La Afectividad es el color de la vida. Necesita de la
inteligencia para que le imprima orden y armonía a sus tonalidades, hasta
convertirla en una obra de arte.
Alguien que siente mucho y piensa poco es como una paleta
de pintor que escurre colores en el piso, los muebles y todo lo que toca, su
colorido no alcanza la belleza de un cuadro bien logrado que extasía a quienes
lo contemplan; por el contrario, ocasiona bochornos, arrepentimientos, dolores
y necesidad de pedir perdón. Algunas personas confunden este “embarramiento de
colores” con la sensibilidad y dicen: “Es que yo soy muy sentida”, pero no es
lo mismo: sensible es alguien capaz de percibir gran variedad de información a
través de sus sentidos y ponerla en orden. A través de la inteligencia, por
supuesto.
Quien piensa mucho y siente poco es frío, brillante, objetivo,
calculador, rígido y tan exacto, severo e intransigente como una computadora. Sus
razonamientos le pueden llevar a grandes éxitos materiales, a la elaboración de
teorías científicas o idealistas, y también a un grave alejamiento de la
realidad, porque al no atender al sentimiento, ignora la reacción interior y
subjetiva que ofrecen los sentidos.
El sentimiento auténtico es lo que acabo de mencionar,
una reacción interior y subjetiva ante un evento. Podemos compararlo a los
fuegos pirotécnicos: se enciende, acelera y estalla en miles de chispas de
color durante todo el tiempo que su material de combustión arde; una vez
terminado éste, se desvanece. Así es auténtico. Por ejemplo, la alegría de una
boda o el dolor ante la pérdida de un ser querido, quizá ardan con toda su
fuerza unos meses, tal vez dos años, luego decaen y se convierten en recuerdos.
A veces parece que no es así, que siguen ardiendo indefinidamente, pero en este
caso se llaman re-sentimientos.
Un re-sentimiento es una reacción emocional y subjetiva
ante un recuerdo. Ya no está ocurriendo afuera el evento que lo desencadena, lo
enciende el estar rumiando algo que ya pasó y que la inteligencia no ha logrado
acomodar en el tiempo que le corresponde. Tampoco lo deja que se vaya, sino que
lo guarda en la memoria y lo “revive”, a base de fantasías.
Nunca es sano vivir sólo de recuerdos, el presente trae
consigo su cúmulo de hechos que deben ser atendidos y ante los cuales surgen
sentimientos nuevos, frescos, auténticos. Una pareja no permanece como tal con
el recuerdo de cuánto se amaban al principio, necesitan generar amor nuevo cada
día. Un sobreviviente a un ser amado que lo “revive” y pasados los años vuelve
a sufrir una y otra vez el dolor de su pérdida, se condena a sí mismo a una
muerte incompleta y prematura, cuando en realidad le toca vivir.
El re-sentimiento nos priva del presente. Estamos tan
ocupados en re-sentir lo que ya pasó, que no miramos lo que está ocurriendo o
lo teñimos de antemano con la falsedad del re-sentimiento. Cualquier reacción emocional,
de cualquier clase, es como el alimento: por delicioso o repugnante que el
bocado haya sido, debe ser digerido y dejado ir, sus efectos quedarán en
nosotros como sangre, músculo, grasa o lo que corresponda. Sería desastroso que
permaneciera siendo un bocado sin asimilar. Deseo a todos sentimientos nuevos y
frescos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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