lunes, 9 de mayo de 2016

CRIOPRESERVACION DE SENTIMIENTOS



Me gustaría saber su opinión acerca de un rencor no-negociable, junto con orgullo y vanidad heridos. Es sobre una chava que se para cerquita de mí ─¡lo más cerca!─ y me dice “No vales”. Claro, no se acerca y hace eso, hablo metafóricamente. Y pues tengo esa parte de mí: la rencorosa, el odio. Dice una frase que “después del amor, el odio es lo más dulce que hay”. Y todo mundo dice también (hasta los expertos), que el rencor nos trae cáncer. Yo no tengo miedo de algo así. Yo creo que hay que saber tener rencor, también.
OPINIÓN
En artículos anteriores he repetido que necesitamos amar nuestros sentimientos como son; sin embargo, no es lo mismo amarlos que congelarlos; ellos, como las cosas vivas, tienen movimiento y evolución, se nutren y reproducen y además, influyen en nuestra vida haciéndonos felices o desdichados.
Tu “no negociable” me suena a decir  “¡congelado!” o “¡engarróteseme ahí!” que jugaban los niños hace mucho tiempo, similar a la Criopreservación, mediante la cual, personas mandan congelar el cuerpo de algún ser querido con la esperanza de que la ciencia avance lo suficiente para revivirlo y curarlo.
Menos radical, también puedo imaginar que tu “no negociable” significa: “Nadie quiera remover o transformar este sentimiento, aun si me ocasionara cáncer”. En este caso tienes razón, nadie podría hacerlo, sólo tú, porque es tuyo.
Después le cambias nombre, de rencor pasa a odio; ¿negociable?, ¿son negociables el orgullo y la vanidad heridos?, y continúas calificándolo de dulce: “el odio, después del amor, es lo más dulce que hay”.
Primero: Debo concederte el mérito de estar consciente de los sentimientos que describes: rencor, odio, orgullo y vanidad heridos.  Son varios. Como todo sentimiento es energía, debes estar muy energizado. ¿Es así? Si no lo fuera ¿qué pasó con dicha energía?, ¿a dónde se fue? No puede esfumarse, igual no desaparecen las aguas de un río o un lago; si dejaran de estar visibles, se debería buscarlas hasta encontrarlas.
Supongamos que estás pletórico de energía. Como eres su dueño y tienes conciencia de ella, puedes modelarla como te guste. Si fuera lo opuesto, que la desconocieras, sería del tipo que esclaviza y empuja a actuar inclusive de manera peligrosa. Nada podrías hacer para liberarte de su dominio, salvo intentar traerla a la conciencia.
Tú estás consciente de tus sentimientos. Luego declaras: ¡no negociables! Como en tu mente eres todo poderoso, el decreto resulta inapelable. Entonces, ¿qué sucede?
Damos lo que tenemos. Si una jarra contiene leche, sirve leche; si agua, agua; si veneno, veneno. Seguramente darías tu contenido de rencor, odio, orgullo y vanidad heridos a las personas que se te acercaran.
Toda descarga o actuación de un sentimiento es placentera, sea éste cual fuere; igual se experimenta alivio al decir “te amo” como “te odio”, de ahí que tengo que volver a darte la razón cuando dices que “después del amor, el odio es lo más dulce que hay”. Las descargas siempre son dulces, también si dejan sabor amargo.
Hablas sobre una chava que se para cerquita de ti y te dice “no vales”. Aclaras que es una metáfora. Yo te invito a cuestionar si los sentimientos de rencor, odio, orgullo y vanidad heridos no estarán poniéndote unas gafas como espejos en los cuales reflejarse, ¿o sospechas que tú le diste primero a ella tu rencor, odio, orgullo y vanidad heridos, y está vengándose?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.



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