Agradezco al ing. L. Jaime
Hernández L. el presente artículo. Dice así el ingeniero:
Leí con mucho interés su
artículo el indestructible amor de las familias y he escrito algunas
ideas sobre el mismo tema, que le envío.
El amor es
en esencia indestructible en las familias y eso es verdad. Ni siquiera en su
etimología, la palabra amor se puede separar en silabas con diferente
significado, pues la palabra amor en
latín es simplemente amor en nuestra lengua castellana.
Sin
embargo, en su manifestación y en la actitud, el amor debería ser no solamente
indestructible en esencia, sino incondicional en su vivencia dentro de nuestras
familias.
El amor
que nace como una emoción y que lo transformamos al hacerlo consciente en un
sentimiento, de manera directa se constituye en la motivación que nos anima a
actuar siempre buscando el genuino bienestar propio y de los demás.
Es el amor quien encuentra el primer obstáculo
en la convivencia fructífera en familia, cuando no aceptamos a los demás tal
como son. Es la palabra aceptación el eje, raíz y cimiento del amor
incondicional, cuando aceptamos a los miembros de nuestra familia tal como son,
reconocemos el derecho que cada uno de ellos tiene a ejercer su personalidad tal cual es,
es decir, entendemos como personalidad la forma habitual de ser, actuar,
sentir y pensar de cada uno de nuestros seres queridos.
Es
frecuente confundir la palabra aceptar como sinónimo de estar de acuerdo, y no;
al aceptar simplemente reconozco el derecho de mis seres queridos a ser como
son y a estar en donde están, a pensar cómo piensan y a actuar como lo decidan.
En este último punto, es deseable que su actuar sea en forma responsable, y si
no lo fuera, la propia persona es quien recibirá los efectos de su propia conducta,
ya que la palabra responsabilidad significa dar respuestas, y es conveniente
que éstas sean siempre orientadas al bien; siempre orientadas al amor.
De manera
más directa, al no aceptar a los demás como son, en realidad solo evidenciamos
que nosotros mismos no nos aceptamos
tal y como somos, ya que damos a
los demás solo lo que tenemos, nadie puede dar lo que no tiene, en otras
palabras; nuestras acciones son el espejo de nuestro interior, son una muestra
de nuestro inventario personal construido fundamentalmente por nuestro sistema
de creencias en general, las cuales dan vida a nuestros pensamientos y
acciones, son éstas las que nos hacen
juzgar a los demás con el rígido pensamiento de lo que ellos deben ser, más que
el de amarlos como son y aceptarlos sin condiciones.
No amarlos
incondicionalmente, es intentar de manera obsesiva que las conductas ajenas se
adapten a mi forma de pensar, se adapten a la visión que yo tengo de vida y a
la forma como creo que deben ser y actuar los demás.
Al decidir
aceptar a nuestra familia como es, en realidad estamos respetando no solo a las
personas, sino que estamos respetando a ellas y a la parte que ocupan en
nuestra realidad presente, por lo que solo con esta actitud podemos amar a
nuestros seres queridos, no solo de manera indestructible, sino de manera
incondicional, es decir; de manera plena, de manera que el vivir sea una
experiencia vivida con amor... y en el amor.
Ing.
L. Jaime Hernández L.
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