Hasta qué punto uno como padre de familia
debe preocuparse o bien ocuparse de los miedos de sus hijos. Mi hija de 5 años
le tiene miedo al "Torito", en cuanto escucha el ruido del tambor o
del látigo, se pone hasta pálida y corre a esconderse. Le pregunté por qué le
da miedo, me dijo que porque usan máscaras feas. Yo lo veía normal hasta que
comenzó a preguntarme qué día de la semana era, esto porque cada lunes que hay
mercadito, "El Torito" pasa pidiendo dinero a las casas, con su ruido
y todo lo que conlleva. Para calmarla le dije que quienes hacen el
"Torito" son personas que así trabajan, incluso conoció a un niño que
usa una máscara como parte del "Torito", pero sigue con su miedo y es
de estar preguntando todos los días si será el día del "Torito", eso
ya no me agrada, no creo que sea normal. Usted podría darme un consejo para
saber qué decirle a mi hija y así ayudarla a superar este miedo.
RESPUESTA
Amas
a tu hija y deseas darle recursos para que enfrente sus temores. Ya le
explicaste que quienes hacen el torito son personas que trabajan usando
máscaras y no le pareció suficiente; en su edad, para ella no hay diferencia
entre un tornado y la llegada del Torito. ¿Cuáles son los métodos que
utilizamos los mayores para enfrentar un miedo? He aquí algunos.
1. Reconocer y validar el temor; es decir, que de la misma manera que sería
inoportuno mentirse uno mismo con: “No tengo miedo, debo ser valiente”, también
tu hija necesita aprender a reconocer sus sentimientos tal como son. El miedo
es una información subjetiva de que percibimos una amenaza. Puedes decirle:
“Veo que tienes miedo. ¿Es mucho?, ¿mucho, mucho?”, a lo que ella probablemente
responderá que sí, y tú: “Está bien tener miedo”. Su sentimiento ha sido
validado.
2. Hacer algo activamente
para protegernos de la amenaza y volver a sentirnos seguros. Decírselo: “Bien, tenemos que protegernos, ¿qué se te ocurre?”, y
escucharla. Supongamos que contesta: “Dile al torito que se vaya, que ya no
venga”; deberás contestarle la verdad: “No puedo hacerlo, a muchas personas les
gusta y va a seguir viniendo”. El mensaje es: “El mundo no se adapta a
nosotros, somos nosotros los que debemos adaptarnos al mundo”. Es probable que
ella misma diga qué la tranquilizaría: ponerle seguro a la puerta, irse a su recámara,
que alguno de sus padres permanezca con ella… Es importante no hacerle promesas
que luego resulten falsas; tenemos el antecedente de que no creyó tu
explicación de que se trata de personas inofensivas con máscara.
3. Hacer el evento predecible. ¿Cuándo va a ocurrir? En este caso, los
lunes. Puedes usar un calendario para que tu hija aprenda los nombres de los
días de la semana, describiendo cuáles actividades realizan en cada uno y
poniendo una señal en “el día de hoy”. “Aquí estamos, hoy no hay torito,
llegará hasta el lunes, ¿cuántos días faltan?”.
4. Elegir y poner en práctica la conducta más adecuada para protegernos. Supongamos que la niña sugirió ponerle el seguro a la puerta: darle el
doble encargo de saber cuál es el día en que vendrá el torito y que ella misma
deslice el pasador. Inclusive podrá permanecer vigilando que nadie lo abra, y
si necesitan hacerlo, asegurarse de que quede bien cerrado. Esto lleva oculto
el mensaje de que es mejor hacer algo, que entregarnos al terror y a la
impotencia.
Esta
asistencia que das a tu hija tiene gran importancia para que en el futuro sea
activa y asertiva, en lugar de miedosa y propensa a la huida, o sentirse
víctima de las circunstancias. Quizá un día te lo agradezca, lo más probable es
que no, pues difícilmente podrá descubrir con cuánto amor la atendiste.
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