Mostrando entradas con la etiqueta exalumnos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta exalumnos. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de noviembre de 2019

HONRAR EL PROPIO DESTINO


Mi artículo va a ser sobre lo lindo que es contemplar con amor y alegría determinadas experiencias. 

Este sábado que pasó, mis exalumnos de la entonces Escuela de Psicología de la universidad de Guanajuato (hoy ya cambió de nombre) festejaron su 40º. Aniversario. Me invitaron y asistí, tan agradecida como emocionada. 

¡Cómo agrada que las personas le ofrezcan a uno lo positivo de su corazón! Eso pude palpar en mis exalumnos. Nos saludamos y abrazamos. Eligieron evocar con alegría los eventos educativos que nos unieron a ellos y a mí y que sucedieron hace varias décadas, son pasado, hoy sólo existen en el recuerdo y el sentimiento. Hubo un espacio para la oración, conducido por un exalumno que es sacerdote. También recordamos a los que ya no están: a Carmelita Badillo, la fundadora, y a los compañeros que abandonaron el planeta. Brindamos por todos. Luego, después de la cena, la gran mayoría de los presentes se levantaron a bailar.

Recordar a Carmelita Badillo es siempre para mí una experiencia de gratitud. Ella me parecía como alguien venido de otra época, futura, con una visión totalmente distinta de las cosas y las personas. Con su tremenda capacidad de trabajo que daba la impresión de nunca cansarse, fundó la escuela junto con el doctor Torres Madraso. Algunos exalumnos recordaron ese tiempo en que ella fue directora como rebosante de energía y muy motivador, pues también ellos realizaron cosas que hoy, pasados los años, les parecen casi increíbles.

Ya en mi casa reflexioné sobre la gran diferencia que hay entre mirar las cosas con buenos o con malos ojos. Los eventos suceden y se van, pero queda el sabor que uno les confiere con la propia mirada. Uno lo elige. Es probable que durante el tiempo de formación de aquellos jóvenes, hoy adultos y con familia, también sucedieran episodios perturbadores, ¿dónde están? Ya no existen. Y si alguno hubiera elegido mirar esa época con ojos  condenadores, de horror, coraje, decepción o alguna emoción dolorosa, entonces no le sería lindo recordar, se sentiría triste con sus recuerdos.

La vida pasa muy rápido y llega el momento en que uno deja de respirar para siempre. Mientras tanto, durante el tiempo en que respiramos, hemos de vivir alegrías y dolores que parece que durarán. Pero todo se va. Luego, cuando tenemos oportunidad de mirar atrás, es cuando podemos tener ojos amorosos o malévolos hacia lo vivido. ¡Qué triste si uno mismo se condena, y qué alegría si logra mirar todo con amor!

En Constelaciones Familiares existe un movimiento sanador que se llama “honrar el propio destino”. Uno se para enfrente de sí mismo, de su presente, pasado y futuro, inclina la cabeza lo más amorosamente que es capaz y exclama: “¡Honro mi destino!”; es decir, estoy de acuerdo conmigo, me amo, aprecio todas mis experiencias incluidas las que en su momento no pude comprender o me parecieron malas, también las que consideré buenas. Honro todo y me considero honorable y digno de amor. Me amo como sea.

Para mí resulta fácil y agradable honrar esa época en que la cátedra en la universidad de Guanajuato me permitió relacionarme con aquellos jóvenes estudiantes. Fue una experiencia estupenda. Hoy les doy gracias a ellos y a la vida por esa oportunidad. Y cuando los veo realizados, maduros, con brillo en los ojos, me alegro doblemente y les deseo que sigan adelante con la misma entereza. ¡Gracias por invitarme y recordarme con amor!

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 25 de noviembre de 2013

ANIVERSARIOS


Días de festejo. Primero, de los 35 años de nacimiento de la Escuela de Psicología de la Universidad de Guanajuato, y luego, del grupo que cumplió 30 años de haberse graduado; ambos acontecimientos muy importantes para mí. Fui invitada por mis exalumnos. Muchas gracias y qué alegría. Por circunstancias personales, solamente pude asistir al segundo y fue una noche de las que se graban en el alma y jamás se olvidan.
Concurrieron los cumpleañeros de graduación con sus familias, ¡una gran fiesta! Comenzamos con misa de agradecimiento, celebrada por un compañero de estudios, el padre Carlos Hernández Talavera, él puso el toque de espiritualidad y también nos hizo recordar pequeñas anécdotas que nos transportaron a aquel tiempo y nos permitieron comprobar cómo cambian las mentalidades con los años. 
Por increíble que ahora nos parezca, en ese entonces se permitía fumar en el salón de clases de las preparatorias y universidades. Betos, así le llamábamos a este compañero, se quejaba constantemente y suplicaba a los fumadores que no sometieran a los demás al suplicio de inhalar el humo en un espacio cerrado, pero nadie le hacía caso. “Se van a arrepentir”, les advertía, y lo cumplió. Un fin de semana lo pasó en su rancho atendiendo vacas y cerdos y el lunes se presentó a clases con los zapatos y la ropa sucios de estiércol, así ocupó su lugar. Las protestas fueron inmediatas: “Oye, hueles muy mal, y aquí está muy encerrado”. “Ni modo. Yo les pedí que no fumaran, ahora nos vamos a aguantar nuestros olores unos con otros”. Muy asertivo desde entonces, en la fiesta recordamos la anécdota con hilaridad.
También recordamos a los que ya se fueron: Carmelita Badillo Murga, la fundadora, a quien todos teníamos especial cariño y que nos influyó con su manera amorosa de tomar la vida, a Guillermo Bello Albo, Serafín Estrada Gallegos y Guillermo Muñoz. Pedimos a Dios por ellos.

Este grupo ha permanecido unido y en contacto en parte por la actividad de Mayra Aguirre Almeida y Chava Escobar González, que convocan a los compañeros y han logrado reunirlos en diecisiete ocasiones. Ellos prepararon el festejo. Cenamos riquísimo y mientras tanto exhibieron un video con fotografías del tiempo de la escuela y posterior, organizadas humorísticamente, del cual nos obsequiaron el CD a cada uno. Y Mario Zaragoza nos regaló, también a cada uno, una botella de tequila grabada con el logo de Psicología y el escudo de la Universidad. Luego me llamaron al micrófono y me entregaron un reconocimiento como cofundadora de la carrera. Sentí que se volcaba sobre mí tanto el cariño que todos le habían tenido a Carmelita Badillo, que ya no está entre nosotros, como el que generosamente dan a mi persona. Mi corazón golpeteaba de felicidad. De ahí fuimos a tomar la foto, nos abrazábamos unos a otros alegrándonos de ser psicólogos y de estar vivos y juntos. En ocasiones como ésta, la alegría se enseñorea de todos. Yo me sentía como si estuviera haciendo depósitos de dicha en mi alma, que me han de servir cuando la vida me traiga situaciones duras, como es su costumbre. Luego bailamos. ¡Qué bonito! Y se finalizó la velada con la interpretación de música de mariachi.

Hoy hago patente mi gratitud tanto a los organizadores como a los asistentes por esos momentos tan gratos y por el afecto que me demostraron. Su magnanimidad para conmigo da testimonio de la nobleza de sus corazones. ¡Mil felicidades a todos y les deseo que la vida siga siendo generosa con cada uno, como todos lo están siendo con sus semejantes! Y gracias, muchas gracias.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.