caso de aquel hombre que, inquietado por su esposa, consultó con un terapeuta: “Mi mujer fue con un vidente y él le dijo que ella tiene una posesión diabólica y va a morir, ¿qué se hace en estos casos?”. El terapeuta le preguntó: “¿Estás preocupado tú, te preocupa lo que le dijo?” Y el hombre: “Sí”. El especialista le respondió: “Pues ahora la posesión diabólica la tienes tú, porque no puedes dejar de pensar en eso”.

¿Existen las posesiones diabólicas? ¿Fue necesario que existieran para que el hombre, y tal vez la mujer, se preocuparan?

Una premonición es un presentimiento, un presagio, un aviso moral que proviene de un sueño o de la mente misma, no de algo externo. ¿Podríamos llamar premonición al hecho de decir a una mujer que está poseída por un demonio y morirá? Lo sorprendente es que ella y el marido quedaran preocupados. ¡Imposible dudar del poder del pensamiento!

Una señora joven pasaba por una crisis de angustia y fue con el psiquiatra porque, según dijo, ella podía oír sus propios pensamientos. La acompañó el esposo. El médico mostró duda acerca de si podría tratarse de un caso de esquizofrenia. El marido, impactado por esa palabra, reveló a su madre el comentario del médico. En consecuencia, la familia comenzó a tratar a la nuera como a una psicótica, luego advirtieron a los parientes de la joven del peligro que corría la salud mental de ésta. Ellos recibieron la noticia como un bombazo y cambiaron drásticamente su manera de relacionarse con ella, de la soltura normal a una interacción especialmente cuidadosa en orden a evitarle toda responsabilidad y ocasión de sufrir un disgusto, ya fuera ocultándole la realidad o incluso mintiéndole. La señora joven, sorprendida con un cambio que no lograba identificar, dudó de su cordura y se dedicó a buscar en internet todo lo relacionado con la esquizofrenia. 

¿Es posible adivinar el resultado final de toda esta interacción? ¿Hubo profecía o premonición que influyeran en la dirección que tomaron los acontecimientos?

Una profecía es una conjetura que se forma a partir de ciertas señales que se observan.  En este caso, la palabra “esquizofrenia” desempeñó el rol de profecía tanto en la paciente, el marido, su madre, la familia política y los familiares de la mujer. Todos la creyeron y pusieron algo de su parte para cumplirla. ¿Era algo físico y tangible lo que se comunicaban entre ellos, o sólo temores? ¡Imposible dudar del poder del pensamiento!

Con frecuencia es difícil cortar el hilo de los pensamientos, salir de la corriente que están formando y pensar otros nuevos, para crear un tipo distinto de realidad. Cuando un pensamiento se junta con otro y lo refuerza, el que le sigue va a modificarse a fin de casar con los dos anteriores, y lo mismo sucederá con los subsecuentes, hasta formar una convicción que seguramente influirá en la realidad. Sólo un estado alerta de conciencia puede generar dudas y decidir si se continúa por allí, o se cambia de rumbo.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez



martes, 17 de enero de 2017

No es cierto que dar es mejor que recibir




No es cierto que dar es mejor que recibir; ambas acciones son partes de un movimiento que se completa a sí mismo; de las mejores cosas de la vida, y de las peores. El desastre ocurre cuando la jarra entrega su contenido esperando que se encuentre un vaso ahí para recibirlo, y no hay ninguno. El líquido se derrama, salpica, inunda, cae sobre aquello que no lo espera ni le sirve. Muy malo sería si el receptor se sintiera obligado a conservar lo que le cayó encima.
En las interacciones sucede todos los días: podemos dar a quien no quiere tomar y no tomar lo que nos dan. También lo opuesto: esperar recibir de quien no está disponible para dar porque no puede o no quiere.
Es imposible que vivamos sin dar y recibir porque la vida es un intercambio constante, en el que entregamos lo que somos y recibimos a los demás como son, pero es distinto recibir y tomar. Lo primero es como el sol y la lluvia, regalos o imposiciones que se nos entregan y no estamos obligados a tomar. De hecho, construimos sombrillas, techos, aparatos de aire acondicionado y cañerías para resguardarnos, dosificar lo que tomamos o deshacernos de los excesos.
Tomar es voluntario. Triste sería no confeccionarnos una protección, cáscara o armadura que nos dé la oportunidad de seleccionar lo que nos parece adecuado para enriquecer nuestra vida. Triste es dar a quienes no pueden tomar, y molesto recibir lo que no se necesita. Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata, escribió sor Juana. Triste ofrecer a nuestros semejantes contenidos que no quieren ni necesitan, ocasionando que nuestra compañía los fuerce a vivir constantemente alertas para protegerse de lo que les proyectamos.
¿Conocemos lo que proyectamos, lo que damos? Es decir, ¿estamos siempre conscientes de lo que enviamos a nuestro exterior? Por supuesto que no siempre; ya sabemos que del 100% de nuestras acciones, 90 o 95% son inconscientes. Proyectamos lo que tenemos dentro: el amoroso, amor; el seguro, seguridad; el temeroso, temor; el culpable, culpabilidad; el que se miente, mentiras; el enojado, ira; el frustrado, insatisfacción; el celoso, desconfianza; el pacífico, paz. No alcanzaremos a conocer el alcance de la intangible influencia que nuestra vida irradia. Hay personas que han trabajado tanto sus contenidos interiores que su sola presencia cura y sin aparente esfuerzo transforman su medio ambiente en algo bello.
En estos tiempos de intranquilidad social y temor al futuro, la inseguridad y la corrupción, unos a otros nos damos sin saber motivos para estar asustados. Por esto es más importante aún cuidar los propios contenidos, pues saldrán de nosotros sin que nos demos plena cuenta y colaborarán en la percepción colectiva de la realidad. Nada es tan terrible que no pueda ser transformado en bendición con un tratamiento interior adecuado.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez



lunes, 19 de octubre de 2015

BRINDAR AYUDA



El papá de una amiga murió hace más de un año y ella me platica que, ya para morir, el señor dijo enfrente de todos que él había vivido lo mejor que pudo y quiso hacerlo todo bien, también con sus hijos. Entonces mi amiga sintió ganas de echarle en cara sus errores, pero se quedó con las ganas debido a que él ya estaba muy débil y el médico les había dicho que le quedaba poco tiempo. Ella siempre tuvo mala relación con su papá y ahora habla constantemente de que está arrepentida de haberse callado, que debió decírselo todo en vez de callarse.  ¿Cómo puedo ayudarla?
OPINIÓN
Te interesa ayudar a tu amiga. Imagino que la quieres, deseas lo mejor para ella y tu intención es amorosa. He de advertirte que es difícil, a veces contraproducente, querer ayudar a alguien que no lo solicita. Contraproducente para el ayudado y para el ayudador. El que recibe la ayuda a veces se molesta e incluso rompe con la relación, si el ayudador toma actitudes que lo empujen a salir de su atascamiento o le dice cosas que no desea oír. Por su parte, el ayudador puede tomar sobre sí una responsabilidad que no le corresponde, al comprometerse en solucionar un problema que no le es dado resolver. Sin embargo, siendo como somos, interacción de unos con los otros, puede pensarse que nos influimos mutuamente y sí podemos dar una mano a un ser querido, con la manera de comportarnos con él.
Lo primero que necesitarás será dar prioridad a tu amiga, a su dignidad y bienestar. Si deseas respetarla, has de tener presente que sólo ella tiene autoridad para tomar decisiones en su vida, y que una muy importante es la de elegir con qué tipo de interpretación quiere mirar su pasado: culpa,  arrepentimiento, rencor, amor o lo que sea. Sólo ella. Y que tiene derecho tanto de acertar como de equivocarse;  tomar decisiones rápidas o tardarse el tiempo que necesite para hacerlo; escuchar consejos u opiniones o cerrarse a ellos y vivir como le parezca mejor.  Expresar sinceramente un respeto como el descrito es sanador en sí, y opuesto a pensar o decir: “Es muy terca”, “no escucha”,  “se aferra a sus problemas”, “no deja ir lo que se tendría que ir”, etc., etc. Mejor algo como: “Está en su derecho al pensar, decir o hacer lo que piensa, dice o hace”. La paciencia con los procesos ajenos es una manifestación de amor difícil de lograr, pero muy efectiva.
Luego, necesitarás mucha claridad sobre ti misma y tus motivaciones para ayudarla: ¿De qué manera quisieras influir sobre ella? ¿Por cuáles motivos? ¿Para lograr qué?
En ocasiones uno quiere ayudar a otro para ayudarse a sí mismo, por ejemplo cuando un ser querido está cambiando de carácter o de actitudes y nos hace la vida pesada. Por supuesto que nos gustaría encontrar cómo hacer para que nos trate mejor, porque es feo vivir con una persona amargada.  En este caso, lo más adecuado es pedir directamente lo que uno desea: “Por favor, no me hables así, me desagrada”.  Si te fijas, para nada suena como “déjame ayudarte”.
También es ayudarse uno mismo cuando el ser querido parece disco rayado, dice lo mismo una y otra vez de manera obsesiva y quisiéramos que dejara de hacerlo, porque es muy cansado escuchar veinte veces la misma historia y peor aún si termina con: “¿Tú qué opinas?, ¿tengo razón, o estoy mal?”. Decirle cortésmente: “Ya me lo has platicado antes y nunca he querido opinar”, o “Para mí está bien lo que tú decidas, amiga, sé que estás buscando la mejor solución”. En ningún momento suena a “déjame ayudarte” y el ayudador no está tomando sobre sus espaldas la responsabilidad de hacerla que cambie.
 Mostrar, y sobre todo sentir, confianza en que la persona puede solucionar sus problemas, es una actitud sanadora en sí misma. Estar allí, junto a ella, sin juzgarla ni presionarla, también lo es. Ambas actitudes requieren una fortaleza y un amor excepcionales en el ayudador. ¿Te parece convincente?, ¿te gustaría que otras personas se portaran así contigo, si estuvieras viviendo bajo mucha presión?, ¿qué reacción crees que tendrías ante alguien que mostrara fe y confianza en tu capacidad?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.