En ocasiones dudo que existan verdaderos ateos, entendiendo
por Dios Aquello ante lo que me inclino, me someto y dirijo todo mi ser. Creo difícil
que alguien piense: “Nada hay por encima de mí a lo que deba someterme, yo me
di la vida y la existencia y puedo conservarlas o abandonarlas
cuando quiera, me pertenecen. Soy lo más grande, la fuente y el orden de donde
proviene todo lo que vemos y lo que no vemos…”
Sí creo que existen los que se niegan a creer en determinadas
imágenes de Dios: ancianos de larga barba sentados entre nubes, ojos
dentro de triángulos, cruces simples o adornadas o hechas crucifijo, estrellas
de cinco, seis o nueve puntas solas o acompañadas por la luna, no budas gordos o flacos ni
seres con alas, ídolos, imágenes de santos… Muchos de estos “incrédulos” andan
en busca de una espiritualidad distinta, que les permita contactar y permanecer
comunicados con Aquello a lo que no pueden dar nombre ni figura y que podría otorgar
sentido a sus vidas. A veces se llaman a sí mismos ateos, ¿lo son realmente, o buscan al Desconocido, de Quien no podemos saber mucho, puesto que excede nuestra
capacidad de comprensión?
Otros, que también se autodenominan ateos, además de negarse
a adoptar las imágenes clásicas de la divinidad, preferirían que no existiera nada
Más Grande y hacen lo posible por eludirlo, alejarse, perdérsele de vista. La
idea de esta Presencia les desagrada e incluso podría resultarles aterradora. En
el fondo se saben pequeños, limitados, desprotegidos y, sobre todo,
“condenados” a vivir y a morir. Luchan contra ese Ser (aunque no exista, según
ellos) y trabajan para que otros semejantes se unan y piensen igual, como
cuando un niño no hace la tarea y pregunta a los compañeritos: ¿verdad que era
imposible hacerla?, con la esperanza que sean varios en la misma situación y
sentirse acompañados. Esta actitud de negar, huir y pelear da sentido a sus
vidas. ¿Son verdaderos ateos?
Hay otros que subjetivamente son honestos el confesarse
ateos, porque no creen en nada espiritual ni en la existencia de un más allá;
todo se reduce al más acá, que se ve, se cuenta, se pesa o mide de alguna
manera. Su Algo Más Grande es material: el estado, el capital, las
trasnacionales, la naturaleza, los fenómenos históricos o climáticos… Oscilan
entre someterse e intentar someter a eso Algo Más Grande. ¿Son ateos? De nombre,
sí. ¿Y de hecho? Son los más religiosos. Con esa religiosidad primitiva en la
que su dios (la política, la ciencia, la costumbre, la cultura, el arte…) les
ordena ve, y van; ven, y vienen; sacrifícate tú o sacrifica a multitudes, y
realizan el sacrificio sin parpadear. En ellos se muestra con mayor claridad la
necesidad humana de pertenecer, servir y vivir para Algo Más Grande. Su tipo de
dioses, más materiales que espirituales, son lo más grande que han podido
imaginar, y su adoración es más devota, audaz y definida que la de muchos que
se dicen teístas.
Existe otra clase de ateos que no se denominan tales y aseguran
creer en Algo Más Grande que no adoran, ni pelean en contra o a
favor de Él, tampoco piensan que entre ambos haya nada que ver. En mi opinión, éstos
serían verdaderos ateos, solo que ellos mismos no se llaman así, ¿con qué
derecho podría nadie incluirlos en dicha categoría? Por eso dudo de que haya verdaderos ateos.
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