“Tres cosas hay en la
vida, salud, dinero y amor, el que tenga estas tres cosas que le dé gracias a
Dios”. ¿Lo habías oído antes? Todos hemos recibido estas tres cosas, son
regalos. Posiblemente las conservamos, o no. ¿Qué hicimos para que sucediera?
Lo que aprendimos en la niñez, aquello que nos dijeron que debíamos hacer (o el
extremo opuesto), y el resultado lo tenemos en nuestras manos.
Quizá fuimos niños que
llegaban a casa con sietes, ochos y nueves de calificación y papá o mamá nos
decían: “¡Qué bien, sigue adelante, vas a aprobar el curso!” y nos sentimos
satisfechos. O dijeron: “¡Mal, no son dieces!”. Entonces, con nuestras notas
ante los ojos, tomamos decisiones vitales que más tarde serían hábitos para
reaccionar frente a los logros y dones de la vida: tomarlos y disfrutarlos, o
considerarlos insuficientes. Salud, dinero y amor no escapan de este “rasero”.
¿Cómo estás?, nos preguntan. “Bien”, contestamos. Y a veces pensamos: “pero…”
Es probable que no contemos nuestras cuitas y temores para no abrumar a los
demás, sólo recordamos: “Siempre ando cansado, aumenté dos tallas, me está
dando gastritis… el dinero no me alcanza, necesitaría un aumento, me abruma la
mensualidad del coche, no he podido comprarme un Iphone… mi pareja es buena
pero no como la soñé, mi suegra me trata bien y me cae mal, los vecinos son educados
y yo no les hablo…” O sea: nada es suficiente, en nada otorgas ni recibes un
diez.
Y a lo mejor el Niño Dios
o los Santos Reyes nos trajeron una linda muñeca o un trenecito de muchas
piezas, y papá o mamá dijeron: “Son para que juegues porque te has portado
bien”, y jugamos; o tal vez comentaron: “No sé por qué te hicieron estos
regalos si eres respondón, desaplicado (o alguna otra característica
indeseable)”, “no saques el tren de su estuche si tu papá no está presente,
porque descompletarías las piezas y lástima de juguete tan bonito”, “Yo te
guardo tu muñeca para que no se arruine, te diré cuándo puedes jugar con ella”.
Y con nuestros maravillosos regalos ante los ojos, aprendimos: “No los toques, siéntete
culpable por jugar o antes pide permiso”. Con salud, dinero y amor quizá nos
pasará algo similar: “Nunca como tacos ni comida de la calle, vaya a enfermar…
tengo dinero ahorrado, pero no gasto y trabajo como si no me alcanzara para
mañana… quiero a mi pareja y no se lo digo, se vaya a malacostumbrar”. Es
decir: no te es permitido tomar y disfrutar lo que tienes, aunque lo valores.
“El que tenga un amor, que
lo cuide, que lo cuide; la salud
y la platita, que no la tire, que no la tire”. Podemos arruinarlos, como cuando
de niños le arrancamos la pierna a la muñeca o lanzamos el trenecito contra el
piso. Un buen coraje es capaz de hacer que tiremos por la borda aquello que
queremos mucho. Luego lloramos.
No nos dimos cuenta en qué
momento asimilamos tales programaciones. Aunque no sean nuestra culpa, ahora
que somos grandes podemos elegir seguir siendo como nos enseñaron o dar un
pequeño giro. Pequeño, porque con hábitos muy arraigados es mejor ir
despacio. Haz una prueba respondiendo para ti: ¿Cómo te pareció el 2015?, ¿te
merece un diez?, ¿valoraste y disfrutaste el estar vivo en él?, ¿apostaste,
tomaste riesgos, ganaste y perdiste, reíste y lloraste, surfeaste en las olas
que forman salud, dinero y amor, o procuraste mantenerte al margen? ¿Cómo te
gustaría vivir el 2016? Deseo que elijas vivirlo plenamente y feliz.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario