Hace 3 años que tengo depresión. Voy al IMSS y me dan
pastillas pero yo lo que quiero es que me quiten el miedo a morirme. No salgo a
la calle porque me vaya a pasar algo. Estoy atendido pero me siento solo; de
mis dos hermanas, una murió y a la otra no la frecuento; y mi señora a cada
rato me recuerda que hice cosas. Sí las hice, soy AA y me da coraje haber
andado en esa vida de vino y mujeres, ahora quisiera poder hacer algo, no sé
qué, pero a nada me animo.
OPINIÓN
La depresión es un problema psicológico que se convierte
en físico y necesita de tratamiento constante. Éste debe seguirse
cuidadosamente. Los medicamentos ayudan, pero también pueden ayudar
determinados pensamientos. Recomendaré algunos que quizá te sean útiles.
Sin dejar tu tratamiento, ¿qué te parece comenzar con
cosas que en apariencia son pequeñitas? Parecen pequeñas porque no se ven, son
afirmaciones. Por ejemplo, con el pensamiento de morirte. Sabes bien que todos
vamos a morir, pero no pensamos en eso todo el día. Prueba a repetir en la
mente o hablado: Cuando me toque morir,
moriré; pero mientras tanto, hago de mi vida una cosa bonita y agradable.
Otro pensamiento útil es distinguir con claridad entre el
pasado y el presente.
El pasado ya se fue, no existe más que en el recuerdo. En
el pasado hiciste cosas, pero es en el presente donde te enojas por haber andado en esa vida. Anduviste, ya
no andas. Ahí hay una diferencia. En lugar de enojarte (que de nada sirve) puedes
dedicar tus esfuerzos mentales a quedar libre de remordimientos, porque los
remordimientos reclaman un castigo, y a veces los castigos son tan graves como
sentirse uno paralizado y demasiado triste.
¿Cómo se quitan los remordimientos?
Mencionas que eres AA. Entonces, debes estar familiarizado con los pasos 4º. y 5º. del programa: “Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos”, y “Admitimos ante un Poder Superior, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros defectos”. Si no tienes padrino, consíguete uno con el que te sientas en confianza para que te escuche y te ayude a realizar ambos pasos.
La anterior es una opción. Los creyentes tienen otra: confesarse y dejar sus pecados en manos de Dios. Si tienes fe, ésta es una magnífica oportunidad de quedar libre. Entregas tus cargas a Dios, Él adquiere tus deudas y se encarga de pagarlas, tú te limitas a rezar por las personas que heriste para que Dios las bendiga. Pero necesitas fe y disposición para dejarlas ir.
Un sacerdote me contaba que había una viejita que cada semana se confesaba de lo mismo, hasta que él le dijo: “Eso ya está perdonado, confiésese de otras cosas, ¿o no cree que Dios puede perdonarla?” A lo que la señora contestó: “Claro que Dios puede perdonarme, padre, soy yo la que no me perdono”. Ella no tenía disposición para dejar ir sus remordimientos.
A esto me refiero con que necesitas fe, a que creas que Dios es más grande y más bueno que tú y por eso puede y quiere perdonarte y dejarte libre. Sin dicha fe, confesarte no te serviría de nada; seguirías cargando tus cargas para siempre. Es solución para creyentes, no para descreídos.
Otra posibilidad de quedar libre de tus cargas es decir “lo siento” a las personas que te importan. Quizá quieras decírselo a tu esposa o a alguien más: “Siento mucho haberte lastimado y me gustaría, en adelante, tratarte bien y hacer algo que te guste y favorezca”. Quizá a ella le guste que le sonrías y le des las gracias cuando te atiende, que recojas tu ropa o tus cosas después de usarlas, que te levantes y des unos pasos tú solo, o lo que se te ocurra que le haga más ligera la tarea de cuidarte.
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