HIJA CON DISCAPACIDAD
Soy divorciada, la ruptura se derivó al tener una niña diagnosticada con Parálisis Cerebral. Fue muy doloroso rehacer mi vida, lo logré con ayuda de psicólogo, tanatólogo y sobre todo mi madre. Al padre de mis hijos no lo he visto. Usted afirma en uno de sus artículos que si los hijos pueden amar a los padres, entonces se amarán a sí mismos. Me parece muy duro. ¿Cómo se hace para explicarles a los hijos que su papá siempre será su papá y deben amarlo, aunque no esté ni lo vean?
RESPUESTA
Tú mejor que nadie, sabrás cómo hablar con tus hijos aunque te parezca duro, porque eres quien más los ama y conoce, siempre y cuando creas que es mejor vivir con amor, porque hayas logrado superar tus rencores y desencantos. Esto es más fácil decirlo que vivirlo.
Te ha tocado vivir cosas duras. La más difícil es la parálisis cerebral de tu hija. Un niño con capacidades y necesidades diferentes coloca a toda la familia en una situación de generosidad constante. La lleva a expandir sus límites mucho más allá de lo que se puede imaginar. Como en todo lo difícil, el resultado es un desarrollo espiritual extraordinario, o la huida.
Tú ya estás tomando la vida como viene, todos los días, amando en lo cotidiano al adaptarte a lo que el destino impone y al apoyar a los tuyos a lo mismo, buscando juntos la fórmula para que cada miembro de la familia satisfaga sus necesidades y desarrolle sus capacidades, siempre diferentes.
No hay fórmulas generales, todas son únicas. Alguien que nació en la realeza, debe recibir un entrenamiento específico para adaptarse a ella, y renunciar a vivencias que en otro ambiente se considerarían normales. Igual cada persona, necesita entrenamiento para adaptarse a sus circunstancias y ambiente, saber con qué cuenta y con qué no, y a partir de ello trabajar para estar bien. Los rezongos y las quejas solamente son obstáculos para tomar la vida como viene. Expresan rebeldía y la pretensión de que algo no debería ser como es, pero que no cambiará a base de lamentos. Cada vez que alguien toma las cosas como son y estudia la manera de aprovecharlas, invariablemente obtiene algo fuera de lo común. Los que inventaron la aviación no rechazaron la gravedad ni se rebelaron contra ella; se entregaron a la tarea de estudiarla y fabricaron un artefacto que, obedeciendo esta ley, se impone y vuela. Actualmente, surcamos los aires a una velocidad pasmosa.
Las necesidades especiales de tus hijos no se reducen a la parálisis cerebral de la niña, también la ausencia del padre es algo que deben aprender a integrar armoniosamente a su experiencia, para que no se les convierta en trauma. Éste es otro reto de los que expanden los límites del ser humano más allá de lo comúnmente considerado posible.
Los niños aman a sus progenitores, los extrañan e idealizan, creen que, haciendo determinadas cosas, pueden lograr que amen más de como realmente lo hacen. Luego, topan con que la vida es como es y hay acontecimientos que no se pueden modificar. Tal frustración es universal.
Un trauma sería esta frustración agravada y favorecida con expresiones que impidan aceptar lo que es: “Pobrecitos de mis hijos”, “no es justo lo que su papá hace”, “si no me hubiera equivocado al escogerlo”, “Dios se encargará de juzgarlo y darle su merecido”, etc. Lo anterior es muy distinto a: “Las cosas son como son y con ellas tenemos que vivir. Vamos a tomar nuestra fuerza y a dejar de pensar en lo justo o injusto de la situación. Pagaremos el precio que debamos pagar por nuestro bienestar. Cada uno es el responsable de estar bien. Lo que hagan o dejen de hacer otras personas es asunto suyo, el nuestro es estar bien”. Éstas son ideas, las palabras adecuadas para que sean entendidas por tus niños, las pones tú.
Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
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lunes, 12 de diciembre de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
IDENTIFICADA CON LAS AMIGAS
Tengo 29 años. Mi consulta proviene de observar que amigas o compañeras a las que yo he considerado exitosas en su profesión, cuando se casan sufren un bajón laboral impresionante y además cambian de carácter, como si perdieran seguridad. Varias teníamos un grupo bonito, dos veces al mes dejábamos a los novios y nos veíamos, pero esto casi se acabó porque algunas se casaron y ya no pueden asistir. Me doy cuenta de que cuando me entero de algo desagradable que les pasa a mis amigas, poco después riño con mi novio y eso me tiene preocupada. Me ha entrado temor a comprometerme y que me suceda lo mismo. ¿Cómo podría quitarme este miedo que me está perjudicando?
RESPUESTA
Un temor es el resultado de percibir determinada situación, procesarla en la mente y llegar a una conclusión desagradable. Por el contrario, si la conclusión es agradable, proporciona esperanza y fe.
Percibir es indispensable. Procesar la información, también. Lo no indispensable es llegar a una conclusión de miedo y permanecer en ella, sin buscar otras más benignas. Por ejemplo: el conductor de un auto debe percibir la carretera y darse cuenta de cuáles tramos son rectos, curvos, de subida o bajada, dónde hay desviaciones, baches o algún accidente, y procesar la información de manera que pueda hacer los ajustes corporales para seguir el camino; pero cometería un error si, al encontrarse con un accidente, en lugar de continuar percibiendo lo que sigue, repitiera en su imaginación una y otra vez la desafortunada escena que vio hasta convencerse de que a él también le ocurrirá lo mismo.
Dices que cuando te enteras de que a tus amigas les pasa algo desagradable, poco después riñes con tu novio. Imagino que te das cuenta de la equivocación, pero no puedes evitar reaccionar. Me haces recordar el tiempo en que aprendí a conducir, hace ya muchos años, en un auto que no tenía espejos laterales, pero luego, un día, cambié a uno que sí los traía. Puedes imaginar la frenada descomunal que instintivamente di al ver que, por la izquierda, otro auto se nos echaba encima. Por supuesto que no era verdad, sólo que mi cerebro procesó como real la imagen que le enviaba un espejo que antes no estaba ahí, y todo mi cuerpo reaccionó de manera automática. No podía conducir así, cada vez que un vehículo se acercaba por detrás, tenía el reflejo de aplicar el freno. Fue necesario que me estacionara a un lado de la avenida y durante un cuarto de hora observara los coches que pasaban a través de la superficie lisa, hasta que mi cerebro asimiló la nueva realidad y dejó de hacerme reaccionar a su presencia. Quizá te sea útil que, cada vez que una amiga te confía alguna de sus dificultades, en tu mente le digas: “Tú allá, y yo acá. Tu vida y la mía son distintas”. Así, aunque sigas queriéndola entrañablemente, podrás percibir que ella y tú son personas que tienen cada una vida y reacciones diferentes.
RESPUESTA
Un temor es el resultado de percibir determinada situación, procesarla en la mente y llegar a una conclusión desagradable. Por el contrario, si la conclusión es agradable, proporciona esperanza y fe.
Percibir es indispensable. Procesar la información, también. Lo no indispensable es llegar a una conclusión de miedo y permanecer en ella, sin buscar otras más benignas. Por ejemplo: el conductor de un auto debe percibir la carretera y darse cuenta de cuáles tramos son rectos, curvos, de subida o bajada, dónde hay desviaciones, baches o algún accidente, y procesar la información de manera que pueda hacer los ajustes corporales para seguir el camino; pero cometería un error si, al encontrarse con un accidente, en lugar de continuar percibiendo lo que sigue, repitiera en su imaginación una y otra vez la desafortunada escena que vio hasta convencerse de que a él también le ocurrirá lo mismo.
Dices que cuando te enteras de que a tus amigas les pasa algo desagradable, poco después riñes con tu novio. Imagino que te das cuenta de la equivocación, pero no puedes evitar reaccionar. Me haces recordar el tiempo en que aprendí a conducir, hace ya muchos años, en un auto que no tenía espejos laterales, pero luego, un día, cambié a uno que sí los traía. Puedes imaginar la frenada descomunal que instintivamente di al ver que, por la izquierda, otro auto se nos echaba encima. Por supuesto que no era verdad, sólo que mi cerebro procesó como real la imagen que le enviaba un espejo que antes no estaba ahí, y todo mi cuerpo reaccionó de manera automática. No podía conducir así, cada vez que un vehículo se acercaba por detrás, tenía el reflejo de aplicar el freno. Fue necesario que me estacionara a un lado de la avenida y durante un cuarto de hora observara los coches que pasaban a través de la superficie lisa, hasta que mi cerebro asimiló la nueva realidad y dejó de hacerme reaccionar a su presencia. Quizá te sea útil que, cada vez que una amiga te confía alguna de sus dificultades, en tu mente le digas: “Tú allá, y yo acá. Tu vida y la mía son distintas”. Así, aunque sigas queriéndola entrañablemente, podrás percibir que ella y tú son personas que tienen cada una vida y reacciones diferentes.
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