lunes, 4 de septiembre de 2017

VIVIR EN EL AMOR INCONDICIONAL



Agradezco al ing. L. Jaime Hernández L. el presente artículo. Dice así el ingeniero:
Leí con mucho interés su artículo el indestructible amor de las familias y he escrito algunas ideas  sobre el mismo tema, que le envío.
          El amor es en esencia indestructible en las familias y eso es verdad. Ni siquiera en su etimología, la palabra amor se puede separar en silabas con diferente significado, pues la palabra amor  en latín es simplemente amor en nuestra lengua castellana.
          Sin embargo, en su manifestación y en la actitud, el amor debería ser no solamente indestructible en esencia, sino incondicional en su vivencia dentro de nuestras familias.
          El amor que nace como una emoción y que lo transformamos al hacerlo consciente en un sentimiento, de manera directa se constituye en la motivación que nos anima a actuar siempre buscando el genuino bienestar propio y de los demás.
           Es el amor quien encuentra el primer obstáculo en la convivencia fructífera en familia, cuando no aceptamos a los demás tal como son. Es la palabra aceptación el eje, raíz y cimiento del amor incondicional, cuando aceptamos a los miembros de nuestra familia tal como son, reconocemos el derecho que cada uno de ellos tiene a ejercer su personalidad  tal cual es,  es decir, entendemos como personalidad la forma habitual de ser, actuar, sentir y pensar de cada uno de nuestros seres queridos.
          Es frecuente confundir la palabra aceptar como sinónimo de estar de acuerdo, y no; al aceptar simplemente reconozco el derecho de mis seres queridos a ser como son y a estar en donde están, a pensar cómo piensan y a actuar como lo decidan. En este último punto, es deseable que su actuar sea en forma responsable, y si no lo fuera, la propia persona es quien recibirá los efectos de su propia conducta, ya que la palabra responsabilidad significa dar respuestas, y es conveniente que éstas sean siempre orientadas al bien; siempre orientadas al amor.
          De manera más directa, al no aceptar a los demás como son, en realidad solo evidenciamos que nosotros mismos no nos aceptamos  tal  y como somos, ya que damos a los demás solo lo que tenemos, nadie puede dar lo que no tiene, en otras palabras; nuestras acciones son el espejo de nuestro interior, son una muestra de nuestro inventario personal construido fundamentalmente por nuestro sistema de creencias en general, las cuales dan vida a nuestros pensamientos y acciones, son éstas  las que nos hacen juzgar a los demás con el rígido pensamiento de lo que ellos deben ser, más que el de amarlos como son y aceptarlos sin condiciones.
          No amarlos incondicionalmente, es intentar de manera obsesiva que las conductas ajenas se adapten a mi forma de pensar, se adapten a la visión que yo tengo de vida y a la forma como creo que deben ser y actuar los demás.
          Al decidir aceptar a nuestra familia como es, en realidad estamos respetando no solo a las personas, sino que estamos respetando a ellas y a la parte que ocupan en nuestra realidad presente, por lo que solo con esta actitud podemos amar a nuestros seres queridos, no solo de manera indestructible, sino de manera incondicional, es decir; de manera plena, de manera que el vivir sea una experiencia vivida con amor... y en el amor.
Ing. L. Jaime Hernández L.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez



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