Mostrando entradas con la etiqueta leyes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta leyes. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de agosto de 2020

NO MÁS COMIDA CHATARRA

 

 

En esta cuarentena cuidemos la salud de los niños ¡no más comida chatarra!

En Oaxaca está por prohibirse la venta de “alimentos chatarra” a los niños. Es loable la intención de las autoridades, pero sabemos que la buena nutrición no se logra por decreto; en la manera de alimentarse intervienen demasiados factores de cultura, hábitos y costumbres que no pueden ser legislados. Es posible que legislar sobre el tema  traiga como resultados positivos obtener ingresos por multas solamente. Lo que debe ser cambiado es la mentalidad.

Se llama “comida chatarra” a todas aquellas preparaciones que contienen un alto nivel de grasa, sal, azúcares y sustancias que no poseen valor nutritivo (también si son preparadas en casa).

Algunos de los alimentos más habituales dentro de la alimentación cotidiana en los niños son: papas fritas, hamburguesas, galletas azucaradas, pizzas, bebidas carbonatadas (refrescos), los cuales, según los especialistas en nutrición, pueden conducir a un sinfín de enfermedades, como la hipertensión arterial, diabetes tipo 2, infartos, etc. Además, el consumo de comida chatarra impacta directamente al metabolismo y al sistema glandular, perjudicando a la salud física y mental. Estudios científicos han demostrado que el consumo frecuente de comida rápida y poco nutritiva es un factor determinante para el surgimiento de la obesidad temprana, en la niñez y la adolescencia.

La situación actual de aislamiento social es propicia tanto para enfermar como para crear conciencia en nuestros niños acerca de los hábitos alimenticios que son peligrosos. Como los pequeños no son quienes preparan las comidas, esta tarea educativa recae en los adultos y significa un esfuerzo considerable: es más fácil dar al niño dinero para que compre una bolsa de papas, que lavar, pelar, cortar y adornar frutas y verduras de manera apetitosa.

He aquí algunas sugerencias útiles para disminuir el consumo de comida chatarra en niños:

1.    Sustituir los alimentos grasos por alimentos saludables y preparar golosinas naturales que al niño le gusten y se asemejen a la presentación de la comida chatarra de su preferencia.

2.    Que los alimentos contengan una gran variedad de colores. La presentación hará que el niño los vea interesantes.

3.    Lograr que el niño enfoque su atención en comer sin realizar alguna otra actividad, esto hará que tenga un mejor control en sus hábitos alimenticios.

4.    Es importante señalarle al niño la importancia de un buen ritmo de sueño y enseñarle a comer lo suficiente en el desayuno y almuerzo, y más ligero en la cena.

5.    Es difícil (pero necesario) mantener al niño ocupado para evitar que se aburra. Asígnale tareas que pueda desempeñar y alábalo cuando las termine. Haz que cuente con un espacio de juegos. Aliéntalo a correr, moverse y hacer ejercicio. Enséñale que el aburrimiento no es justificación para el alto consumo de alimentos grasos.

6.    Ingéniate para mostrar al niño como engañar a los antojos mentalmente, es decir, cubrir esos “caprichos” con los beneficios de una alimentación sana.

7.    Explícale al niño que el dinero invertido en comida chatarra puede ser mejor utilizado en actividades o cosas más interesantes.

8.    Haz una presentación cero agradable de la comida chatarra, nunca la utilices como premio y si ocasionalmente das al niño permiso de consumirla, deja claro que es una excepción, porque él está aprendiendo a cuidar su salud.

Agradezco la colaboración de la psicóloga María Guadalupe Espinoza Medrano, cuya titulación está en proceso.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51

 

jueves, 14 de agosto de 2014

ANIMAL RACIONAL E IRRACIONAL


Se dice que “el hombre es un animal racional” y sabemos que esta definición es incompleta: una gran porción de nosotros es irracional, los sentimientos, y nos hacen decir: “Yo no debería sentir lo que siento (no es lógico, no me conviene, me hace daño), pero me es imposible dejar de sentirlo”, “este impulso es superior a mis fuerzas”…

Los sentimientos siguen sus propias leyes. “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Como ya dijimos, son nuestra parte irracional y su influencia en lo que hacemos es indiscutible. ¿Quién no conoce a alguien que arruinó un buen negocio en un arranque de ira?, ¿o que se enamoró de la persona que menos le convenía? Los ejemplos podrían multiplicarse.

Ya en otras ocasiones hemos visto que nuestra vida mental tiene dos piernas: la intelectual y la afectiva, y que si éstas no marchan en armonía una con la otra, algo malo sucede: nos sentimos mal, nerviosos, frustrados, sufriendo, tal vez enfermos. Y que la armonía entre ambas “piernas” es más bien excepción que regla, porque culturalmente y durante siglos se ha otorgado gran importancia al desarrollo intelectual, mientras en el campo afectivo permanecemos casi analfabetas; no solo desconocemos buena parte de nuestros sentimientos, sino que con frecuencia nos avergonzamos de que existan, cuando nuestro intelecto no los admite como algo deseable, ni como objeto de estudio.

Nos gusta creer que la razón es capaz de gobernarnos bien la vida, y que si logramos identificar  y definir la equivocación que nos ha estado ocasionando problemas, eso bastará para corregirla. No siempre resulta así: continuamos cometiéndola, a pesar de conocer sus consecuencias y saber que nos hace daño, porque cabeza y corazón son dos mundos diferentes, como la tierra firme y el mar  o estar dentro de alguna alberca; así de diferente es pensar que sentir.

Para el reacomodo de muchos asuntos afectivos se necesita ubicar nuestra conciencia en el ámbito de lo irracional. Esto generalmente nos ocasiona un terror parecido al que sentiría quien por primera vez se lanza al agua; el culto al intelecto nos hace temer por nuestra cordura y creer que haremos el ridículo. Sin embargo, no se aprende a nadar manteniéndose seco, hay que entrar dentro del agua, sentir la diferencia, moverse y aprender cómo respirar.

El próximo viernes 22 de agosto, de 10 a 2, tendremos una sesión de este “sumergirse en lo irracional”; es decir, de Constelaciones Familiares. Las personas que asistan comprobarán por sí mismas la diferencia enorme que hay entre lo intelectual y lo afectivo, y conocerá algunos de los ejercicios que se realizan en nuestro Diplomado para aprender a reducir la brecha que existe entre cabeza y corazón y establecer vías que comuniquen a ambos. Están todos invitados, es abierta al público, la entrada es libre, los esperamos.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares