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lunes, 3 de septiembre de 2018

DEPRESIÓN


Hace 3 años que tengo depresión. Voy al IMSS y me dan pastillas pero yo lo que quiero es que me quiten el miedo a morirme. No salgo a la calle porque me vaya a pasar algo. Estoy atendido pero me siento solo; de mis dos hermanas, una murió y a la otra no la frecuento; y mi señora a cada rato me recuerda que hice cosas. Sí las hice, soy AA y me da coraje haber andado en esa vida de vino y mujeres, ahora quisiera poder hacer algo, no sé qué, pero a nada me animo.

OPINIÓN

La depresión es un problema psicológico que se convierte en físico y necesita de tratamiento constante. Éste debe seguirse cuidadosamente. Los medicamentos ayudan, pero también pueden ayudar determinados pensamientos. Recomendaré algunos que quizá te sean útiles.

Sin dejar tu tratamiento, ¿qué te parece comenzar con cosas que en apariencia son pequeñitas? Parecen pequeñas porque no se ven, son afirmaciones. Por ejemplo, con el pensamiento de morirte. Sabes bien que todos vamos a morir, pero no pensamos en eso todo el día. Prueba a repetir en la mente o hablado: Cuando me toque morir, moriré; pero mientras tanto, hago de mi vida una cosa bonita y agradable.

Otro pensamiento útil es distinguir con claridad entre el pasado y el presente.

El pasado ya se fue, no existe más que en el recuerdo. En el pasado hiciste cosas, pero es en el presente donde te enojas por haber andado en esa vida. Anduviste, ya no andas. Ahí hay una diferencia. En lugar de enojarte (que de nada sirve) puedes dedicar tus esfuerzos mentales a quedar libre de remordimientos, porque los remordimientos reclaman un castigo, y a veces los castigos son tan graves como sentirse uno paralizado y demasiado triste.

¿Cómo se quitan los remordimientos?

 

Mencionas que eres AA. Entonces, debes estar familiarizado con los pasos 4º. y 5º. del programa: “Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos”, y “Admitimos ante un Poder Superior, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestros defectos”. Si no tienes padrino, consíguete uno con el que te sientas en confianza para que te escuche y te ayude a realizar ambos pasos.

 

La anterior es una opción. Los creyentes tienen otra: confesarse y dejar sus pecados en manos de Dios. Si tienes fe, ésta es una magnífica oportunidad de quedar libre. Entregas tus cargas a Dios, Él adquiere tus deudas y se encarga de pagarlas, tú te limitas a rezar por las personas que heriste para que Dios las bendiga. Pero necesitas fe y disposición para dejarlas ir.

 

Un sacerdote me contaba que había una viejita que cada semana se confesaba de lo mismo, hasta que él le dijo: “Eso ya está perdonado, confiésese de otras cosas, ¿o no cree que Dios puede perdonarla?” A lo que la señora contestó: “Claro que Dios puede perdonarme, padre, soy yo la que no me perdono”. Ella no tenía disposición para dejar ir sus remordimientos.

 

A esto me refiero con que necesitas fe, a que creas que Dios es más grande y más bueno que tú y por eso puede y quiere perdonarte y dejarte libre. Sin dicha fe, confesarte no te serviría de nada; seguirías cargando tus cargas para siempre. Es solución para creyentes, no para descreídos.

 

Otra posibilidad de quedar libre de tus cargas es decir “lo siento” a las personas que te importan. Quizá quieras decírselo a tu esposa o a alguien más: “Siento mucho haberte lastimado y me gustaría, en adelante, tratarte bien y hacer algo que te guste y favorezca”. Quizá a ella le guste que le sonrías y le des las gracias cuando te atiende, que recojas tu ropa o tus cosas después de usarlas, que te levantes y des unos pasos tú solo, o lo que se te ocurra que le haga más ligera la tarea de cuidarte.

 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 

 

 


lunes, 19 de agosto de 2013

CONSTELACIONES FAMILIARES Y ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS


En su libro “Diario de un alma”, Su Santidad Juan XXIII escribió que, para él, Alcohólicos Anónimos era el mejor descubrimiento del siglo XX; AA estaba demostrando que curaba a sus miembros del alcoholismo, aunque personas ajenas opinaran que no era posible que ex alcohólicos reunidos se sanaran unos a otros, sobre todo porque no poseían formación profesional sobre la conducta. Hoy, en todas las naciones del mundo existen grupos AA que brindan atención gratuita a quienes la soliciten.

Sin que yo aspire a tener la formidable autoridad de Juan XXIII, tengo la visión de que Constelaciones Familiares es otro magnífico invento o descubrimiento del siglo XX, con un futuro similar al de AA: pronto, en todas partes del mundo habrá grupos constelando y reconciliando a las personas consigo mismas y con su origen.  

Me gusta encontrar similitudes y diferencias entre ambos movimientos: los dos se auto-definen independientes de toda religión, tendencia política e instituciones, sin ser enemigos de ellas; cada grupo conserva su autonomía, pero es alimentado con literatura, teoría y experiencias de otros grupos por un centro que continúa investigando; sus fundadores no son “gurúes” que exijan obediencia o impongan dogmas, solamente exponen hechos observables que pueden ser confirmados con la experiencia; ninguno de los dos establece pre requisitos académicos, sociales y culturales para la admisión, aunque obviamente éstos tendrán influencia en los resultados, y los grupos se reúnen por afinidad entre sus miembros; ambos movimientos confían y respetan el proceso individual del desarrollo, proporcionan recursos a la persona y se mantienen fuera  de su historia; es decir, no asumen por nadie la responsabilidad que le pertenece. Y entre las diferencias más evidentes está el método: en Constelaciones Familiares hay un consultante, lo cual es distinto a “subir a tribuna”; se utilizan los representantes para establecer una comunicación que podríamos llamar “plástica” o “perceptiva” entre el consultante, miembros de varias generaciones de su sistema familiar, y el facilitador; esto no existe en AA. El objetivo en AA es liberarse de una adicción; en Constelaciones, sacar a la luz aquello que obstruye el flujo natural del amor y, de ser posible, remover el obstáculo.

En Constelaciones Familiares, el sistema familiar es lo esencial, lo que nos otorga identidad, el primer sitio donde amamos y en el que aprendemos las maneras de relacionarnos con nosotros y con el mundo; por tanto, es en la familia donde ha de manifestarse nuestro desarrollo y tendremos oportunidad de amar con un amor que también es espiritual. Ésta es la actitud que se favorece en Constelaciones Familiares; los “cómo” siguen perteneciendo a la psicoterapia, y el cuidado directo del cuerpo físico, a la medicina.

El próximo 6 de septiembre iniciaremos nuestro diplomado en Constelaciones Familiares. Está dirigido a personas que desean trabajar a fondo su actitud hacia sí mismas y toda su familia, aunque ésta no asista o no le interese saber; que desean una reconciliación interior y con sus sistemas familiares, de manera que su descendencia reciba con mayor amplitud el amor que necesita. Al despejar obstrucciones en uno solo de los miembros de una familia, todos los demás resultan beneficiados.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

lunes, 23 de mayo de 2011

MIEDOS Y FE

Mi problema es que tengo miedos: de hablar, de salir a la calle, de conseguir un trabajo y que alguien hable de mi pasado o suelte rumores sobre mi alcoholismo. Leí su artículo que habla de Dios, porque entiendo que se refiere a Dios cuando dice Sabiduría. Allí dice que uno necesita entregarse y tener fe. Yo tengo fe, creo en Él y también tengo fe en que voy a amanecer mañana, pero no aprendo a vivir el día, me acuerdo de mis errores y ellos me derrumban. Estoy seguro de que necesito ayuda y no sé cómo comenzar. Quiero cambiar porque me siento demasiado mal y arrepentido.
RESPUESTA
Los humanos vivimos de fe. La mayor parte de lo que pensamos y creemos es fe. Fe en los científicos cuando hablan de bacterias, pues no tenemos microscopio para verlas y que nos conste. Fe en que la oruga pasará por tal calle a tal hora, pues no sabemos con seguridad si lo hará esta vez, sin embargo la esperamos en la parada… La llamo fe, porque no es posible que nos cercioremos absolutamente de todo y nos vemos obligados a creer lo que nos entrega el filtro de nuestra interpretación.
Los miedos son fe al revés: en lugar de estar uno convencido de que algo bueno está por suceder, se espera lo malo con igual convicción.
Tú tienes miedos; esperas lo peor. Intuyo que tu interpretación actual es más o menos así: “He cometido demasiados errores; por lo tanto, sólo puedo esperar eventos desgraciados”. Como la fe mueve montañas, exactamente así sucederá. Siempre recibimos lo que nuestra fe solicita, aquello para lo cual tenemos ojos. No podemos ver lo demás, aunque esté presente. Necesitas cambiar el contenido de tu fe.
¿Cómo se hace? Modificando la interpretación. En lugar de: “mis errores me condenan”, puedes pensar que ellos son detonadores de un interés urgente por descubrir lo esencial. Sin tus errores, probablemente continuarías, por inercia, en la trayectoria que te marcaron eventos ocurridos durante la infancia o más atrás, en la historia familiar antigua, que probablemente ni siquiera conoces. Todos somos producto y encarnación de las experiencias de nuestros padres, abuelos, bisabuelos…, y nacemos con la posibilidad de dar un giro, para bien o para mal, en el rumbo que determinaron los estilos de vida que nos fueron inculcados.
Cambiar el contenido de la fe es pasar del pensamiento “estoy mal, en todo me va mal y sólo puede irme peor”, a este otro: Mi Poder Superior me conoce, me toma como soy, me enseña y conduce hacia mi bien. Sólo pide que yo esté disponible para Él transformar mi vida”.
Tomé el concepto anterior de la literatura de AA. Te recomiendo asistir a estos grupos, en ellos podrías comprobar que otras personas han cometido errores similares a los tuyos y se propusieron renacer, transformando sus equivocaciones en fuerza y determinación, a través de un programa de doce pasos que han practicado millares de individuos que se sentían como te sientes tú. Podrías observar a los recién llegados, con su carga de miedos y remordimientos. A los que llevan un tiempo practicando el descubrir un universo nuevo, con estilos de vida nuevos. También a los que asisten a pocas sesiones y se marchan, decidiendo que eso no es para ellos y prefieren “malo por conocido que bueno por conocer”. Te darías cuenta de que es más fácil conservar la desdicha y la desesperación, que confiar las riendas de la propia vida a un Poder Superior que conduce a todos a su mayor bien.