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lunes, 23 de mayo de 2011

MIEDOS Y FE

Mi problema es que tengo miedos: de hablar, de salir a la calle, de conseguir un trabajo y que alguien hable de mi pasado o suelte rumores sobre mi alcoholismo. Leí su artículo que habla de Dios, porque entiendo que se refiere a Dios cuando dice Sabiduría. Allí dice que uno necesita entregarse y tener fe. Yo tengo fe, creo en Él y también tengo fe en que voy a amanecer mañana, pero no aprendo a vivir el día, me acuerdo de mis errores y ellos me derrumban. Estoy seguro de que necesito ayuda y no sé cómo comenzar. Quiero cambiar porque me siento demasiado mal y arrepentido.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.

lunes, 4 de abril de 2011

MATRIMONIO DE POR VIDA

Mi matrimonio está prendido con alfileres por causa de mi mujer, ella tiene pensamientos que a mí no me van, dice que nos casamos muy jóvenes y es cierto, ella de 16 y yo de 20, pero eso no justifica lo que dice, que le hace falta vivir la etapa que se brincó porque no tuvo adolescencia ni juventud ni oportunidad de terminar su carrera, quiere estudiar, salir con amigas y descansar por un tiempo de unas obligaciones que tomó a una edad en que no estaba preparada, exige que yo acepte o le dé el divorcio. Los niños, tenemos tres, por ahora están unos días con mi mamá y otros con la mamá de ella. Yo fui educado en la creencia de que el matrimonio dura hasta que la muerte nos separe, pero ella dice que eso es un chantaje, y le digo que tenemos la obligación moral de seguir juntos y seríamos irresponsables si nos dejáramos.
RESPUESTA
Existe un ideal muy difundido, que el matrimonio debe durar de por vida. No cabe duda que esto es grande y muy bello, cuando se logra. Actualmente, cada vez ocurre menos.
Vivimos dentro de un movimiento social que nos supera y arrastra, por el que muchos matrimonios terminan. Sentimos la tentación de compararlos con el ideal mencionado y condenarlos. También nos percibimos culpables por no poder realizar dicho ideal. Estamos hablando de uno de los temas que más duelen en la actualidad y que las religiones, los gobiernos, los adelantos tecnológicos y científicos, las asociaciones filantrópicas, etc. no han podido disminuir o contener.
¿Qué es un ideal? Es una construcción mental que motiva a las personas, a través de una interpretación de la realidad.
Los ideales pueden ser acertados o equivocados, y de todas maneras mover las conductas hacia donde ellos apuntan. A través de la historia podemos contemplar ideales que fueron poderosos y proporcionaron “sentidos de vida” en su tiempo, que ya no funcionan, como el de creer que la tierra era plana y centro del universo. Un día, alguien salió con “el absurdo” de que se trataba de una esfera y giraba alrededor del sol, ¡qué blasfemia! Ignorantes y eruditos de la época defendieron la creencia que cimentaba sus vidas, y se preguntaban: ¿acaso puede haber más “tierras”?, ¿otras creaciones?, ¿y la redención qué?, ¿también allá mandó Dios a su Hijo?, ¿o no pecaron? La humanidad tardó casi dos siglos en asimilar el nuevo ideal o explicación, y mientras tanto, surgía un nuevo mundo: América. Incógnitas similares: Sus habitantes ¿tienen alma?, ¿son hijos de Adán y Eva, o hubo varios paraísos terrenales?, ¿es lícito esclavizarlos como bestias? El ideal de evangelizar a los indígenas condujo a su casi extinción. Más cerca en el tiempo, otro ideal, el de la super raza, acarreó una guerra mundial. Debió ser muy traumático para los sobrevivientes que lo sustentaban, comprobar que la “super raza” perdía la guerra y debía ocupar un lugar común entre los demás seres humanos.
Hoy la historia nos presenta una incógnita igualmente dura y difícil de resolver. El ideal en el que crecimos reza así: la familia está formada por padre, madre e hijos; pero en la práctica, niños tienen dos “papás” o dos “mamás” y dos o más casas donde vivir, los adultos reclaman para sí el derecho de tener vidas individuales después de haber sido padres, los homosexuales el de adoptar hijos, y la familia parece estar adquiriendo una fisonomía más variada. ¿Conocemos la solución? No. ¿Crees que tu mujer rectificaría si yo contestara que debe volver y hacerse cargo de su familia? Posiblemente no. Creo que necesitas otros métodos.