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martes, 4 de junio de 2013

ENTRE COLEGAS


Este viernes asistí a una reunión que alimentó mi alma, eran psicólogos egresados de la Universidad de Guanajuato. Yo formé parte de las remembranzas; se recordó de qué manera comenzó la Escuela de Psicología, dentro de la de Medicina, con el doctor Manuel Torres Madrazo como director y Carmelita Badillo y yo como las psicólogas fundadoras, ¡de esto hace ya 35 años!, que de allí emigramos a un local con dos aulas y mobiliario para niños en la calle Palmas, luego a la calle Tepeyac, donde parecíamos socios de  “Nieves El Ánsar”, porque ocupábamos la parte del fondo; después estuvimos en Álvaro Obregón, en el edificio de la antigua preparatoria. Yo me despedí de la escuela en este punto, porque tenía dos hijos pequeños y debía optar entre estar con ellos o seguir cumpliendo con las vertiginosas obligaciones que se derivaban de la enseñanza. Después, la escuela volvió a emigrar a Paseo de las Rosas, y por último, al actual Campus León, donde forma parte de Ciencias de la Salud.

En la reunión, todos nos presentamos ante los demás, algunos  de los asistentes eran de las primeras generaciones y me encantó que nos dimos un abrazo, luego de décadas de no vernos. Supe que ya son 2000 los que han completado su carrera en la Universidad, ¡2000 personas trabajando en pro del desarrollo humano, qué maravilla!, y que muchos tienen la inquietud de permanecer en contacto unos con los otros. Hubo lluvia de ideas y se abrió un sitio en Facebook, donde podremos aportar trabajos realizados, investigaciones, fotografías y cuanto se nos ocurra. Me alegré de haber aprendido a usar el Facebook, si no, me habría quedado fuera.  El sitio se llama “Egresados Psicología UG”. Si alguno de los queridos lectores conoce a un egresado de la Escuela de Psicología de la Universidad de Guanajuato, podría decirle que se integre y comparta con nosotros algo de sí mismo: su foto, cómo está, dónde trabaja, cómo es su familia, qué le gustaría que hiciéramos en común y tantas cosas más que pueden ser de interés.

Cuando terminó la reunión e iba yo camino a casa, con el alma saturada de recuerdos, me di cuenta de que la vida nos da oportunidad a manos llenas para cometer aciertos y errores. Había estado en contacto con uno de mis aciertos: participar de la fundación de la Escuela. ¡Cuánto placer se siente entonces de mirar atrás!, ¡y cuánto placer de convivir con colegas que comparten un mismo destino, la profesión! A muchísimos de mis ex alumnos no los he vuelto a ver, andan en alguna parte cumpliendo con sus tareas, de acuerdo a las circunstancias que les está ofreciendo la vida. A todos les mando un saludo cargado de afecto y de agradecimiento, ¡me nutrieron de tantas maneras durante el tiempo que nos tocó convivir! Espero que les haya sido tan grato como para mí el haber caminado juntos un trecho del camino, y si para alguno resultó desagradable y no pude estar a la altura de sus necesidades, le digo: “lo siento, mi intención era buena, hice lo mejor que pude, tal como lo pude hacer”. Cada vez me convenzo más de que las personas entregamos a las otras personas aquello que somos, sin que nos sea posible aumentar ni disminuir o disimular nuestra realidad. Muchas gracias a mis ex alumnos por el tiempo de convivencia, les deseo lo mejor a todos y cada uno.

Aprovecho para invitar a todos el próximo miércoles 12 de junio a las 8 pm. a la charla informativa que me toca impartir, el tema será “Autoimagen y autoestima”, es entrada libre y comenzamos puntualmente. Los espero.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 23 de mayo de 2011

MIEDOS Y FE

Mi problema es que tengo miedos: de hablar, de salir a la calle, de conseguir un trabajo y que alguien hable de mi pasado o suelte rumores sobre mi alcoholismo. Leí su artículo que habla de Dios, porque entiendo que se refiere a Dios cuando dice Sabiduría. Allí dice que uno necesita entregarse y tener fe. Yo tengo fe, creo en Él y también tengo fe en que voy a amanecer mañana, pero no aprendo a vivir el día, me acuerdo de mis errores y ellos me derrumban. Estoy seguro de que necesito ayuda y no sé cómo comenzar. Quiero cambiar porque me siento demasiado mal y arrepentido.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.