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martes, 29 de julio de 2014

HACERSE CONSTELADOR


La gran mayoría de quienes estudian Constelaciones Familiares lo hacen para su crecimiento personal. Al inicio acostumbro decirles que tendrán un intensivo proceso de cambio; al final, uno o dos ex alumnos de cada generación forman sus propios grupos. Están conscientes de que cuando alguien aprende a hacer Constelaciones Familiares, adquiere una técnica específica que no lo convierte en terapeuta profesional, sino en Constelador. ¿Cuál es la diferencia? Muchas. Mencionaré unas pocas.

Los terapeutas profesionales han pasado varios años en la universidad estudiando diversas técnicas y teorías, poseen una cédula que los respalda y si lo desean, como herramienta adicional, pueden hacerse Consteladores. En cambio, para ser Constelador no se pide  currículo académico específico; muchos egresados de otras profesiones han visto complementada su carrera exponiéndose a la información y las vivencias que implica un diplomado de dos años que es muy distinto a lo que estudiaron en la universidad. Allí aprenden a mirar sin miedo y sin intenciones los movimientos de los representantes, así como en qué casos puede ser de utilidad aplicar dicha técnica.

Otra diferencia es que una psicoterapia convencional consta de una serie de sesiones periódicas, mientras que la Constelación es una intervención única que dura de 30 a 90 minutos.

También hay diferencias en el enfoque: en psicoterapia se aprenden habilidades para lograr o evitar determinadas conductas; una Constelación modifica actitudes y se enfoca en asuntos que dependen menos de querer y más de poder resolverlos, debido a cargas inconscientes e involuntarias. Doy dos ejemplos.

Una persona no puede respetar a los hombres, o a las mujeres. Nunca eligió conscientemente dejar de respetarlos y vive su falta de respeto como algo normal y necesario. Haciendo su Constelación aparece que en su historia familiar ocurrieron hechos dolorosos que llevaron a todos en la familia a dicha actitud.

Otro ejemplo: Un niño no puede dejar de meterse en problemas en la escuela y muestra rebeldía constante ante la autoridad. En la Constelación se ve que la familia no respeta a la escuela donde lo inscribió y ni siquiera la mira, el personal docente “corresponde” a  la antipatía familiar negándose a honrar a los padres del niño, y mientras menos respeto sienten los educadores (padres y maestros) entre sí, más problemática se vuelve la conducta del educando, porque su lealtad está dividida entre ser fiel a sus padres o a sus maestros.

La psicoterapia convencional puede ser una experiencia intelectual que mueve grandes sentimientos; la Constelación es una vivencia afectiva irracional pidiendo auxilio a la inteligencia para acomodarse; sin embargo, dicha inteligencia no siempre logra comprender lo que ve, y la persona experimenta el nuevo acomodo como adecuado, a pesar de que no lo haya comprendido del todo.

En Constelaciones Familiares, cada persona es vista como parte de una familia y su historia. Aun cuando solo uno de sus miembros hace la Consulta, todo el grupo familiar resulta beneficiado.

Por cuestión de espacio, dejo otras diferencias sin mencionar.

Aprender Constelaciones Familiares se recomienda para personas que laboran en organizaciones que ya cuentan con servicios de atención directa a la población y poseen gran demanda de servicios, como el IMMSS o instituciones gubernamentales de salud pública. Mediante esta herramienta se puede atender a muchas personas simultáneamente.

Constelaciones también es útil para personas que ya se dedican a las ciencias sociales, como psicología, trabajo social, psicoterapia, docencia, antropología, leyes o medicina. Asimismo, para quienes trabajen con infantes, adolescentes y adultos de manera directa, o en temas como: violencia familiar, embarazo entre adolescente, derechos humanos, derechos reproductivos, salud, justicia, sexualidad, educación, adicciones, etc. Es muy recomendable para terapeutas, así como para quienes laboran en proyectos comunitarios. Dejo para otra ocasión cómo se aplican las Constelaciones en las empresas, porque tienen variaciones específicas.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

lunes, 7 de julio de 2014

ESCUELA Y CONSTELACIONES


Cuando unos padres eligen escuela para sus hijos, desean que sea la mejor y están dispuestos a hacer grandes sacrificios con la esperanza de que funcione bien, porque una vez elegida, sería doloroso para todos que el niño deba abandonarla. No, ellos prefieren que su hijo comience y termine allí su educación, con éxito.

La escuela, que nunca sustituye a la familia, es para los niños como un segundo hogar, pasarán muchísimas horas en ella y tiene una influencia decisiva en la personalidad de los alumnos. Es triste cuando el hogar verdadero y el segundo hogar parecen a punto de divorciarse; el educando sale perjudicado.

Marianne Franke-Gricksh, una maestra y consteladora alemana, en su libro “Eres uno de nosotros”, relata numerosas experiencias en las que aplicó la teoría y las técnicas de Constelaciones con sus alumnos, logrando así que la escuela honrara a los padres de los niños. Ella  preguntaba con frecuencia a los alumnos: “¿Con quién, papá o mamá, te sientes más apoyado? Invítalo mentalmente a que esté junto a ti mientras haces lo que tienes que hacer”. En una ocasión, a un niño que se le estaban dificultando sus operaciones de cálculo, le dijo que debía haber alguien de su familia que pudiera apoyarlo mientras las realizaba, y él le respondió que no tenía cabeza para pensar en eso, entonces le colocó una silla vacía a su lado, sin decir palabra. El niño se tranquilizó y se puso a trabajar en el examen.

También relata una pelea en el patio. Un muchacho le había dado un puntapié a una niña de otra clase, la hermana de ella llegó corriendo e hizo saltar sangre al varón. La maestra, en lugar de las discusiones, opiniones, cita de testigos oculares y lo acostumbrado, que aumenta las proporciones del conflicto, nombró representantes para el niño y la niña que iniciaron la pelea y los ubicó frente a frente, pero los representantes mostraron que no tenían nada uno contra el otro. Entonces agregaron representante para la hermana que había venido en auxilio, y allí se desplegó la dinámica: el representante del varón levantó su mano contra ella, muy enojado, y la de la hermana exclamó: “Yo defiendo a mi hermana, tenga ella razón o no”. Había predominado la solidaridad familiar sobre la justicia. Hizo que los representantes, uno a uno, se inclinaran diciendo: “lo siento”, y la hermana defensora dijo: “Lo lamento, me he dejado incitar por mi hermana”. La maestra propuso a las dos que permitieran que el varón expresara un deseo, para que él viera lo mucho que lo lamentaban. En el siguiente receso, éste encontró un pastelillo en su banco.

En mi opinión, todos los maestros y maestras deberían tomar el Diplomado de Constelaciones Familiares, lo cual no significa que abandonarán la clase y se convertirán en terapeutas, seguirían en su profesión y evitarían innumerables problemas, injusticias, expulsiones y etiquetas. Es fácil e inspirador utilizar las teorías y las técnicas sistémicas en el desarrollo de los niños, la eficacia del aprendizaje, incorporación de la fantasía  en los métodos de estudio, en el trato social entre los miembros de la comunidad educativa y en la confrontación con agresiones dentro y fuera de clase, para indicar solo algunos aspectos. Las constelaciones están demostrando ser una herramienta tan versátil como el rayo láser, que al principio se pensó que sólo servían para una sola cosa y cada día se les encuentran más aplicaciones.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

lunes, 17 de marzo de 2014

REINICIAR LA MARCHA


A mis 24 soy un solitario, detesto las fiestas, nunca he asistido a un antro, mi vida son los libros y el estudio, sufro angustia o tal vez depresión, estoy próximo a terminar la carrera y no me alegro sino me atemorizo, imagino que salgo y nadie me da oportunidad de aplicar mis conocimientos o que cometo algún error que me pone fuera de circulación. Mi pregunta es si mis miedos tienen algo que ver con que de niño y adolescente fui acosado en la escuela y también viví experiencias de tipo homosexual con mayores y con chavos de mi edad. Durante el tiempo de universidad me he conservado virgen y aislado. También quiero saber si debo considerarme homosexual y si existe un mejor momento para notificarlo a mis padres.

OPINIÓN

Entiendo que hablas de tres temas distintos: uno, tu temor a relacionarte con personas, que te ocasiona soledad; dos, la angustia de terminar un ciclo, el estudiantil, donde adultos te indican si tu desempeño es correcto, y el inicio de otro en el que tú mismo deberás observar si lo que haces funciona bien o mal para tus fines; y tres, la duda sobre si las experiencias de tipo homosexual en tu infancia y adolescencia te han marcado de por vida. Tres temas, todos importantes, que se influyen mutuamente, cada uno requiere de tu atención y no se pueden solucionar de un plumazo. ¿Con cuál sería bueno comenzar? Creo que por el primero, tu temor a relacionarte, ya que éste puede proporcionarte información nueva y soluciones para los otros dos.

Aunque son tres temas distintos, veo en ellos algo en común: tu necesidad de jamás cometer errores. ¡Imagínate! La única manera que tenemos los humanos de aprender y desarrollarnos es por ensayo y error; es decir, tomamos el riesgo de hacer algo pensando que eso es lo mejor, y no podemos saber qué tan adecuado será hasta que pasa el tiempo y vemos los efectos. Eso nos ocurre a todos, en todas las edades. Luego, cuando ya tenemos información de las consecuencias de aquello que elegimos, estamos en posibilidad de juzgar si era o no lo más funcional. Acertamos en un alto porcentaje de nuestras elecciones y no tenemos problema; pero cuando nos desagradan los resultados, entonces podemos reaccionar de muchas maneras, desde castigarnos con severidad, hasta decirnos amistosamente: “Ahora ya sé que haciendo lo uno, ocurre lo otro”.

Estoy interpretando que tú has huido de las relaciones, condenándote a la soledad, por miedo a no ser adecuado; es decir, a cometer errores que te dejen en ridículo o te pongan fuera de circulación, como si dijeras: “Antes que me excluyan, yo me excluyo solo”. Con esto, el temido “estar fuera de circulación” se te está cumpliendo desde ahora. Pero el desarrollo humano es posible en todas las edades, y siempre podemos volver a elegir o modificar nuestras decisiones.

Constituye una soberbia enorme el pretender atinar de todas, todas. En otras palabras, los humanos perfeccionistas, que nos exigimos estar libres de error vivimos una idealización tonta y no tenemos más remedio que asumir que en el pasado cometimos equivocaciones e injusticias, y las seguiremos cometiendo en el futuro, no obstante nuestra buena voluntad. Y que dichas injusticias y equivocaciones no nos “marcan de por vida”, sino que son escalones para lograr un mejor conocimiento del mundo en que vivimos. Hay caminos que solamente andándolos podemos conocer lo suficiente de ellos para dar marcha atrás y tomar otro camino, y lo contrario, que por no haberlos recorrido, pasamos la vida añorándolos como si fueran nuestra salvación. Sin embargo, contemplar que les dedicamos tiempo y esfuerzo y no llevan a algo que nos guste, duele, a veces sucumbimos a la tentación de sentarnos a llorar y decir que somos unos fracasados. No lo somos, teníamos una lección por aprender, aunque solo fuera la de tener valor para volver sobre los propios pasos y reiniciar la marcha. Me estoy refiriendo a tu elección de aislarte, que ya recorriste y sabes que desemboca en soledad y parálisis. Dar marcha atrás significaría abrirte poco a poco, saludar al portero y al que vende jugos, asistir a una reunión y soportar el aburrimiento de los inicios, buscar un terapeuta que te acompañe en tu proceso y descubrir ante él tus miedos y manías… Los temas segundo y tercero están supeditados a la solución de éste.

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lunes, 4 de junio de 2012

¿RESPONSABILIDAD O CULPABILIDAD?


Tengo 38 años. Según mi terapeuta, soy controladora y estoy trabajando para soltar a mis seres queridos. Con mi marido no ha sido tan difícil como con mis hijas, tengo dos, una de 20 y otra de 18, pero la mayor me dijo que ella piensa vivir su sexualidad y me preocupé mucho, también por el ejemplo para la otra. Hablé con mi terapeuta y ella opina que mi hija es mayor de edad, que solamente le hable de los riesgos y me mantenga fuera, pero yo me siento extremadamente culpable de no hacer nada. ¿Cuál es la diferencia entre no controlar y ser irresponsable?

RESPUESTA

Entiendo que estás preocupada por el bienestar de tu hija y que tu amor de madre te impulsa a colocarle alrededor una cápsula protectora que la defienda de cualquier daño. Desearías tomar tú las decisiones correctas -en lugar de ella- y encontrar la manera de convencerla para que las acepte como suyas, porque no quieres que sea lastimada. Muy grande es tu amor que hace más de veinte años te llevó a darle la vida, y ahora quisieras tú vivirla, para protegerla. Pero no podrás, porque ya se la diste. O a lo mejor sí, y le enseñarás que su vida no es su responsabilidad, sino tuya. El problema es que te sientes culpable de permitir que tu hija se equivoque. Voy a centrarme en ti y no en tu hija.

Existe una gran diferencia entre ser responsables y culparnos. La responsabilidad es un acto de ejercicio del propio poder; en cambio, la culpabilidad es una entrega del mismo en manos de alguien más. Observa. El responsable dice: “Yo elegí hacerlo”, “yo elegí no hacer nada” o “Yo elegí esperar a que…”; y el culpable argumenta: “Yo no quería hacerlo, me dejé llevar, me vi forzado, no me di cuenta, me indujeron, no tuve fuerza de voluntad, me faltaron medios, nadie me apoyó, todos lo hacen, así me educaron…” La lista de dis-culpas puede ser infinita y todas van encaminadas a buscar atenuantes, con el fin de no hacerse cargo de las propias decisiones y renunciar a la responsabilidad.

La responsabilidad es la habilidad para responder a una situación. Nos hace mirar las cosas como son, aceptarlas y dar la respuesta que consideramos más adecuada a la circunstancia, a sabiendas de que traerá unas consecuencias que deberemos sobrellevar. Y cuando dichas consecuencias se hacen presentes, bregamos con ellas, las enfrentamos, reconocemos si la decisión fue errónea y, de ser posible y adecuado, tomamos decisiones nuevas para atenuar o corregir los males que la elección original ocasionó. Es decir, podemos cambiar.

Con la culpabilidad, en cambio, odiamos sentirnos responsables y causantes de las consecuencias que una decisión acarrea, gastamos valiosas energías en encontrar quiénes carguen con la responsabilidad y en camuflar los motivos que nos impulsaron a elegirla. Mientras permanecemos en la culpabilidad, sufrimos de una sensación extremadamente desagradable que nos impulsa a buscar compensación del error con diferentes formas de castigo, como la falta de éxito, de salud física o mental o de relaciones armoniosas, de ahí que la culpabilidad engendre impotencia, pues sentimos que lo hecho no está ni nunca ha estado en nuestras manos y es imposible hacerle cambios.

Si deseas educar a tu hija a la responsabilidad, necesitas actuar y hablar de manera que ella sepa que la decisión es suya, por lo tanto, las consecuencias deberán ser afrontadas por ella y no por la familia ni nadie más.










lunes, 23 de enero de 2012

EL DESENGAÑO

Mi terapeuta me sorprendió diciéndome que también tiene terapeuta. Dejé de asistir. ¿No se les exige que antes de ejercer acrediten su salud mental?, ¿es ético atender a pacientes, si no están bien?
RESPUESTA
Creo que la revelación de tu terapeuta desbarató la imagen que tenías de él o ella. Tal vez hubieras preferido no saberlo, o mejor, poder pensar que estabas siendo tratado por un ser especial, libre de características humanas. ¿Algo así como un héroe?, ¿un iluminado?, ¿un gurú?
Casi todos los humanos quisiéramos encontrar héroes a quienes admirar e imitar. Lo triste es que no existen, porque donde quiera que intervengan los humanos, estarán presentes las características propias de la especie, lo cual tiene un significado extremadamente amplio. La historia, con sus relatos de hechos sublimes, grandes amores, filantropía, inventos, abusos, guerras y atrocidades, nos enseña de qué material está hecha nuestra raza y cuáles acciones somos capaces de realizar. No obstante, a pesar de saberlo, las personas sentimos desilusión cada vez que volvemos a descubrir que vivimos en un planeta en desarrollo y convivimos con simples seres humanos. Eso es lo que tenemos disponible. Humanos son nuestros padres, hijos, pareja, maestros, colegas, médicos, sacerdotes, políticos, etc.; pero nos gusta idealizar, y luego ponernos tristes al descubrir que no están a la altura de lo que esperamos de ellos, porque lo ideal y lo real pocas veces se juntan. Entonces, los castigamos con nuestro desprecio. ¿Has visto con cuánta saña nos enfocamos en los escándalos? Cada escándalo es un desengaño.
En el mismo sentido, creo que también vas a necesitar destruir la imagen que tienes de la psicoterapia, si es que piensas que se asiste a ella solamente cuando uno se está mal. Es lo más común, pero no lo más exacto ni lo más deseable. El que tu terapeuta asista a
terapia, en mi opinión, sería punto a su favor, pues significaría que sigue interesado/a en su crecimiento personal -trabajo que no tiene punto final-, en lugar de presentarse ante ti con la arrogante actitud de “yo estoy bien y tú estás mal, sé lo que necesitas y tú no lo sabes, puedo hacerte un diagnóstico e indicarte cómo estarás bien”. Muy distinto es el concepto actual del servicio que presta un terapeuta a su cliente, algo así como si dijera: “Tú y yo somos seres humanos de igual dignidad, ambos con necesidades de desarrollo que nos son peculiares. Mientras esté a tu servicio, tus asuntos estarán en primer plano y pondré a tu disposición todas las teorías y herramientas que he adquirido durante mi estudio y experiencia profesionales, a fin de acompañarte y retroalimentar las decisiones que tomarás, siempre pensando en tu bienestar, pero el responsable de tu vida eres y seguirás siendo tú”.
Es bonito construirse héroes. ¿Has visto cómo gozan los niños pensando que los Santos Reyes (Santa o el Niño Dios) vienen en persona a traerles juguetes? Pero cuando la gente construye héroes o ídolos en la persona de algún ser humano, pretende obligarlo a que ya no lo sea. Se vuelve exigente, por lo tanto, susceptible a sufrir desengaños; pero cada desengaño nos acerca un poco más a la realidad.