Vine a León a conocer a mi papá y mal. No es que yo
esperara un encuentro de película, pero qué mal. Me decían que él había muerto y
se descubrió la verdad, mi madre me dio pistas, lo encontré, hablé con él por
teléfono una vez nomás para estar segura que era él y vine a conocerlo. Tengo
23 años, no le avisé a nadie, me le aparecí en su negocio. Primero se hizo el
loco, que no sabía nada, me desconoció pues, dijo que no debí buscarlo y todo
ese rollo, luego me pidió que lo esperara hasta la hora de la salida, me llevó
a comer y quiso hacerse el amable. Mientras él más hablaba yo más lo iba
odiando, me hizo sentir tan mal que me puse enferma del estómago. No sé lo que
voy a hacer después, vi en el periódico su correo y le escribí nomás.
OPINIÓN
Sería bueno saber qué es lo que necesita hoy tu corazón.
Antes de la entrevista con tu papá lo sabías; querías conocerlo, hablar con él,
quizás abrazarlo, mirar sus ojos, escuchar que te llamara hija… Ahora, no
tienes idea.
No hace falta ser un genio para imaginar la cantidad de
sentimientos que experimentas: amor herido, decepción, dolor, rabia, impotencia,
sensaciones de haber sido despojada de algo que debió pertenecerte, de ser
víctima sin culpa, de que la vida no es justa… Tu corazón está repleto pero no
pleno, porque este tipo de emociones no lo hacen a uno sentirse bien y
satisfecho, al contrario. ¿Qué necesita hoy
tu corazón?
Cualquier cosa que tu corazón necesite, tendrás que hacer
algo con todo tu amor para conseguírsela, porque así toca: nuestros padres nos
dan la vida y una serie de experiencias, pero llega el momento en que no pueden
vivir por nosotros ni nosotros por ellos, cada uno vivimos la vida como podemos,
lo mejor que podemos, con o a pesar de lo recibido.
Imagino que sientes que recibiste de menos. No sabemos si
así fue, las cunas son disparejas y eso nada tiene qué ver con la justicia. Qué
quieres, los humanos a veces no podemos hacer frente a lo que la vida nos
presenta. Un día, los que estaban destinados a ser tus padres creyeron que era
buena idea emparejarse y darse físicamente su amor uno al otro, un amor que era
como era y al que tienes prohibido el acceso y el juzgar; un amor que debió ser
muy santo puesto que naciste tú. La vida humana en sí misma sólo puede ser
santa. Luego, del nacimiento en delante, toca a los padres decepcionar a sus
hijos, ya que nunca son tan sabios, ricos, inteligentes, honestos,
responsables, comprensivos, etc., etc., etc., como deberían ser y los hijos quisieran
que fueran. Y a los hijos toca continuar y elegir qué llevarán en su equipaje,
cuando pueden hacerlo.
Quizás tú creas que no tienes más remedio que cargar con
éste y otros dolores que tu papá te ocasionó. En parte tienes razón, no podrás
olvidarlos, pero es distinto recordar que revivir. Quiero decir que, sin negar
la realidad, puedes liberar buena parte de tu equipaje sentimental no deseado y
abrirle espacio al amor, si logras comprender que cada uno de nosotros damos lo
que somos y lo que tenemos. Tus padres
te dieron todo lo que podían dar, de acuerdo a su historia y circunstancias.
¿Te parece poquito? Lo que te haya faltado no puedes recuperarlo y peor para ti
si siguieras cargando con la deficiencia como si fuera culpa tuya. A cada quién
sus culpas, y que las cargue el responsable. Tú sólo eres responsable de lo que
hagas tú, de lo que elijas tú. Si tu papá te hizo sentir mal al grado de
enfermar, él es responsable de lo que hizo y tú de lo que hagas, de los
sentimientos que elijas para llenar tu corazón. Mucha gente que ha nacido con
desventajas más tarde logra convertirlas en ventajas, ¿Qué tal si tú eres de
esas?
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