Cuando unos padres eligen escuela para sus hijos, desean
que sea la mejor y están dispuestos a hacer grandes sacrificios con la
esperanza de que funcione bien, porque una vez elegida, sería doloroso para
todos que el niño deba abandonarla. No, ellos prefieren que su hijo comience y
termine allí su educación, con éxito.
La escuela, que nunca sustituye a la familia, es para los
niños como un segundo hogar, pasarán muchísimas horas en ella y tiene una
influencia decisiva en la personalidad de los alumnos. Es triste cuando el
hogar verdadero y el segundo hogar parecen a punto de divorciarse; el educando
sale perjudicado.
Marianne Franke-Gricksh, una maestra y consteladora
alemana, en su libro “Eres uno de nosotros”, relata numerosas experiencias en
las que aplicó la teoría y las técnicas de Constelaciones con sus alumnos,
logrando así que la escuela honrara a los
padres de los niños. Ella preguntaba
con frecuencia a los alumnos: “¿Con quién, papá o mamá, te sientes más apoyado?
Invítalo mentalmente a que esté junto a ti mientras haces lo que tienes que
hacer”. En una ocasión, a un niño que se le estaban dificultando sus
operaciones de cálculo, le dijo que debía haber alguien de su familia que
pudiera apoyarlo mientras las realizaba, y él le respondió que no tenía cabeza
para pensar en eso, entonces le colocó una silla vacía a su lado, sin decir
palabra. El niño se tranquilizó y se puso a trabajar en el examen.
También relata una pelea en el patio. Un muchacho le
había dado un puntapié a una niña de otra clase, la hermana de ella llegó
corriendo e hizo saltar sangre al varón. La maestra, en lugar de las discusiones,
opiniones, cita de testigos oculares y lo acostumbrado, que aumenta las
proporciones del conflicto, nombró representantes para el niño y la niña que
iniciaron la pelea y los ubicó frente a frente, pero los representantes
mostraron que no tenían nada uno contra el otro. Entonces agregaron representante
para la hermana que había venido en auxilio, y allí se desplegó la dinámica: el
representante del varón levantó su mano contra ella, muy enojado, y la de la
hermana exclamó: “Yo defiendo a mi hermana, tenga ella razón o no”. Había
predominado la solidaridad familiar sobre la justicia. Hizo que los
representantes, uno a uno, se inclinaran diciendo: “lo siento”, y la hermana
defensora dijo: “Lo lamento, me he dejado incitar por mi hermana”. La maestra
propuso a las dos que permitieran que el varón expresara un deseo, para que él
viera lo mucho que lo lamentaban. En el siguiente receso, éste encontró un
pastelillo en su banco.
En mi opinión, todos los maestros y maestras deberían
tomar el Diplomado de Constelaciones Familiares, lo cual no significa que abandonarán
la clase y se convertirán en terapeutas, seguirían en su profesión y evitarían
innumerables problemas, injusticias, expulsiones y etiquetas. Es fácil e
inspirador utilizar las teorías y las técnicas sistémicas en el desarrollo de
los niños, la eficacia del aprendizaje, incorporación de la fantasía en los métodos de estudio, en el trato social
entre los miembros de la comunidad educativa y en la confrontación con
agresiones dentro y fuera de clase, para indicar solo algunos aspectos. Las
constelaciones están demostrando ser una herramienta tan versátil como el rayo
láser, que al principio se pensó que sólo servían para una sola cosa y cada día
se les encuentran más aplicaciones.
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