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martes, 13 de mayo de 2014

LA FIESTA DE LA VIDA


Pasó el 10 de mayo. Tuvimos oportunidad de festejar a mamá y decirle cuánto la queremos. En cada casa hubo motivo suficiente para estar de fiesta, porque todos y cada uno tenemos a nuestra madre, viva o muerta. Es ella, no podemos tener a otra. Por eso decimos, sin temor a equivocarnos, que para cada cual, la suya es la mejor mamá del mundo; haber nacido el hijo o hija de su seno la hace única. ¿Y las madres adoptivas, qué? ¿No merecen la misma fiesta? Por merecimiento, sí, quizá más y con un mayor amor y gratitud, porque dieron al hijo lo que la madre biológica no pudo darle, sean cuales fueren las circunstancias. Pero no me estoy refiriendo al merecimiento, sino a la vida. Cada vez que una mujer engendra, gesta y pare a un ser humano, es un día de fiesta que pone de manifiesto el misterio que nos hace preguntar: ¿qué es estar vivos?, ¿podemos nosotros crear la vida y darla a otro ser, o solamente la comunicamos, ateniéndonos a las leyes que ella misma impone?

Mamá es destino. Papá también. No podríamos ser lo que somos naciendo de otros padres; los genomas de ellos nos conforman, 50% mamá y 50% papá. Así estamos configurados. Que lo festejemos con gusto o no, es otro cantar. Y si después el destino determinó que fueran ellos quienes nos cuidaran y educaran, qué bueno. Pero a veces determina lo contrario, y aquí emergen las figuras maravillosas de la madre y el padre adoptivos, que toman un genoma ajeno y lo cuidan como si fuera propio. Son muestras de que el ser humano también puede ser magnífico y generoso.

He oído opiniones de que para ser madre o padre no basta con engendrar y parir, que también cuenta lo que le sigue: las noches sin dormir, el amor, el apoyo, el alimento, la vivienda digna, la educación… Estas cosas hacen falta para ser padres responsables y amorosos, pero no se necesitan para ser padres a secas. Es más fácil corresponder con amor, respeto y gratitud a los primeros; pero  a los segundos, a los padres a secas ¡qué cantidad enorme de sentimientos encontrados en el hijo, que no lo dejan vivir bien y en paz! El hijo no pidió que ellos fueran los ingredientes de su propio genoma y la puerta que lo trajo a la vida, pero por más que diga: “¡Esa no es mi madre, no se lo merece!”, o “¡Ese no es mi padre, reniego de cualquier cosa que me venga de él!”, sólo dice palabras. Palabras llenas de dolor y de toda clase de emociones, pero palabras al fin. Los hechos son que su madre y su padre son parte de su destino, y que tomándolos tal como son, toma la vida tal como le toca y puede evitarse infinidad de dolores de cabeza. Amará su sí mismo y hará muchas cosas buenas y hermosas en el planeta. Lo contrario, resistirse a tomar a mamá o a papá tal como son y a la vida tal como se la dieron, al precio que al hijo le cuesta y a los padres les costó, resistirse, digo, es pretender modificar un pasado que ya no está en manos de nadie ni puede ser cambiado; es cargar una carga imposible de llevar; es llenarse de inconformidad y resentimiento y contribuir a que el planeta los tenga aún más, ¡como si le faltaran! Festejar la vida es festejar que nacimos y estamos vivos.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

martes, 17 de septiembre de 2013

AUTOESTIMA VOLUNTARIA


Tengo 30 años y me considero una persona con una autoestima "media", ya que no siempre me atrevo a expresar mi opinión, me cuesta trabajo tomar decisiones y no soy capaz de establecer relaciones de amistad duraderas. Mi familia era muy criticona y burlona conmigo por mi aspecto físico, mi mamá aun lo sigue siendo, creo que también tiene baja su autoestima. Quiero romper esa cadena generacional y que mi niña no sufra de lo mismo, que goce de una alta confianza en sí misma y para ello debo tenerla yo también. He mejorado mucho a través de la lectura y de la ayuda de mi esposo, él sí goza de una buena autoestima, pero aún tengo ese huequito que falta por llenarse y constantemente me estoy autocriticando. ¿Qué consejos o ejemplos me puedes dar para aumentar mi autoestima?

RESPUESTA

Cuando dices “autoestima media”, imagino que te refieres a que eres como somos la mayoría de los humanos, que no siempre nos atrevemos a expresar nuestra opinión, nos cuesta trabajo tomar decisiones y establecemos muy pocas relaciones duraderas; es decir, con la familia, que aunque tuviera enredos nunca se destruye, y con escasos amigos muy cercanos, los demás son más bien conocidos o compañeros, aunque los llamemos amigos. También imagino que no te gusta “ser del montón” y crees que, autocriticándote, un día lograrás volverte ¿perfecta?, ¿super-humana?,  ¿sobre-natural? o cómo se diga que no eres como los demás hombres. ¿Voy bien? Y que tu aspiración es que tu hija sí sea, desde ahora y para toda su vida, la perfecta super-humana o sobre-natural que a ti te ha sido negado ser. Y que tu esposo ya es, en tu imaginación, un perfecto super-humano o sobre-natural. Eso entiendo.

Mejor vamos a replantear tu pregunta: mi mamá es criticona, yo soy criticona sobre todo conmigo misma y no quisiera que mi hija fuera como somos mi mamá y yo... ¿Voy mejor, o todavía no? Quién sabe. Bueno, creo que preferiré un poco de teoría.

Las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre cualquier otra cosa, son ideas; es decir, conclusiones intelectuales que a veces sí y a veces no, concuerdan con la realidad. Muchas ideas pueden ser descabelladas, como: tengo que ser perfecta, si no soy perfecta (o bonita, delgada, simpática, etc.) no merezco ser amada y podríamos poner millones de ejemplos más. Estas ideas, por ser conclusiones que obtenemos a lo largo de la vida, difícilmente pueden ser cuestionadas por nosotros mismos; son nuestras creencias y las expresamos diciendo: “yo creo que…” Al parecer, así somos los humanos.

Diferente a las ideas es nuestra parte afectiva. Ésta “reacciona” a los eventos con emociones y sentimientos. ¿Cómo? Comparando cada hecho con dos “modelos” que tenemos grabados adentro, uno que proviene de la biología y el otro de las ideas. Por ejemplo: voy caminando, tropiezo y me lastimo una rodilla. La biología informa con dolor físico: aquí hubo un raspón. Las ideas me dicen multitud de cosas: que soy atolondrada, imprudente, ridícula... Mi parte afectiva toma en cuenta todo lo anterior y reacciona con emociones: Pobrecita de mí, cuánto me duele el raspón (compasión o conmiseración); Fíjate, tonta (perfeccionismo lastimado); Todos me vieron (vergüenza, culpa) y tantas posibilidades más. Aquí lo importante es distinguir entre ideas y emociones; o sea, entre pensamientos y afectos. Las imágenes sobre nosotros mismos pertenecen al pensamiento, y la autoestima pertenece a los afectos.

Volviendo al primero y segundo párrafos, supongamos que el patrón allí descrito existe en alguna persona, aunque no seas tú. Estaríamos hablando de imágenes, ideas o pensamientos. La  persona en cuestión sólo podría liberarse de todo eso decidiendo en su interior: “Aunque soy imperfecta, de todas maneras elijo amarme y ser siempre mi propia mejor amiga”, entonces tendría autoestima, sin necesidad de llegar a la perfección que su sistema de ideas le exige. Conclusión: la autoestima buena o mala depende de la ELECCIÓN VOLUNTARIA de tener amor u odio hacia uno mismo (afectividad), y no de la buena o mala autoimagen (intelecto) que nos hayamos forjado.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

 

lunes, 5 de agosto de 2013

HERENCIA Y EXPERIENCIA


Aquella novia con la que me casé, procreé dos hijos y pensé envejecer juntos, ya no existe, hace siete años tuvo un cambio de orientación sexual y el consiguiente quebranto de nuestra unión; su pareja es una lesbiana rica y su terapeuta, que aprueba esta relación, su íntima amiga. Yo hace tres meses que no veo a mi hijo, de nueve años, desde la mañana siguiente a la noche en que éste llegó llorando a tocar a mi puerta, pidiéndome quedarse conmigo. Su madre golpeaba mi portón con una piedra formando un escándalo y el niño me decía: “Papá, ¿por qué me tocó esta mamá?, ¿por qué me tocó esta vida? ¡Yo no tengo la culpa! Papá, yo soy tímido con los malos. Papá, ya no quiero ir a esa escuela, tú me metes a otra, por favor, papá”. Le di de cenar, lo acompañé a hacer la tarea, se durmió (yo no, hasta la fecha tengo insomnio), lo llevé a la escuela y cuando fui a recogerlo, no me lo entregaron. Su madre cambió de domicilio para evitar que el niño vuelva a escapar. Pienso que para un padre, el ver a su hijo no es un derecho, ¡es un deber!

Creo que estás consciente de la extremada dificultad para emitir una opinión y que ésta necesariamente será incompleta.

En tu relato muestras tu amor y preocupación por tu hijo; también: desencanto, sentido de haber sido traicionado, desprecio por la trayectoria de tu ex mujer, coraje contra la terapeuta que aprueba esta relación lésbica, impotencia para hacerla que cambie, desesperación por no ver a tu hijo, sensación de ser víctima de una injusticia, convicción de que ella está utilizando al niño para castigarte, terror de que ella siga haciéndole un daño irreparable… podría continuar describiendo los contenidos de tu corazón, pero voy a centrarme en el elemento más débil de la tríada: el niño, que depende de la herencia y de la experiencia para desarrollarse bien.

Por herencia, él es 50% tú y 50% su madre; ustedes están en su interior y no hay manera de modificarlo. Tu hijo es la encarnación del amor que existía entre ustedes en el momento de la concepción, cuando olvidaron todo para estar juntos; de ese amor nació y lo inmortaliza, aun si antes o después se convirtieran en enemigos. Y la experiencia: padre y madre son el principal medio ambiente del hijo: pueden vivir juntos o separados y llevarse bien o mal. El hijo es receptivo y configura su personalidad internalizando la paz o la guerra, de modo que un 50% suyo ama u odia al otro 50%, dando lugar a una buena autoestima, o a una mala. Los problemas escolares y sociales toman significado de la manera como ustedes los interpreten, sus reacciones son la plataforma de lanzamiento de toda actividad mental del niño, ahora y en el futuro. Los contenidos de tu corazón, y los de la madre, son el medio ambiente que el niño interioriza, sin que pueda evitarlo.

Tu papel de padre es fundamental para tu hijo. Así como su madre le proporciona una imagen de sí y de cómo debe relacionarse consigo mismo, tú serás quien lo invite a tomar el riesgo de abandonar el nido e introducirse -con o sin éxito- en el mundo exterior, social y de trabajo. También le enseñarás en qué consiste ser varón y de qué manera se relacionan los hombres con las mujeres. Esto jamás podrá enseñarlo una madre; nosotras no sabemos lo que es ser hombre, siempre los vemos desde afuera.  

Temo que sientas que mi opinión se anduvo por las ramas, porque en ningún momento me referí a los “cómo hacer”. Si deseas aprender estos “cómo”, te invito al Diplomado en Constelaciones Familiares. Dura dos años y está configurado para lograr reconciliaciones profundas consigo mismo y en la propia familia.

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martes, 30 de julio de 2013

ESTABILIDAD


Tenemos a mi nieto de 5 años porque su mamá es madre soltera, lo tuvo muy jovencita, de 17, ahora tiene 22 y trabaja, el papá desde un principio no quiso hacerse responsable. El niño primero estuvo en un kínder que lo tuvimos que sacar a causa de un viaje que después no se hizo; luego pasó al actual, está cursando segundo; para tercero debe volver a cambiar  porque no hay cupo en el que está. Mi pregunta es si le convendría más que lo metiéramos a terminar el kínder en una escuela grande, con primaria, para que ya no tenga más cambios, pero tiene la desventaja de ser grande y el niño no está acostumbrado a los grupos numerosos, o tal vez sea mejor regresarlo a donde hizo primero, que ya lo conoce, pero tendría que salir al terminar el año.

RESPUESTA

Describes cuánto desean el bien de tu nieto, los cambios de escuela que ha debido tener, que comprenden que el adaptarse a un nuevo grupo cada año puede afectar su proceso de socialización y estabilidad. Noto el amor y el cuidado que ponen en el niño.

Al decir “tenemos a mi nieto”, ¿a quiénes te refieres?, ¿a la mamá y a ti?, ¿a ti y tu esposo?, ¿a los tres?

Lo que da estabilidad a un ser humano es la familia, sobre todo la madre, luego sigue el padre, a continuación los abuelos, y por último, la escuela. Todos tienen algo que aportar y desempeñan papeles importantes en que un niño sepa que tiene su propio lugar, uno que nadie más puede ocupar y que en el futuro se llamará identidad, destino o vocación. La madre y el padre son los fundamentales, por eso me pregunto: ¿qué opina la mamá respecto al cambio de escuela?, ¿y el papá?

Sin profundizar en la situación de que el padre no está presente para ocupar su lugar, me referiré a los que sí están: tu hija, madre del niño, tú y tu esposo. Ustedes representan la estabilidad para tu nieto. Las situaciones de afuera cambian: un año tendrá una maestra y después otra, se hará de unos amigos, los dejará y adquirirá otros, terminado el kínder lo dejará para ir a primaria, luego a secundaria y en fin, que no existe la estabilidad total, pero sí la continuidad; es decir, la familia, a la que uno pertenece para siempre. Siempre. Siempre. Hasta en los apellidos del propio nombre está presente. Si nos faltara un apellido, nos fue negado, pero es nuestro. Lo que es, es y será aunque alguno de todos muera. Aunque se vaya a otro lado. Los padres son padres y los hijos son hijos. Eso es lo que uno es, un ente en constante modificación que no deja de ser uno mismo. Esto es lo estable.

Quizá estés pensando que no respondo a tu pregunta de si a tu nieto le conviene un kínder u otro. Esa decisión, buena o mala, debe tomarla tu hija, porque ella es la madre del niño. Tanto él como ustedes deben conformarse con lo que ella decida, incluso si no les gustara, porque de este modo estarán respetando su lugar de madre. Te repito que estos lugares no cambian, y si uno intentara forzarlos a cambiar, no lo lograría, pero introduciría una profunda inestabilidad emocional. Lo mismo si uno quisiera suplir a la madre y hacer por el hijo lo que ella debe hacer; eso atenta contra la estabilidad. Junto al respeto de los lugares en familia, lo del cambio de escuela pasa a ser poco importante; total, si una escuela no es buena para un alumno, se cambia de escuela, ¿pero de familia?, ¿puede uno cambiarse?, ¿y los lugares en la familia, pueden modificarse? Nunca; aunque uno se cambiara de nombre. Aunque renegara de los padres que lo trajeron a la vida. Aunque se fuera al otro confín de la tierra para huir de los conflictos con ellos, los llevará consigo a donde vaya. Eso no cambia, es lo estable.

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martes, 7 de mayo de 2013

ESPOSA O MADRE


Siento que he perdido pie, no sé qué debo hacer. Hace 7 meses mi esposo comenzó a llegar muy tarde oliendo a vino, decía que por trabajo, y hace un mes me confesó que hay otra mujer en su vida, su secretaria. No le armé un tango, de hecho no supe qué contestarle, no estamos impuestos a discutir y me desagrada hacerme la odiosa. Le conté a una amiga y ella me aconseja paciencia, que el tiempo trabaja a mi favor porque llevamos 15 años de casados y tenemos dos hijas. Pero mi paciencia se agota, más que él me pidió que lo dejara pasar el fin de semana con ella. Por supuesto que me disgusté y le pregunté qué onda, cómo queda la relación entre nosotros dos. Cedí contra mis deseos, se fue y volvió más cariñoso que nunca, ya no me acordaba lo maravilloso que era estar con él, no quiero perderlo y no sé cómo saber si esto es una aventura que terminará de por sí o si hay algo que yo pueda hacer para que acabe.

RESPUESTA

¿Estás triste?, ¿preocupada?, ¿con ira?, ¿decepcionada?, ¿temerosa del futuro?, ¿tienes dolor?, ¿cuáles son tus sentimientos? No los mencionas. Los sentimientos nos dan información acerca de nosotros mismos, nos ponen en contacto con nuestro interior, son energía disponible para que podamos hacer lo que sea necesario. Si los conocemos, podemos atenderlos, manejarlos y utilizarlos; si no, explotan de cualquier manera, incluso destructiva. A veces son tan grandes que nos asustan y volvemos nuestra mirada hacia otra parte, con deseos de que, ignorándolos, desaparezcan. No desaparecen.

Tus sentimientos son importantes. La primera persona que debe reconocer su importancia es la propia dueña; si tú los pasas por alto, sin darte cuenta invitas a los demás a que tampoco los consideren dignos de aprecio. Tengo duda sobre si fue tu esposo quien comenzó a dejar de pensar en ti y en lo que sientes, o si fuiste tú. Necesitas ayuda profesional para recobrar la conciencia de tu importancia.

Por otro lado, me pregunto hasta qué punto sueles expresar tu amor cuidando del bienestar de la otra persona y olvidándote del tuyo, como se hace con los hijos. Una mamá cansada y con sueño, de todas maneras se levanta para amamantar y cambiar a su bebé, así es el amor maternal; la madre sabe que necesita dormir y que ella es la encargada de su propio bienestar, sin embargo, lo pospone en aras de que su niño esté bien y cómodo. Estas manifestaciones de amor son adecuadas para con un pequeño de corta edad, mas no para con un adulto. Tratarlo como se trata a un niño es no tomar en cuenta su dignidad de adulto, no respetarla. Me pregunto cuál es tu lugar en esa relación, porque tu esposo te está haciendo las confidencias que en todo caso se harían a una madre, no a una esposa; te pide permiso de tener una aventura como si tú fueras su autoridad. Existen madres que realizan grandes sacrificios para poder proporcionar al hijo algún viaje o algún juguete que él pide, con tal de no verlo llorar. Si hicieras una constelación familiar acerca de tu relación, posiblemente descubrirías y acomodarías muchas cosas para ubicarte en el sitio que te corresponde.

Ahora una invitación: hoy, miércoles segundo de mes, toca charla informativa mensual, el tema es “Tomar la vida”, entrada libre, los esperamos a las 8pm en San Sebastián 408, La Martinica.

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lunes, 25 de marzo de 2013

LA FAMILIA ES PRIMERO


Las personas no son individuos aislados. Desde al nacer, fueron necesarios un hombre y una mujer para que cada una entrara en este mundo. Y a ese grupo pertenece: su familia. Los demás grupos llegan y se van; la familia permanece aún más allá de la muerte: no cambiamos de padre o de madre cuando éstos abandonan el planeta, ellos siempre serán nuestros padres, y nosotros sus hijos.

Somos de nuestra familia y ésta forma parte de nosotros; papá es nuestro 50% y mamá el otro 50%. Dentro de nosotros está una duplicación física y mental de ellos, combinada y en relación. No nos es dado cambiarla, sobre todo la parte física; heredamos sus rasgos y propensiones, son nuestro destino, con nuestra herencia hemos de convivir.

Es posible que nuestros padres de carne y hueso vivan en paz entre sí siempre, a veces, o nunca. Los duplicados mentales de ellos, que viven en nuestro interior y nos constituyen, tienden a continuar en nosotros el tipo de relación que los de carne y hueso establec ieron para ellos, y entonces, nosotros  nos amaremos o no con facilidad, llegaremos a acuerdos o desacuerdos con nosotros mismos, inclusive podríamos llegar a odiarnos. Tal situación es lo automático y programado que hemos recibido. Y aquí interviene la conciencia o capacidad que tenemos de darnos cuenta y poder hacer algo al respecto. Antes de adquirir dicha conciencia somos como robots inteligentes que logran poner puntos y comas, ruidos y silencios, a la ejecución preestablecida; pero una vez conscientes, podemos elegir nuestra actitud hacia lo descrito y la manera como papá y mamá mentales se comportarán en nosotros. Quizá optemos por decirles: “Papá, mamá, en mí ustedes encuentran la paz y yo he de amarlos tal como son”, o a lo mejor decidamos que la guerra debe continuar, y diremos: “Me molesta como soy”, “No me agrado”, “Nadie podrá quererme nunca”.

Lograr la reconciliación de cada persona consigo misma es un logro increíblemente bueno, y para llegar a él, es necesario que primero se reconcilie con su destino. Nuestros padres son destino. Es preciso tomarlos tal como son, dejar con ellos (de carne y hueso) sus decisiones de armonizar o pelear entre sí y abstenernos de intervenir; ésta es una manera clara y asertiva de manifestar que ya hemos nacido y somos personas nuevas y distintas, que podemos optar por otras formas de relación que no son la misma que nuestros padres eligieron. Pero esto debe ser elegido, no se da en automático. En automático tendemos a repetir los contenidos que recibimos.

Vayamos al salón de clases. Si en él se respeta esta estructura básica, los niños transforman por completo la visión que tienen de su casa paterna y de la escuela, de sus relaciones con sus maestros y con otros niños, así como con la adquisición de conocimientos. También los docentes  transforman la idea que tienen de su misión, cuando dejan de ver como mundos separados al educando y su familia, y a la escuela, ciudad y país. Sería muy deseable que la escuela ayudara a que los niños tomen y amen a sus padres tal como son, y aprendan cómo establecer su paz interior, con ellos y consigo mismos.

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lunes, 4 de marzo de 2013

DERECHOS EN FAMILIA


Estoy muy triste porque mi familia se desbarató. Yo hace tiempo que estaba consciente de que había problemas y muchas veces llegué a aconsejarles que se separaran por lo menos un tiempo, creía que era lo mejor, pero a estas alturas del partido, mi papá alcohólico y mi mamá enferma, los dos solos, visitarlos por separado y verlos tan necesitados de cuidados, me enojo de pensar que se dedicaron a destruir a toda la familia y ahora quieren que nosotros seamos amorosos con ellos y pues a mí no me sale; yo sí los visito, los regaño a veces, les doy consejos pero me fastidia verlos que siguen igual y dicen cosas que no deberían con una hija, voy con ellos por un deber, consciente de que la familia está destruida.

RESPUESTA

Estás triste. No es bonito sentirse uno triste, preferiríamos vivir alegres. Pero las cosas no resultaron como te gustaría y te aflige pensar que tu familia está destruida. Quizá quieras entender tu tristeza y encontrar la forma de aliviarla. Existen algunos hechos básicos que nos fortalecen y en ocasiones alegran, o por lo menos, ubican.

Nada puede destruir a la familia; es decir: el hijo siempre será hijo de sus padres, aunque éstos murieran, se fueran lejos e inclusive ignoraran que son los padres. Igualmente los hermanos, abuelos, tíos o primos; jamás podrán dejar de serlo. Quizá alguno de los miembros sienta que no pertenece o lo niega, pero esto sería falso, subjetivo y de sentimiento. Lo que es, es. Reconocer lo que es da plenitud.

Comprobar que dentro de nuestra familia no se da plenamente la armonía nos pone tristes, enojados o frustrados, porque todos quisiéramos que en la nuestra hubiera paz, sus miembros se sintieran unidos, vivieran juntos o se frecuentaran. A veces no es posible. Cuando mamá y papá no se ponen de acuerdo, los hijos tienden a sentirse en conflicto dentro de sí mismos. Cómo no, si cada uno de nosotros somos mitad papá y mitad mamá. Y además tenemos derecho de amarlos por igual. Contra este derecho no existe nada que pueda interponerse de verdad. Quizá uno de los progenitores exija del hijo o hija que lo acompañe a enojarse en contra del otro, y éste, por amor a ese padre o madre que ordena lo que no debe ordenar, o prohíbe lo que nunca debió prohibir, accede y da cabida en su corazón al rechazo; sin embargo, la evidencia es que tal obstrucción ocasiona dolor, tristeza y sufrimiento, porque subterráneamente prevalecen el derecho y la necesidad de amar tanto al papá como a la mamá. Toda necesidad no satisfecha ocasiona malestar a la persona.

¿Qué puedes hacer a tu favor? Sabiendo que tu familia no corre peligro de ser destruida, quizá puedas estar de acuerdo en que tus padres han hecho lo mejor que han podido, y resultó menos de lo que esperabas de ellos. “A estas alturas del partido” tal vez te harás el ánimo a aceptar que ellos nunca llenarán tus expectativas, no pueden. Por bien tuyo, puedes dejar en sus manos la responsabilidad de ser como son y tú solamente ayudarlos con sus achaques, renunciando a la expectativa de que podrías cambiarlos. No necesariamente va a agradarte lo que decidirán hacer con sus vidas, pero no tiene por qué gustarte o disgustarte, no es tu problema; déjalos que ellos solos se hagan cargo de las consecuencias de sus actos.

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lunes, 8 de octubre de 2012

LA FUERZA DEL ESPÍRITU


Mis papás tienen 38 años de casados y nunca la llevaron muy bien que digamos, sin embargo estuvieron juntos, pero mi papá se fue de la casa, ya de 59 años, y tuvo una hija por ahí a los 57,  mi mamá se puso enferma no sé si de tristeza o del coraje, dice que tanto aguantarlo para que ahora salga con esto. Lo que yo más lamento es el ejemplo que están teniendo mis hijos, no sé cómo explicarles y temo que lo vean como normal.

RESPUESTA

Un psicólogo e investigador muy famoso, Bateson, decía que un problema nunca se resuelve en el nivel en que se planteó; su solución exige llegar a un nivel superior. ¿Cuál? Se le puede llamar “conexión con el Espíritu”, es decir, estar conectado con Aquel que da el mismo amor a todo lo que existe y “hace salir el sol sobre buenos y malos, justos e injustos”. Significa que, para integrar y superar lo que describes, todos ustedes necesitarán acceder a ese nivel superior; de lo contrario, no hay solución posible y todos seguirán afectados, también tus hijos. ¿Cómo se accede?

En cuanto asentimos a un conflicto, crisis, enfermedad o la vida tal como se presentan, entramos en resonancia con la fuerza del Espíritu; esto es, crecemos, sanamos y nos transformamos en una poderosa fuerza de sanación que eleva la frecuencia de todos y de todo lo que vibra con nosotros.

Este asentimiento muchas veces nos parece irracional: ¿acaso debemos estar de acuerdo con la injusticia?, ¿deberíamos quedarnos sin hacer nada? Y decimos: “¡De ninguna manera!”. Entonces, nos aplicamos a cambiar o detener el curso de las cosas, con el mismo éxito que si quisiéramos detener o modificar un caudaloso río. Después de enorme gasto y esfuerzo, tenemos que comprobar que el río tiende a seguir su cauce original.

Hacernos cargo de conflictos que ya pasaron, o que sus verdaderos dueños dejaron sin resolver, solamente nos inmiscuye en una situación sin salida y nos obliga a repetir una y otra vez las reacciones no deseadas, ahora en nuestra propia vida. ¿Qué significa?

Los verdaderos dueños del conflicto que describes son tu papá y tu mamá, a ellos les toca hacer o no hacer algo. Ustedes, los hijos y nietos, solamente serán afectados si se inmiscuyen. ¿Cómo nos inmiscuimos? Reclamando, juzgando, condenando, queriendo hacer algo para que las cosas sean diferentes de como son, apropiándonos de una responsabilidad que no nos corresponde. Ellos, los dueños, han tomado u omitido decisiones en sus vidas; las consecuencias son suyas. Nadie, aparte de ellos mismos, debe hacerse cargo de dichas consecuencias.

Tú temes por tus hijos y el ejemplo que están recibiendo; pero ésta es una magnífica oportunidad para que ellos aprendan de ti el respeto y el contenerse frente a una situación que no les toca resolver. Es un hecho que nacieron en este planeta y en él deben vivir. Contiene multitud de eventos agradables y desagradables. Tú no puedes crearles otro mundo a tu gusto; o aprenden a convivir con el bien y el mal, o toda la vida estarán quejándose de la injusticia. La fuerza del Espíritu nos permite actuar como Él: dejando que nuestro amor alumbre también a aquellos que no nos gusta lo que hacen.

 

 

 

 

 

 

martes, 4 de septiembre de 2012

VOLVER AL AMOR QUE SANA


¿Qué pasa cuando alguien sabe que su mamá le pintó el cuerno a su papá y sospecha que un hermanito no es hijo de él?

RESPUESTA

¿Tu pregunta es hipotética? Voy a suponer que no y que se trata de tu caso o de algún amiguito o amiguita tuyo. Por lo pronto, pueden pasar dos cosas: que ese “alguien” esté en lo cierto, o equivocado. Sin embargo, para la persona que sospecha lo que describes, da lo mismo que sea verdad o una invención de su mente, sufrirá igual, porque ese pensamiento ya se instaló en él, o ella.

¿Y qué le pasa? Lo primero es que se siente tremendamente amenazado de perder a papá y mamá, de que su propio lugar deje de existir y de que su medio ambiente más cercano se vuelva caótico. El hijo o hija pone en duda su propia identidad, lo cual es aterrador. En otras palabras, se le puede hacer un trauma, lo cual sucedería si el reto resultara superior a sus fuerzas.

¿Hay algo que se puede hacer para evitar, o para sanar, un trauma como éste? Sí, muchas cosas.

De niña me gustaba leer historietas. En una de ellas encontré una afirmación que se me quedó grabada en calidad de duda: que en otras galaxias existían humanos tan adelantados que podían sanarse a sí mismos con el poder del pensamiento.  Con el tiempo resultó que esta afirmación es verdadera, y que los humanos de ahora podemos sanar de los traumas (o enfermar) teniendo determinados pensamientos; esto es la base de la psicoterapia en cualquiera de sus formas. La persona a la que se refiere tu pregunta necesita ayuda profesional, para que adquiera pensamientos que la fortalezcan y la pongan en posibilidad de vivir una vida satisfactoria, a pesar del “episodio traumático”. No puede salir por sí misma y sería un error que dijera: “Yo lo hago”, o “yo me aguanto”, porque lo más probable es que se sienta empujado o empujada a actuar, de acuerdo con lo que siente. Y lo que siente está impregnado de coraje, deseos de acusar, de destruir lo que le hiere y tantos más, cuando lo que subyace es un amor  herido y amenazado.

En mi opinión, antes o durante la psicoterapia, esta persona necesitaría hacer una o más constelaciones de su familia. En Constelaciones Familiares podemos ver que el amor a la familia es siempre muy profundo, el más profundo que podemos tener en esta tierra, pero circunstancias como la que describes hacen olvidar lo anterior y “disfrazan” dicho amor como odio, rencor, resentimiento, desconfianza y muchos otros sentimientos que enferman. Vemos que un hijo jamás deja de ser el hijo de sus padres, aunque éstos murieran, se alejaran o hicieran algo malo o incomprensible; que un hijo no puede resolver los problemas de sus papás aunque lo intentara, y necesita mantenerse al margen, sin adjudicarse una responsabilidad que no le corresponde.

Mientras este hijo o hija encuentra un buen terapeuta, posiblemente le sea provechoso repetir en su interior: “Papá, mamá, yo soy su hijo y jamás dejaré de serlo”.

Este viernes iniciaremos un diplomado en Constelaciones Familiares para personas que desean acomodar sus vidas y vivir en el amor. Está abierto a todo público.
 

 

 

 

lunes, 22 de agosto de 2011

ME DIVORCIARON



A mí me divorciaron y veo a mis hijos cada vez que la mamá quiere, porque se los llevó a otra ciudad y si quiero verlos me pide dinero. No me parece justo que la ley la proteja a ella y a mí no. ¿Qué opina?
RESPUESTA
Tu pregunta es breve e intensa. Entiendo que por parte tuya hubieras deseado que jamás ocurriera el divorcio y la familia estuviera junta, en el mismo domicilio. El hecho de que no sea así, ¿qué te ocasiona? No lo dices, pero se intuye que experimentas una pérdida enorme, pues no sólo te ves obligado a renunciar al ideal de la familia perfecta, en la que tu lugar y funciones serían honrados y respetados, sino que también se te niega la cercanía física de los demás miembros del grupo familiar. Por supuesto que no lo deseabas. Desprenderse de un ideal, de lo que pudo haber sido y no fue, en ocasiones parece imposible, duele como si las entrañas fueran arrancadas sin anestesia. A veces la vida es muy dura, ¿verdad?
Me pregunto, dentro de esta dolorosa relación en la que papá y mamá siguen midiendo sus fuerzas uno con el otro, qué pasa con los hijos. Porque a ellos no les toca tomar las decisiones trascendentales de la familia, sino obedecerlas: viven donde se les indica, asisten a la escuela que se les asigna, visten lo que se les da, comen lo que les es ofrecido, etc. ¿Qué estará pasando en sus corazones, al verse privados de la cercanía de papá?, ¿de qué manera interpretan lo que ocurre?, ¿ven amor en que su padre “pague” por verlos y tenerlos cerca?, ¿o acaso piensan que si no es por la fuerza, papá no suelta un peso para su manutención? Son preguntas cuya respuesta solamente tú puedes investigar, porque los pensamientos de los niños no necesariamente coinciden con la realidad, pero influyen en ellos como si los hubieran comprobado personalmente. Quizá encuentres conductas o palabras que preparen el retorno voluntario de tus hijos a ti, inclusive si fuera necesario esperar algún tiempo para que esto ocurra. Puedes estar seguro de que sucederá, porque eres el padre. Ojalá que ese momento te encuentra libre de rencores y disponible para acoger amorosamente a tus hijos.
Respecto a la ley, es posible que ésta haya sido hecha con la intención primordial de proteger a los niños, y en seguida, también a los padres. La ley es lo mínimo indispensable en la relación padres-hijos, y amenaza con castigos si se la transgrede. Sin embargo, pienso que limitarse a lo legal no es suficiente para cuidar de un ser querido. Casi siempre, el corazón dicta hacer un poco más de lo que ella exige, no por temor al juez, a la demanda o a la cárcel, sino por amor y generosidad. Puedes ser generoso, siempre y cuando vigiles que el amor y la generosidad no te lleven al olvido de ti mismo, pues cuidarte es tu principal responsabilidad.
Deseo que encuentres métodos de seguir siendo feliz, dentro de las circunstancias que la vida te ha deparado.