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lunes, 23 de marzo de 2020

SOLO POR HOY



¿Nos resta mucho o poco tiempo por vivir? No lo sabemos; estamos vivos y eso es lo que importa. Vivimos día con día. El día de hoy no se repetirá.

Un día negro y uno de colores duran el mismo tiempo, pero hacen distinto efecto. ¿Cómo quieres vivir tu jornada, contento o aterrorizado?  

 Imagino lo que pensaste: que el “quédate en casa” y los rumbos que pueda tomar la economía no favorecen la dicha, son adversidad. 

Aunque parezca que lo externo tiene poder suficiente para volverte sombrío, solo tú mandas en tu interior. Vale la pena que encuentres un modo de protegerte y permanecer en buen estado de ánimo y de salud.

Cuidar el propio estado de ánimo es difícil cuando se está asustado. 

¿Recuerdas haber consolado a un niño que despertó por la noche creyendo ver a un monstruo? No entendía razones, lo único que pudo calmarlo fue que él aceptara equis creencia distinta que tú lograste influirle.  

Toca a cada uno descubrir y practicar una creencia capaz de mantenerlo entero, en paz y confiado en el porvenir. No importa que dicha creencia pudiera ser considerada por otros ridícula o infantil; si a ti te sirve para vivir bien y contento el día de hoy, es buena. 

Quizá quieras mirar hacia atrás en tu vida y recordar los obstáculos a los que has sobrevivido, y creer en que podrás volver a hacerlo.  O creer que la Divina Providencia te ha asistido todos los días y no te soltará ahora. O confiar en los adelantos de la ciencia y su capacidad de beneficiar a los humanos. ¡Puede haber tantas! 

Cada persona sabe cuál idea la reconforta. 

Cada persona es la responsable de volver a la paz y la armonía en este momento en que la sociedad no ayuda: es un caos de terror. 

Cada persona decide cómo va a vivir el día de hoy. 

Solo hoy. 

Mañana será otro día y tendrá que volver a elegir entre el caos y la cordura. 

Yo, interiormente, pido a mi Poder Superior: “Dime cómo lograr que esto sea bueno para mí”.


lunes, 30 de abril de 2012

EL NIÑO INTERIOR


Ayer, Día del Niño, festejamos a los pequeños, los representantes de la  vida que se renueva. Quizá les dimos un abrazo o un obsequio y los vimos sonreír. O los miramos jugar –para ellos todo es juego- con esa capacidad que tienen para fingir lo que no existe y vivir aquello que desean; no necesitan de trámites para convertirse en héroes, animales o cohetes que viajan a la luna. Todo es mágico. La existencia está allí para realizar proezas que no trascienden ni traen consecuencias ni son para recordarse, y si vuelven a vivirlas, constituyen una experiencia nueva. Los niños confían en la vida sin saberlo, ajenos a la idea de que sea necesario hacer esfuerzo para crecer, porque su desarrollo se da por sí mismo. ¡Maravillosa edad en la que sólo existe el hoy y todo es posible con sólo vivirlo!

En el presente día, mi felicitación va dirigida al Niño Interior que todos los adultos portamos dentro, el que conserva intactas las características descritas y nos conduce a la magia del momento. Este Niño Interior constituye la faceta de nuestra personalidad que contiene el impulso a crecer entregándonos sin reserva al minuto actual, ser a un tiempo lo que somos y lo que deseamos ser y vivir la vida como un juego o un teatro, donde todo aparece y también desaparece y se le deja ir sin problemas ni nostalgias, como hace el pequeño que ahora es policía o soldado y un instante después toma su cena o se convierte en estudiante, o el que llora desconsoladamente y de pronto se carcajea frente a cualquier cosa que llamó su atención. Este Niño Interior también está absolutamente necesitado de amor, protección y seguridad, ya que no puede dárselos a sí mismo, es vulnerable al rechazo y lo peor que puede ocurrirle es el abandono, que significaría su muerte.

En el Análisis Transaccional de Berne se dice que las personas tendemos a pasar más tiempo en uno de los tres estados del Yo: Padre, Adulto y Niño, en detrimento de los otros. Hoy nos estamos refiriendo solamente al último, el Niño. Cada uno de nosotros puede saber qué tanto es capaz de amar y felicitar a su Niño Interior, observando su reacción al visualizarse viviendo de la manera descrita más arriba. Mil expresiones pueden acudir a nuestra mente al hacerlo, desde “qué maravillosa manera de vivir” hasta “no podría soportarlo”. Quizá sintamos deseos de regañarnos utilizando las mismas palabras que usaron nuestros padres con nosotros.

Hemos crecido y nuestro Niño Interior sigue allí, con su variado equipaje de riquezas, su vulnerabilidad, su absoluta necesidad de apoyo y consuelo. Podemos mirarnos al espejo y tomar en nuestros brazos la imagen que teníamos al entrar al kínder o a la escuela primaria, y escuchar lo que nos dice, quizá: “¿Dónde estabas, que me dejaste solo, o sola?” Teniendo abrazado a este pequeño o pequeña que fuimos, le decimos: “Aquí estoy. Te amo y amaré siempre. Me alegro de tu existencia. Yo me encargo de cuidarte y mantenerte a salvo. Nada tienes qué temer, soy digno o digna de fiar”. Esta es la mejor felicitación que podemos darle en su día. En todos los días.