miércoles, 23 de diciembre de 2015

SALUD, DINERO Y AMOR



“Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, el que tenga estas tres cosas que le dé gracias a Dios”. ¿Lo habías oído antes? Todos hemos recibido estas tres cosas, son regalos. Posiblemente las conservamos, o no. ¿Qué hicimos para que sucediera? Lo que aprendimos en la niñez, aquello que nos dijeron que debíamos hacer (o el extremo opuesto), y el resultado lo tenemos en nuestras manos.
Quizá fuimos niños que llegaban a casa con sietes, ochos y nueves de calificación y papá o mamá nos decían: “¡Qué bien, sigue adelante, vas a aprobar el curso!” y nos sentimos satisfechos. O dijeron: “¡Mal, no son dieces!”. Entonces, con nuestras notas ante los ojos, tomamos decisiones vitales que más tarde serían hábitos para reaccionar frente a los logros y dones de la vida: tomarlos y disfrutarlos, o considerarlos insuficientes. Salud, dinero y amor no escapan de este “rasero”. ¿Cómo estás?, nos preguntan. “Bien”, contestamos. Y a veces pensamos: “pero…” Es probable que no contemos nuestras cuitas y temores para no abrumar a los demás, sólo recordamos: “Siempre ando cansado, aumenté dos tallas, me está dando gastritis… el dinero no me alcanza, necesitaría un aumento, me abruma la mensualidad del coche, no he podido comprarme un Iphone… mi pareja es buena pero no como la soñé, mi suegra me trata bien y me cae mal, los vecinos son educados y yo no les hablo…” O sea: nada es suficiente, en nada otorgas ni recibes un diez.
Y a lo mejor el Niño Dios o los Santos Reyes nos trajeron una linda muñeca o un trenecito de muchas piezas, y papá o mamá dijeron: “Son para que juegues porque te has portado bien”, y jugamos; o tal vez comentaron: “No sé por qué te hicieron estos regalos si eres respondón, desaplicado (o alguna otra característica indeseable)”, “no saques el tren de su estuche si tu papá no está presente, porque descompletarías las piezas y lástima de juguete tan bonito”, “Yo te guardo tu muñeca para que no se arruine, te diré cuándo puedes jugar con ella”. Y con nuestros maravillosos regalos ante los ojos, aprendimos: “No los toques, siéntete culpable por jugar o antes pide permiso”. Con salud, dinero y amor quizá nos pasará algo similar: “Nunca como tacos ni comida de la calle, vaya a enfermar… tengo dinero ahorrado, pero no gasto y trabajo como si no me alcanzara para mañana… quiero a mi pareja y no se lo digo, se vaya a malacostumbrar”. Es decir: no te es permitido tomar y disfrutar lo que tienes, aunque lo valores.
“El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide; la salud y la platita, que no la tire, que no la tire”. Podemos arruinarlos, como cuando de niños le arrancamos la pierna a la muñeca o lanzamos el trenecito contra el piso. Un buen coraje es capaz de hacer que tiremos por la borda aquello que queremos mucho. Luego lloramos.
No nos dimos cuenta en qué momento asimilamos tales programaciones. Aunque no sean nuestra culpa, ahora que somos grandes podemos elegir seguir siendo como nos enseñaron o dar un pequeño giro. Pequeño, porque con hábitos muy arraigados es mejor ir despacio. Haz una prueba respondiendo para ti: ¿Cómo te pareció el 2015?, ¿te merece un diez?, ¿valoraste y disfrutaste el estar vivo en él?, ¿apostaste, tomaste riesgos, ganaste y perdiste, reíste y lloraste, surfeaste en las olas que forman salud, dinero y amor, o procuraste mantenerte al margen? ¿Cómo te gustaría vivir el 2016? Deseo que elijas vivirlo plenamente y feliz.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.


No hay comentarios:

Publicar un comentario