Antiguamente, sólo reyes y nobles guardaban registros de
su árbol genealógico. Posiblemente se consideraba que eran los únicos de los
que importaba guardar testimonio, por su “sangre azul”. El resto de la
población no teníamos para qué hacerlo, nada interesante se podría encontrar en
los “hechos anodinos” del vulgo, la plebe o la masa.
Qué bueno que este pensamiento ha cambiado; hoy no sólo
se reconoce la importancia y la dignidad de todo ser humano que está vivo, sino
también de aquellos que nos antecedieron y ya se fueron, así como de los múltiples
eventos que ellos tuvieron que vivir para que nosotros estemos hoy aquí y
seamos como somos. Sus historias explican parte de lo que nos sucede.
La Genealogía estudia la procedencia y la Psicogenealogía,
no sólo de dónde procede un individuo sino los sentimientos y patrones
transgeneracionales de su familia.
Freud, el padre del psicoanálisis, no le concedía
demasiada importancia a la genealogía, sin embargo afirmó que se requieren tres
generaciones para “obtener” un esquizofrénico. Esto significa que se van
conjuntando decisiones, eventos y circunstancias desde el tiempo de los abuelos
para que un nieto presente esta enfermedad, que no le pertenece exclusivamente
a él sino a toda la familia.
Lo anterior es válido también para el carácter, actitudes
e identificaciones. Si a cualquiera de nosotros nos preguntaran: “¿Para usted,
qué es ser una mujer y ser un hombre?”, responderemos pensando en los distintos
hombres y mujeres de la familia nuestra, no de una familia musulmana, mormona,
perteneciente a un harem o a un kibutz.
Podemos afirmar que todos somos, vivimos, trabajamos,
amamos u odiamos dentro de una combinación de las propias ambiciones
individuales y la influencia del inconsciente familiar. Nuestra identidad
necesita de los otros, especialmente de aquellos de quienes provenimos.
Es posible que el gran entusiasmo que ahora suscita la Psicogenealogía
se deba en parte a lo cambiante de nuestro mundo. Con la facilidad y pluralidad
de las comunicaciones, la necesidad a veces de residir en un país que no es el
natal, y la importancia desmedida que se da al individuo, la persona duda
acerca de quién es ella, se siente sin raíces.
Lo único estable es la propia procedencia, ya que hasta
la estructura de la familia está cambiando y también la manera de nacer. En
realidad la familia ha tenido formas de organización muy variadas a través del
tiempo y los lugares: clan, poligamia, poliandria, familia extendida, monoparental,
reconstituida y ahora la homosexual, pero ninguna novedad supera a la manera de
nacer. A la antigüita eran un hombre y una mujer que se unían físicamente y
engendraban un bebé, hoy los laboratorios hacen su parte y también los vientres
alquilados.
La genealogía permite a la persona que hace su árbol
genealógico entrar a conocer su propia configuración, porque todo lo mencionado
y mucho más tienen que ver con cómo es uno. En cada persona están viviendo sus
antepasados y sus historias. Por ejemplo, un hijo adoptivo tiene dos
genealogías: la biológica y la de la familia donde creció. Si quiere
comprenderse y amarse a sí mismo, necesita conocer y tomar sus eventos como
sucedieron.
También la psicoterapia se ha visto influenciada por esta
corriente. Cada vez más, en lugar de estudiar los problemas y desajustes de
este niño, este adolescente o esta pareja, se interesa por las angustias
transgeneracionales que ha vivido la familia completa, incluidos abuelos,
bisabuelos o más atrás, eventos de los que el vivo no tiene la culpa pero le
configuran un destino.
Dejo una dirección en Internet para aquellos interesados
en investigar su árbol genealógico. FamilySearch.org Se sorprenderán muchísimo de encontrar allí datos de sus
padres, abuelos, bisabuelos y más atrás.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al
teléfono 7 63 02 51
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