Mostrando entradas con la etiqueta abuelos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuelos. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de septiembre de 2018

GENEALOGÍA


Antiguamente, sólo reyes y nobles guardaban registros de su árbol genealógico. Posiblemente se consideraba que eran los únicos de los que importaba guardar testimonio, por su “sangre azul”. El resto de la población no teníamos para qué hacerlo, nada interesante se podría encontrar en los “hechos anodinos” del vulgo, la plebe o la masa.
Qué bueno que este pensamiento ha cambiado; hoy no sólo se reconoce la importancia y la dignidad de todo ser humano que está vivo, sino también de aquellos que nos antecedieron y ya se fueron, así como de los múltiples eventos que ellos tuvieron que vivir para que nosotros estemos hoy aquí y seamos como somos. Sus historias explican parte de lo que nos sucede.
La Genealogía estudia la procedencia y la Psicogenealogía, no sólo de dónde procede un individuo sino los sentimientos y patrones transgeneracionales de su familia.
Freud, el padre del psicoanálisis, no le concedía demasiada importancia a la genealogía, sin embargo afirmó que se requieren tres generaciones para “obtener” un esquizofrénico. Esto significa que se van conjuntando decisiones, eventos y circunstancias desde el tiempo de los abuelos para que un nieto presente esta enfermedad, que no le pertenece exclusivamente a él sino a toda la familia. 
Lo anterior es válido también para el carácter, actitudes e identificaciones. Si a cualquiera de nosotros nos preguntaran: “¿Para usted, qué es ser una mujer y ser un hombre?”, responderemos pensando en los distintos hombres y mujeres de la familia nuestra, no de una familia musulmana, mormona, perteneciente a un harem o a un kibutz.
Podemos afirmar que todos somos, vivimos, trabajamos, amamos u odiamos dentro de una combinación de las propias ambiciones individuales y la influencia del inconsciente familiar. Nuestra identidad necesita de los otros, especialmente de aquellos de quienes provenimos.
Es posible que el gran entusiasmo que ahora suscita la Psicogenealogía se deba en parte a lo cambiante de nuestro mundo. Con la facilidad y pluralidad de las comunicaciones, la necesidad a veces de residir en un país que no es el natal, y la importancia desmedida que se da al individuo, la persona duda acerca de quién es ella, se siente sin raíces.
Lo único estable es la propia procedencia, ya que hasta la estructura de la familia está cambiando y también la manera de nacer. En realidad la familia ha tenido formas de organización muy variadas a través del tiempo y los lugares: clan, poligamia, poliandria, familia extendida, monoparental, reconstituida y ahora la homosexual, pero ninguna novedad supera a la manera de nacer. A la antigüita eran un hombre y una mujer que se unían físicamente y engendraban un bebé, hoy los laboratorios hacen su parte y también los vientres alquilados.
La genealogía permite a la persona que hace su árbol genealógico entrar a conocer su propia configuración, porque todo lo mencionado y mucho más tienen que ver con cómo es uno. En cada persona están viviendo sus antepasados y sus historias. Por ejemplo, un hijo adoptivo tiene dos genealogías: la biológica y la de la familia donde creció. Si quiere comprenderse y amarse a sí mismo, necesita conocer y tomar sus eventos como sucedieron.
También la psicoterapia se ha visto influenciada por esta corriente. Cada vez más, en lugar de estudiar los problemas y desajustes de este niño, este adolescente o esta pareja, se interesa por las angustias transgeneracionales que ha vivido la familia completa, incluidos abuelos, bisabuelos o más atrás, eventos de los que el vivo no tiene la culpa pero le configuran un destino.
Dejo una dirección en Internet para aquellos interesados en investigar su árbol genealógico.  FamilySearch.org Se sorprenderán muchísimo de encontrar allí datos de sus padres, abuelos, bisabuelos y más atrás.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51

lunes, 10 de septiembre de 2018

VIVIR CON LOS ABUELOS


Abuelos y nietos hacen la vida más bella unos a otros y a los demás miembros de la familia. Son mutuos regalos de alegría, amor e inspiración. Sin embargo, es desaconsejable enviar a un hijo a vivir con los abuelos.

“Crecí como huérfana, sin serlo”, relataba una señora que, de niña, fue entregada a su abuela para que le hiciera compañía. Ésta tenía varios hijos que no vivían con ella pero la menor, cuando iba, le decía a la niña que se fuera para su casa y a la abuela, que estaba haciéndole un daño a la chiquilla manteniéndola lejos de sus padres. La mujer consintió en que su nieta regresara a la casa paterna por un tiempo. Para su sorpresa, los hermanos se sintieron incómodos con la presencia de la hermana y también ellos le decían que se fuera para su casa. Por eso ella se quejaba años más tarde: “Crecí como huérfana, sin serlo”, porque ninguna de las dos casas la sentía indiscutiblemente suya.

Es frecuente que el hijo o hija que crecen conviviendo con los abuelos sean ahí objetos de mimos y atenciones, mientras sus hermanos deben competir entre sí por el cariño de los padres y vivir las experiencias normales de toda familia, con sus altibajos. Luego, cuando los abuelos mueren, el o la ausente debe reintegrarse a un grupo que ya posee mucho en común, como hábitos, recuerdos, pleitos, alianzas, etc. Llega sin conocer las reglas del juego y, además, con la prohibición de recordar los buenos momentos pasados fuera de casa. Nada de: “Mi abuelita me compraba juguetes” o “mi abuelita me besaba antes de que me durmiera”, porque se considera traición que esté comparando negativamente a esta familia con la otra, e incluso que guarde añoranza.

Son muchos los motivos por los que unos padres entregan a un hijo a sus propios padres, y no forzosamente por comodidad. En ocasiones uno de los miembros de la pareja detesta al suegro o suegra que está en edad avanzada y vive en soledad, no acepta recibirle en su casa ni éste quiere irse de “arrimado”, los caracteres de alguno no compaginan con los de otro, no hay espacio, la situación socioeconómica no permite contratar a alguien que lo acompañe, y tantas circunstancias posibles que sería muy largo describir. Entonces, la solución más amorosa que se les ocurre es enviar a uno de los hijos con los abuelos; pero esta carga es demasiado grande para el menor, aunque la lleve con gusto y, a veces, salga ganando con el trato que recibe. Algunas familias lo solucionan turnando a todos los hijos a pasar tiempos cortos con ellos de manera que ninguno se sienta excluido de casa.

¿Qué puede hacer quien se encontró en un caso similar y se siente víctima o victimario de una injusticia que ya pasó? Como en tantas otras situaciones humanas que no tienen solución, hay que ubicarse en el presente, asumir la realidad y sanar el propio interior. 

Ubicarse en el presente es mirar lo que es y no lo que debiera haber sido, porque cuando algo sucede equivale a fijar la infinita variedad de posibilidades en una foto. Es lo que hay. Cada experiencia que miramos con malos ojos es una carga y, mirada con amor, se convierte en bendición.  “Así sucedió. Ese fue mi destino y mi colaboración al bienestar de la familia. Lo viví lo mejor que pude. Ahora saco ventaja de mi experiencia y la convierto en bendición”.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com


lunes, 16 de abril de 2018

MIS HIJOS NO QUIEREN CASARSE


Mis hijos ninguno son “nini” (que ni trabajan ni estudian) pero no se han casado y el más chico tiene 27 años. A veces digo que yo ya quiero que vuelen y hagan su vida, y mi esposo dice que si lo hacen voy a llorar y extrañarlos. Tiene razón, pero yo quisiera vivir la experiencia de ser abuela. A veces salimos a comer en familia y pienso: “Vamos los tres grandotes adelante y los viejillos atrás, como cuando eran niños”. Algo no va bien, no sé qué.
OPINIÓN
Hay hijos que tarde se les hace salir de casa, huyendo, casándose o como sea. Los tuyos están muy a gusto y no quieren irse. Cualquiera diría que es una situación ideal, pero tú sientes que algo no va bien.
Para comenzar, pueden felicitarse tú y tu esposo por haber logrado que su casa haya sido un hogar para todos sus miembros. Esa es la parte positiva. La otra, que los hijos por algún motivo estén postergando la toma de obligaciones, satisfacción y problemas de la edad adulta, merece ser mirado con detenimiento.
El caso de tus hijos no es raro, se está dando cada vez con mayor frecuencia que los jóvenes no quieran casarse, y los ya casados se divorcien. En internet leí un dato que no sé qué tan confiable sea: muchos jóvenes japoneses no incluyen en sus planes tener pareja, ni siquiera ocasional, y prefieren dedicarse al trabajo y la profesión. Parece una moda o un movimiento social que entre nosotros aún no llega a ese extremo.
Bert Hellinger, fundador de Constelaciones Familiares, dice que cualquiera puede encontrar pareja, pero lo distingue a “encontrar a un hombre o una mujer que se quede conmigo”, y agrega que a veces este asunto se relaciona con la historia familiar antigua.
Cristina LLaguno, en su libro “Constelar para sanar”, describe el caso de una mujer joven que no podía conservar a sus parejas. En la constelación se vio que la bisabuela murió de parto. La abuela tuvo a su primera hija a los 15 años, todavía sin recursos suficientes para dar a su hija lo que ella no pudo recibir de la suya, luego fue madre de esta mujer joven. Entre ellas no había una relación dramática, pero tampoco cercana. Hechos como estos no suelen salir en una psicoterapia tradicional; en cambio, en Constelaciones, el consultante vive el dolor de las mujeres de su familia, así como la imposibilidad que tuvieron para transmitir a sus hijas el permiso de tener relaciones satisfactorias con un hombre, y obtiene para sí el permiso de vivir de otra manera, dejando de repetir destinos de los que no tiene la culpa.
El ejemplo que estoy poniendo no necesariamente se vincula con lo de tu familia. Es imposible detectar qué es lo que pasa con tus hijos, habría que mirarlo. Mi recomendación es que hagas una Constelación Familiar para ti.
Como madre, desempeñas un papel fundamental dentro de la familia. La comprensión que  logres de las dinámicas internas los beneficiará a todos, a ti y a los demás, porque tu posición clave y estratégica te permite reparar vías, soltar nudos y confirmar permisos para que la vida fluya con toda libertad.
Hacer una Constelación de ninguna manera quiere decir que podemos torcer un destino u obligar a personas a que hagan lo que no quieren hacer. No. El constelador acompaña al consultante para que éste mire por sí mismo qué sucede dentro de su grupo familiar, honre lo que debe ser honrado, incluya lo que debe ser incluido y devuelva a cada dueño lo que le pertenece, de manera que queden libres de cargas que no son suyas y puedan tomar la vida tal como viene.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez





lunes, 5 de marzo de 2018

ESTAFETA EPIGENÉTICA



Cada uno de nosotros es la mejor versión de ser humano que su familia ha producido, el punto máximo de evolución logrado en su sistema familiar. Somos el fruto de lo que papá, mamá, nuestros abuelos y bisabuelos y demás ancestros vivieron; el producto de sus victorias y derrotas. Cualquier evento y la manera de vivirlo preparó no sólo el hábitat donde nacimos, sino que se convirtió en una de los millares de grabaciones y creencias que no inventamos ni descubrimos personalmente, sólo  las llevamos dentro como una continuación de la historia que ellos vivieron. 

¿Fueron eventos dichosos o desafortunados? ¿Nuestros ancestros lograron comprenderlos y asimilarlos, o les fue imposible? Todo lo que ellos gozaron o fueron incapaces de digerir, nos es dado como herencia, reto y materia prima que conforma nuestra personalidad, incluidos aquellos eventos cuya solución estaba fuera de su alcance y los afectaron, como las guerras, las hambrunas, la efervescencia poblacional, los cambios de gobierno… 

La Epigenética, ciencia que es rama de la Biología Molecular, ha encontrado pruebas de que la respuesta a un evento estresante activa el interruptor de un gen, que luego es heredado. Esto significaría que la evolución genética continúa como forma adaptativa a las circunstancias y que pasaremos a nuestros descendientes las experiencias de los eventos que hoy vivimos, solucionados y para solucionar. Serán su manera de pensar y conducirse, más lo que ellos logren avanzar por sí mismos.

A veces, las generaciones mayores suelen decir, “en mis tiempos todo era mejor”; pero no es posible sostener esas expresiones como verdaderas porque, en cada ser humano, la humanidad intenta evolucionar y mejorarse a sí misma. Esta humanidad se configura constantemente con el conjunto de acciones de las personas que la constituyen, o sea, nosotros. Así como una familia es y vive tal como sus miembros logran hacerla funcionar, igual las sociedades muestran los aciertos y desatinos de sus individuos. 

Las generaciones ahora viejas recibieron, al nacer, una humanidad atrapada en costumbres intrafamiliares que los jóvenes de hoy no las pueden creer; y además, doliente y herida por las guerras más atroces de la historia. Cierto, las familias se veían sólidas, pero a costa de grandes inhibiciones y  sufrimientos ocultos. No muchas eran felices ni apoyaban a todos sus miembros. 

Estas mismas generaciones ahora viejas lucharon denodadamente y obtuvieron numerosos cambios a favor de la vida y el bienestar de las personas y las familias. ¿Será exagerado decir que donde menos se ven transformaciones positivas es en la política? La juventud que recibe estos cambios ya realizados, ni idea puede formarse de lo difícil que fue obtenerlos, toman la estafeta y la pasarán a las que les siguen. ¿Cómo es la humanidad que hoy se entrega y se recibe? Una en búsqueda de formas nuevas de solucionar sus problemas, que también vive en la carne de sus miembros los aciertos y errores de estos. 

Quiere decir que al tomar decisiones que aumentan el propio bienestar, o tomarlas desafortunadas que ocasionan dolor y confusión, no sólo nos afectamos a nosotros mismos que hemos de vivirlas, sino a las generaciones que nos siguen y las recibirán tanto como aprendizaje por la convivencia, como adosadas a su paquete de ADN. 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez