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martes, 7 de septiembre de 2021

SEXO Y GÉNERO

Entre estos dos términos, sexo y género, se ha estado dando una confusión tremenda que resulta problemática para algunas personas. Son muy distintos entre sí, aunque se relacionan.><. Sexo: Todo mundo sabe que cuando nace un bebé se examinan sus genitales para comprobar su sexo. “Es niño” quiere decir que tiene sexo masculino y “es niña”, sexo femenino. Eso es sexo. No se elige. Lo da la naturaleza. Con la edad, ocasionará diferencias importantes entre los individuos de uno u otro sexo.><. Si bien la palabra “sexo” ha adquirido otros significados, como en las expresiones “tuvimos sexo” o “está obsesionado con el sexo” que se refieren a las relaciones sexuales, en este artículo me referiré solo la realidad biológica, orgánica, de animales y plantas, que los hace machos o hembras. ><. Género, en cambio, además de otros significados que no examinaremos, abarca los géneros gramaticales que son masculino y femenino, y también al conjunto de costumbres, rituales, comportamientos, obligaciones, sentimientos, actitudes y prerrogativas que una cultura adjudica a los hombres y a las mujeres por su sexo”. ><. Los géneros gramaticales pertenecen al idioma. En el nuestro se aplican tanto a individuos de sexo femenino y masculino como a cosas y conceptos que no poseen sexo. ¿Sabemos por qué decimos la rosa, y no el roso?, ¿la luna y no el luno?, ¿el automóvil y no la automóvila? Son costumbres cuyo origen no siempre podemos identificar. >< Entremos al significado más controvertido de género, el cultural. Se cuestiona si las diferentes culturas tienen derecho de imponer costumbres, rituales, comportamientos, obligaciones, sentimientos, actitudes y prerrogativas distintas a los hombres y a las mujeres por su sexo. Con o sin derecho, sabemos que lo hacen y discutirlo rebasa el propósito de este artículo. No es lo mismo nacer hombre o mujer hoy que en la Edad Media. Tampoco es igual en Asia, África, Europa, América u Oceanía. En cada tiempo y lugar se tienen conceptos muy distintos acerca de qué cosas son apropiadas para ser buenas mujeres o buenos hombres. Quizá la confusión se deba a que a esta normativa se le ha llamado “sexo asignado”, en lugar de “género asignado”, expresión esta última que no se usa. ><. Tal vez por llamarle así, sexo asignado, algunas personas tienen la impresión de que lo biológico no debería importar y podría suprimirse, o que está supeditado a si la persona lo acepta o lo rechaza, y no es así. Independientemente de la actitud y la voluntad personales, el sexo está ahí y existe.><. Deseo que sea una fake new y no una realidad la noticia que circuló en redes acerca de que en algunos lugares se está promoviendo omitir en las actas de nacimiento la anotación de “sexo femenino” o “sexo masculino” del recién nacido. Mi opinión es que la inconformidad de algunas personas acerca de cómo se va a educar al niño o a la niña no justifica que se ignore la información biológica de su cuerpo; el sexo biológico es importante y objetivo. Lo que después se le atribuya es otro cantar. Con el sexo se nace; el género se aprende.><. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 23 de mayo de 2016

MAESTROS DE VIDA



¿Qué éramos cuando nacimos? Bebés, por supuesto, pero ¿teníamos algún conocimiento, o ninguno? Las opiniones al respecto son diversas, desde la famosa “tábula rasa” que considera al recién nacido como una pizarra limpia, sin estrenar y disponible, hasta quienes afirman que ya contiene la historia completa de la evolución, de la humanidad o de su familia. Ni siquiera hay un acuerdo universal acerca de cuáles características deben ser consideradas naturales y cuáles aprendidas, ni sobre la definición y alcance del aprendizaje, sus métodos y procesos; sin embargo, hay un punto en el que todas las teorías coinciden: el ser humano aprende constantemente.
Para aprender hemos tenido maestros de vida desde que nacimos y los tendremos mientras permanezcamos en el planeta; me refiero a todas las personas con quienes interactuamos. De éstas, algunas nos han dado o exigido más que otras. Fue suficiente que nuestros padres, familiares, maestros y amigos hablaran el idioma para que adquiriéramos una herramienta indispensable de comunicación y pertenencia; que interactuaran entre ellos, con nosotros y con otras personas para que introyectáramos su código cultural de valores y creencias… Pero nunca fuimos pasivos; es decir, al mismo tiempo que recibíamos, íbamos construyendo en nuestra mente un mundo que no es idéntico al de quienes fungían como maestros, porque elaborábamos nuestras propias conclusiones.
El aprendizaje transforma. Ciertamente no estoy considerando maestros sólo a aquellos que atiborran la memoria de datos, ni sólo a personas bondadosas y bienintencionadas que desean lo mejor para nosotros, sino a todos los que con su manera de ser han favorecido que nos veamos en la necesidad de imaginar un desenlace distinto y modificar las premisas que poseíamos antes. Sus lecciones a veces nos gustan y a veces no; para cualquiera es inolvidable la experiencia de que alguien, con su trato, le enseñe a mejorar su autoestima; pero también es inolvidable la experiencia de verse excluido, traicionado o defraudado. En ambos casos, los personajes que intervinieron fueron maestros de vida, y también en ambos, la lección pudo quedar pendiente de ser aprovechada; es decir, no se la tomó como lección o se la dejó aumentando el cúmulo de datos ya existentes en la memoria que no provocan cambios significativos en la manera de percibir y manejar el mundo interiorizado. Digamos que ni el primero mejoró su autoestima ni el segundo adquirió recursos nuevos para recuperar su estabilidad.
En lenguaje puramente ideal, sería deseable que cada aprendizaje del ser humano lo capacitara para ser paulatinamente más armonioso consigo mismo y con los otros. No siempre sucede así; hay experiencias que lo vuelven más arisco y amargado. Esto no significa que no haya aprendido; sí aprendió, pero no a su favor ni lo que necesitaba para su bienestar.
Si consideramos que cada ser humano somos responsables y guardianes de nuestro bienestar, es obvio que necesitamos vigilar nuestros aprendizajes y hacer algo para que éstos nos conduzcan a más y no menos armonía con nosotros mismos y con nuestro medio ambiente, el cual incluye a otros seres humanos.  En la vida existe lo adverso. Todo aquello que nos ocasiona aflicción, sufrimiento y malestar está indicando que hay una lección pendiente de asimilar y que requerimos de un aprendizaje nuevo para convertirla en sabiduría. La dicha es un arte y se construye.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.