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lunes, 8 de octubre de 2012

LA FUERZA DEL ESPÍRITU


Mis papás tienen 38 años de casados y nunca la llevaron muy bien que digamos, sin embargo estuvieron juntos, pero mi papá se fue de la casa, ya de 59 años, y tuvo una hija por ahí a los 57,  mi mamá se puso enferma no sé si de tristeza o del coraje, dice que tanto aguantarlo para que ahora salga con esto. Lo que yo más lamento es el ejemplo que están teniendo mis hijos, no sé cómo explicarles y temo que lo vean como normal.

RESPUESTA

Un psicólogo e investigador muy famoso, Bateson, decía que un problema nunca se resuelve en el nivel en que se planteó; su solución exige llegar a un nivel superior. ¿Cuál? Se le puede llamar “conexión con el Espíritu”, es decir, estar conectado con Aquel que da el mismo amor a todo lo que existe y “hace salir el sol sobre buenos y malos, justos e injustos”. Significa que, para integrar y superar lo que describes, todos ustedes necesitarán acceder a ese nivel superior; de lo contrario, no hay solución posible y todos seguirán afectados, también tus hijos. ¿Cómo se accede?

En cuanto asentimos a un conflicto, crisis, enfermedad o la vida tal como se presentan, entramos en resonancia con la fuerza del Espíritu; esto es, crecemos, sanamos y nos transformamos en una poderosa fuerza de sanación que eleva la frecuencia de todos y de todo lo que vibra con nosotros.

Este asentimiento muchas veces nos parece irracional: ¿acaso debemos estar de acuerdo con la injusticia?, ¿deberíamos quedarnos sin hacer nada? Y decimos: “¡De ninguna manera!”. Entonces, nos aplicamos a cambiar o detener el curso de las cosas, con el mismo éxito que si quisiéramos detener o modificar un caudaloso río. Después de enorme gasto y esfuerzo, tenemos que comprobar que el río tiende a seguir su cauce original.

Hacernos cargo de conflictos que ya pasaron, o que sus verdaderos dueños dejaron sin resolver, solamente nos inmiscuye en una situación sin salida y nos obliga a repetir una y otra vez las reacciones no deseadas, ahora en nuestra propia vida. ¿Qué significa?

Los verdaderos dueños del conflicto que describes son tu papá y tu mamá, a ellos les toca hacer o no hacer algo. Ustedes, los hijos y nietos, solamente serán afectados si se inmiscuyen. ¿Cómo nos inmiscuimos? Reclamando, juzgando, condenando, queriendo hacer algo para que las cosas sean diferentes de como son, apropiándonos de una responsabilidad que no nos corresponde. Ellos, los dueños, han tomado u omitido decisiones en sus vidas; las consecuencias son suyas. Nadie, aparte de ellos mismos, debe hacerse cargo de dichas consecuencias.

Tú temes por tus hijos y el ejemplo que están recibiendo; pero ésta es una magnífica oportunidad para que ellos aprendan de ti el respeto y el contenerse frente a una situación que no les toca resolver. Es un hecho que nacieron en este planeta y en él deben vivir. Contiene multitud de eventos agradables y desagradables. Tú no puedes crearles otro mundo a tu gusto; o aprenden a convivir con el bien y el mal, o toda la vida estarán quejándose de la injusticia. La fuerza del Espíritu nos permite actuar como Él: dejando que nuestro amor alumbre también a aquellos que no nos gusta lo que hacen.

 

 

 

 

 

 

domingo, 19 de agosto de 2012

DOBLE VÍNCULO


Hacia 1956, en la Universidad de Stanford y en Palo Alto, California, se encontraron varios terapeutas e investigadores famosos de la época, todos de muy alto nivel, algunos  aprovechando su año sabático, (Gregory Bateson, Jay Haley, John Weakland, Don Jackson, Paul Watzlawick, Virginia Satir, y otros), para intercambiar y confrontar puntos de vista de disciplinas diferentes. Ellos propusieron por primera vez el concepto de “double bind”, que fue traducido como “doble vínculo”, y que muchos opinan debería haberse llamado “doble coacción”. ¿De qué se trata?
Es un concepto complejo que presupone otros dos, también complejos: 1) Las familias son sistemas, y 2) Cada familia busca conservar su propio equilibrio tal como está, sin que importe si dicho equilibrio beneficia o perjudica a alguno de sus integrantes. Para conservarlo, exige de sus miembros determinadas conductas y actitudes. El resultado es que los individuos pertenecientes a ella no siempre pueden explicar por qué sienten y se comportan y como lo hacen, aun si les llegara a quedar claro que sus sentimientos o acciones les disgustan o dañan.
El “doble vínculo” es una explicación de lo anterior. ¿Cómo funciona?
Una persona revestida de autoridad exige a una subordinada que cumpla una orden imposible de cumplir. La subordinada se esfuerza por obedecer y al hacerlo se siente inadecuada; pero hay una segunda orden, secreta, que le prohíbe darse cuenta de que se le está exigiendo algo absurdo. Si llegara a notarlo y protestar, el grupo la consideraría rebelde, loca o incongruente, pues a fin de conservar su “equilibrio” sin enmiendas,  necesita que ella permanezca atorada, patinando y sin percibir su situación. Daré dos ejemplos.
Unos padres ordenan a su hijo: “Di siempre la verdad”. El niño se esfuerza por obedecer. Un día advierte que su mamá está borracha y enuncia lo que ve, con voz clara y audible, entonces ella contesta, disgustada: “No es cierto”, y el padre pone fin a la discusión diciendo: “No quiero saberlo, y tú, no se lo digas a nadie”. El doble vínculo se esconde en la palabra “siempre”, junto con el acuerdo de ocultar lo evidente.

Otros padres dicen a su hijo (o hija): “¡Si fueras un mejor niño…!” El pequeño se esforzará por obedecer, lo cual en este caso implica, por un lado, jamás sentirse un “mejor niño” y por otro, esforzarse indefinidamente por ser lo que no es: un mejor niño. La orden es tan nebulosa que resulta casi imposible discernir que la palabra “mejor” implica dos calidades, una inferior actual y otra superior futura, esta última inalcanzable, porque aun cuando alguien “mejore” siempre habrá un nuevo escalón qué alcanzar y nada será suficiente.

Quizá alguno de los lectores ha descubierto que en su familia existen “dobles vínculos” en la comunicación (los hay en todas las familias y son difíciles de identificar) y quiera escapar de ellos. Este artículo es una invitación a un cambio profundo en la formas de interactuar, mediante la asistencia a un diplomado en Constelaciones Familiares que dura dos años y tiene lugar todos los viernes y alternados los sábados. En el diplomado se aprende cómo mirar a la familia sin renegar de ella y al mismo tiempo, vivir la propia vida con libertad.
En vista de que las familias son sistemas, es posible que se den cambios en ellas por el aprendizaje de uno de sus miembros; sin embargo, lo que principalmente se espera es que la persona pueda convivir armoniosamente donde le tocó estar, nacer y crecer.
En el segundo caso descrito más arriba, probablemente serviría una frase como ésta: “Queridos papás, por favor, miren con buenos ojos que yo sea lo que soy, lo cual no significa que he dejado de quererlos a ustedes”.
Informes en  psicologa.dolores@gmail.com