lunes, 11 de septiembre de 2017

LENGUAJE CORPORAL


Nuestro cuerpo es el centro de comunicaciones más avanzado que existe, no solamente por la perfección de su cerebro, que procesa y traduce mensajes provenientes de los sentidos y de los órganos y emite órdenes a los sistemas corporales, sino que el cuerpo completo es emisor y receptor de señales con el exterior.

Es por todos conocido que las palabras constituyen solo el 10 ó  15% de la comunicación, y junto con ellas, el cuerpo emite mensajes que las apoyan o contradicen; así, no es lo mismo decir “bien, haz lo que quieras” con el ceño fruncido y los puños apretados, que con una mirada dulce y la sonrisa en los labios. El mensaje toma significados distintos del literal del discurso hablado por los signos corporales que lo acompañan.

Mas el cuerpo no solo expresa los sentimientos que la persona quiere manifestar, también aquellos que ella desearía mantener ocultos. Lo hace a través de las micro expresiones que logran salir al exterior antes que el control consciente las reprima, o de fuertes y prolongadas reacciones, cuando dicho control consciente resulta ineficaz para dominarlas. El cuerpo dice la verdad como un relámpago, o como una inundación. 

Todos hemos vivido la experiencia de sentir que no debemos exteriorizar determinada emoción y de pronto, un destello la pone al descubierto. Entonces buscamos la manera de encubrir aquella verdad inoportuna que “se nos salió” dándole otro significado, aduciendo que no habíamos entendido bien o cualquier otra cosa, el control consciente se hace cargo y nosotros nos sentimos “a salvo” de la intromisión que nuestro interior hizo con el exterior.  Y también hemos vivido la experiencia de que la emoción nos inunde y a pesar de nuestros esfuerzos por contenerla, ella siga desbordada, manifestándose, como cuando no podemos parar de llorar, gritar o soltar golpes.

En ocasiones, nuestro control consciente sí es lo suficientemente fuerte para impedir que emociones poderosas salgan al exterior de manera “sencilla”, es decir, como son, llorando, gritando, corriendo, peleando, etc., y las “metemos en cintura” prohibiéndoles volver a salir al exterior, entonces el cuerpo cambia de lenguaje, pero no deja comunicar lo que sucede allá adentro. Quizá en lugar de llorar para afuera, lloramos interiormente con un catarro, una gripe, un nudo en la garganta, una opresión en el pecho… O cuando nos “tragamos un coraje”, éste grita en una gastritis, un colon irritable, un tumor... Y si a nadie le contamos que algo nos rompió el corazón, tenemos taquicardias u otros males cardíacos. Los ejemplos podrían continuar hasta hacer una larga lista.

El cuerpo no solamente emite señales, también las recibe, ya sea por medio de los sentidos o de otras maneras que no están suficientemente estudiadas. Todos hemos percibido olores, sonidos, colores, sabores y texturas, pero posiblemente también te ha pasado que recuerdas a una persona que no has visto en mucho tiempo y a los pocos días te llama. Quizá alguna vez, antes de descolgar el teléfono, te pareció que un pensamiento te decía: es tal persona, y lo era. O platicando con alguien captas anticipadamente el mensaje y puedes completar sus palabras. O tienes una idea nueva que estás seguro de que a ti se te ocurrió, y abres un libro y allí la encuentras descrita. El cuerpo percibe señales que no están visibles, imagino que como la TV capta ondas que están en el aire y nuestros sentidos no las identifican.  En Constelaciones Familiares se ve que los cuerpos captan cosas que las mentes no saben. Que no tengamos aún una explicación satisfactoria de cómo pasa, no significa que no ocurra. Nuestro cuerpo es maravilloso y la central de comunicaciones más avanzada que haya existido nunca.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

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