Me siento afortunada porque desde hace un año soy
novia de un hombre que tiene casi cuatro años divorciado. Él es noble,
generoso, entregado, confiable, inteligente y, lo más importante, me ama. Como
mujer, yo dejo que él caballerosamente pague todo lo que implica nuestras
salidas cotidianas; pero, en cuestiones extraordinarias, como viajes, yo propuse
solventar los gastos por partes iguales. E igual sería si llegáramos a formalizar lo
nuestro; no me parece justo ni digno de mí, como profesionista que trabaja, “recargarse”
en el hombre que ama, especialmente cuando él tiene un compromiso con dos hijos
menores a quienes les solventa todos sus gastos. No tengo problema con eso, por
el contrario, el hecho de que sea un padre
responsable y amoroso es una de las cosas que más admiro en él. Sin embargo, creo
que su ex mujer abusa cargándole desde el regalo de Navidad para las maestras hasta
los gastos de los niños cuando ella va a visitar a su novio al norte del país. Yo
no he tocado el tema todavía porque no sé qué debo hacer. Lo más importante para mí es respetarlo como
padre y no ser injusta con él…pero ¡tampoco quiero serlo conmigo! Me siento confundida. A
veces pienso que no debo meterme, ya que es su dinero y son sus hijos; otras
veces, quiero plantear que si él no involucra a su ex esposa, quien también es
profesionista que trabaja, con los gastos de quienes también son sus hijos, no está creando un ambiente justo en el que pueda
tener en el futuro una relación sana con otra pareja.
RESPUESTA
Tienes muy claro que deseas amar y respetar a tu novio
tal como es: un hombre con un compromiso previo hacia sus dos hijos. Lo admiras
por responsable. También crees que su ex mujer abusa de él. No sabes si debes
intervenir en esa parte de su relación con su primera familia que piensas te
afecta, en el sentido de que a él le quede poco espacio económico disponible
para ti. ¿Voy bien? Y temes que por comprensiva puedes pasar a ser injusta
contigo.
Al parecer estás consciente de que un hombre o una
mujer divorciados tienen ya ocupada buena parte de su corazón y sus recursos, y
ofrecen a la segunda pareja mucho menos de lo que en su momento pudieron
ofrecer a la primera, cuando estaban libres de compromisos previos. Y que esta
segunda pareja debe honrar y respetar a la primera y todo lo sucedido y por
suceder entre ellos, bueno y malo, para tener éxito en su relación, porque si
se lo apropia y lo carga, sufre de una inútil ocupación de su fuerza. Es un gran
reto y una oportunidad para trascender tus propios límites, reto para el que estás
disponible: mirar a tu novio como adulto capaz de enfrentar sus propias broncas.
Adquirir un compromiso en estas condiciones conlleva
una carga adicional para ambos. En cuanto al tiempo y lo económico, tú quedas
en situación de dar más de lo que él puede dar; y él, en la de tener que
inventar maneras de compensarte. Respecto a experiencias del desarrollo, él ha
tenido más y más variadas: ya estuvo casado, tenido hijos y vivido una
separación; tú no. ¿Es riqueza para compartir contigo? Depende del cristal con
que lo mires; puedes sentir que sí, o que no.
¿Es importante el equilibrio entre dar y tomar? Mucho.
En cualquier relación, salvo en la de padres a hijos, cuando uno da de más y el
otro recibe de más, el receptor debe irse; las “deudas” afectivas lo abruman,
no puede “pagarlas” y huye, en busca de una situación dónde sentirse menos
presionado. ¿Qué lo presiona? Primero, la sensación personal de no poder
estirarse hasta donde lo que da sea suficiente para compensar lo que recibe;
luego, que el otro le esté cobrando, abierta o tácitamente, con palabras o con
su insatisfacción. Algunos encuentran otra “solución”; el receptor se ubica
como “el hijo”, así se comporta, y el “dador” como madre: lo provee, educa,
corrige, advierte, protege, gobierna, etc.
Quién sabe si ustedes estén dispuestos a tratar abiertamente
este asunto del equilibrio y llegar a negociaciones. Ahora, y muchas veces en
el futuro.
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