Con el propósito de dar relevancia a este
día, comienzo con un poco de historia acerca del origen de la Psicología en
México. Como sabemos, dicha profesión está vinculada al estudio de la conducta,
emociones y salud mental, aspectos sumamente importantes en la salud integral
del ser humano.
En nuestro país, la formación de psicólogos
inició en 1937, cuando la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) estableció la carrera de Psicología. Para
1956, dicha casa de estudios ya impartía el doctorado en la citada
especialidad.
La Universidad Iberoamericana fue la primera institución
privada en ofrecer la carrera de Psicología, en 1950. Adquirió el
reconocimiento oficial para que los alumnos obtuvieran la cédula profesional hasta
1974 y para 2003, ya había otorgado 64 000 cédulas profesionales.
En nuestro estado, la Universidad de
Guanajuato creó la carrera de Psicología dentro de la Escuela de Medicina de
esta ciudad en 1978, por iniciativa de su entonces director el doctor Manuel
Madrazo y de la psicóloga Carmelita Badillo. Por ese tiempo, aquí, aún se
miraba a la Psicología con desconfianza. Tuve el honor de participar junto con
Carmelita en la creación de planes de estudio, exámenes de admisión, perfil del
egresado y reclutamiento de personal. Nuestra primera aula estaba en el tercer
piso del edificio y la llamaban “el palomar”, porque eso parecía. Las materias
de Psicología las impartíamos Carmelita Badillo, Salvador Aguilar y yo, psicólogos,
y el doctor psiquiatra Ortiz Escudero. Las materias relacionadas con el cuerpo
las impartían otros médicos de la misma escuela.
Al día de hoy, el psicólogo es un profesional
de la salud mental cuya trayectoria y preparación en el ámbito de los problemas
humanos, sociales, educativos, legales, éticos, de salud e investigación, le han
permitido el posicionamiento como un experto del comportamiento y de la
promoción del desarrollo individual y social. El psicólogo puede ser
considerado un agente de cambio, ya que
posibilita que el individuo, a través de la psicoterapia, sea capaz de
interiorizar en sí mismo e inducir aquello que fortalezca su calidad de vida y
de interacción con otros y la sociedad. También es importante incluir al
psicólogo entre los profesionales que administran primeros auxilios, en este
caso, emocionales.
En pleno siglo XXI y en medio de una
situación crítica como es la pandemia asociada al COVID-19, el quehacer del psicólogo gira en
torno a temas de salud, económicos, políticos, sociales y adaptativos, entre
otros. En este contexto, los medios tecnológicos y de comunicación brindan al
profesional de la psicología la oportunidad de ayudar a establecer nuevas
reglas y estrategias para generar condiciones de vida que atenúen los contagios,
amortigüen esta crisis y canalicen el sufrimiento humano de una manera más
asertiva, así como atender la ansiedad y angustia que ocasiona el caos
mediático en torno a esta pandemia, a
nivel mundial.
La doctora Catalina Harrsch Bolado, en su
libro “La Identidad del psicólogo“, hace referencia a no perder el rumbo en
nuestro quehacer como psicólogos, porque como profesionales de la salud mental
no estamos exentos de padecer problemas personales o de salud, como cualquier
individuo. Por ello, es conveniente que trabajemos nuestra propia salud
emocional mediante un proceso de introspección a través de la psicoterapia.
¡Felicidades a todos los Psicólogos por su
día! Vale felicitar a nuestros colegas y a las Universidades y Centros de
Estudios que los forman, al Consejo Coordinador de Colegios de Profesionistas
(CCCP), organismo encargado de agremiar a Colegios y Profesionistas, y también a esta columna abierta “Psicología”,
donde el mayor interés consiste en la divulgación de esta disciplina.
Agradezco la
colaboración de la Psic. Irma
Campos Escalante, directora del Instituto de Desarrollo Humano de León, A.C.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes
participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
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