Mis papás tienen 38 años de casados y nunca la llevaron muy
bien que digamos, sin embargo estuvieron juntos, pero mi papá se fue de la
casa, ya de 59 años, y tuvo una hija por ahí a los 57, mi mamá se puso enferma no sé si de tristeza
o del coraje, dice que tanto aguantarlo para que ahora salga con esto. Lo que
yo más lamento es el ejemplo que están teniendo mis hijos, no sé cómo
explicarles y temo que lo vean como normal.
RESPUESTA
Un psicólogo e investigador muy famoso, Bateson, decía que
un problema nunca se resuelve en el nivel en que se planteó; su solución exige
llegar a un nivel superior. ¿Cuál? Se le puede llamar “conexión con el Espíritu”,
es decir, estar conectado con Aquel que da el mismo amor a todo lo que existe y
“hace salir el sol sobre buenos y malos, justos e injustos”. Significa que, para
integrar y superar lo que describes, todos ustedes necesitarán acceder a ese
nivel superior; de lo contrario, no hay solución posible y todos seguirán
afectados, también tus hijos. ¿Cómo se accede?
En cuanto asentimos a un conflicto, crisis, enfermedad o la
vida tal como se presentan, entramos en resonancia con la fuerza del Espíritu;
esto es, crecemos, sanamos y nos transformamos en una poderosa fuerza de
sanación que eleva la frecuencia de todos y de todo lo que vibra con nosotros.
Este asentimiento muchas veces nos parece irracional: ¿acaso
debemos estar de acuerdo con la injusticia?, ¿deberíamos quedarnos sin hacer
nada? Y decimos: “¡De ninguna manera!”. Entonces, nos aplicamos a cambiar o
detener el curso de las cosas, con el mismo éxito que si quisiéramos detener o
modificar un caudaloso río. Después de enorme gasto y esfuerzo, tenemos que
comprobar que el río tiende a seguir su cauce original.
Hacernos cargo de conflictos que ya pasaron, o que sus
verdaderos dueños dejaron sin resolver, solamente nos inmiscuye en una
situación sin salida y nos obliga a repetir una y otra vez las reacciones no
deseadas, ahora en nuestra propia vida. ¿Qué significa?
Los verdaderos dueños del conflicto que describes son tu
papá y tu mamá, a ellos les toca hacer o no hacer algo. Ustedes, los hijos y
nietos, solamente serán afectados si se inmiscuyen. ¿Cómo nos inmiscuimos?
Reclamando, juzgando, condenando, queriendo hacer algo para que las cosas sean
diferentes de como son, apropiándonos de una responsabilidad que no nos
corresponde. Ellos, los dueños, han tomado u omitido decisiones en sus vidas;
las consecuencias son suyas. Nadie, aparte de ellos mismos, debe hacerse cargo
de dichas consecuencias.
Tú temes por tus hijos y el ejemplo que están recibiendo;
pero ésta es una magnífica oportunidad para que ellos aprendan de ti el respeto
y el contenerse frente a una situación que no les toca resolver. Es un hecho
que nacieron en este planeta y en él deben vivir. Contiene multitud de eventos
agradables y desagradables. Tú no puedes crearles otro mundo a tu gusto; o aprenden
a convivir con el bien y el mal, o toda la vida estarán quejándose de la
injusticia. La fuerza del Espíritu nos permite actuar como Él: dejando que
nuestro amor alumbre también a aquellos que no nos gusta lo que hacen.
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