lunes, 3 de octubre de 2011

My FarmVille

Hay a un juego que le llaman Mi Granjita al que jóvenes y no tan jóvenes le dedican horas, los he visto que andan nerviosos que porque se les pueden morir sus animales o deben cosechar, eso les oigo decir. En mi casa se juntan mis hijos con sus parejas y no hablan de otra cosa, que si tú me mandas un huevo y yo te doy fertilizante. Me gustaría saber si tiene algún efecto psicológico o por qué se entusiasman tanto jugándolo. Yo les digo que es una nueva adicción, y se enojan.
RESPUESTA
Conozco el juego que mencionas, sé en qué consiste sólo con escuchar las conversaciones que ocasiona. Las personas parecen haber ingresado en un club que posee un lenguaje particular e intereses recíprocos, y mutuamente se ayudan a progresar. Sólo esto sería suficiente para explicar la motivación: los participantes se experimentan pertenecientes a un grupo donde los miembros se comportan amigablemente: “¿Qué necesitas?”, “Yo te lo surto, avísame cuando te conectes”, “¿Ahora qué vas a sembrar?”, “Mis vacas ya tuvieron crías”, “¿Cuántas?”, “¡Qué bien!”. Dentro de un mundo individualista como es el nuestro, la granja hace vivir (virtualmente) la experiencia de tener vecinos interconectados y cooperativos que te fertilizan tus terrenos y tú los de ellos, además de proporcionarte “experiencias” que puedes aprovechar. ¡Un paraíso de amor! Pero no es todo.
Aparte de experimentarse pertenecientes en la “vida real”, la granjita les permite sembrar, cosechar, tener animales que no comen y dan a ganar dinero, con el que pueden hacerse de cosas: gallinero, corrales, tractor, sembradora, cosechadora, adornos… Si han fertilizado a tiempo, las plantas se ven grandes y bonitas. Si aparece un huevo dorado o un elotito en el muro, el primero en tomarlo recibe dinero, gasolina… en suma, ¿quién podría sentirse pobre o perezoso con tan buena marcha “en el negocio”? Y el trabajo es virtual, con un clic se siembra y con otro se cosecha; es decir, que el sembrador o cosechador está cómodamente sentado frente a la computadora, sin sudar una gota de sudor, soñando con grandes negocios, mientras la vida real transcurre igual que siempre, porque el jugador no ha realizado el informe o cocinado ni pagado el pagaré de la hipoteca, y sin darse cuenta ya se le fueron dos o tres horas útiles para sus labores.
Como al inconsciente es fácil engañarlo, puesto que no distingue entre la realidad y la fantasía, es posible que este juego satisfaga (temporalmente) las necesidades de pertenecer, ser amistoso, vivir en un mundo ordenado, tener un negocio que da a ganar y además hace el bien (alimenta) a otros seres humanos, y permite obtener maestrías. ¡Todos los ideales cumplidos, virtualmente! Sin embargo, en algún momento debe llegar la realidad a imponerse con sus exigencias, y entonces también es posible que la persona sufra un desencanto, inclusive cierto grado de confusión y frustración.
En mi opinión y resumiendo, este juego pone de manifiesto cuáles son las necesidades que quisieran ver satisfechas las personas que lo juegan: vivir en un mundo armonioso y próspero donde los humanos cooperaran para hacerlo hermoso y productivo; es decir, una gran necesidad de amor y cordialidad. Y también esta ilusión: que los retos y problemas se resolvieran haciendo clic en un botón y no fuera necesario hacer esfuerzos físicos o mentales.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28

lunes, 26 de septiembre de 2011

ESTÁ CHÍPIL

Tengo una niña de 3 años de edad y 6 meses de embarazo, espero otra niña. El problema es que mi hija ha estado muy irritable, llora mucho y nos dice a su papá y a mí que ella no quiere hermanita, que quiere un hermanito. Me han dado consejos sobre qué decirle, que Diosito se la mandó, que ella podrá ser su compañera de juego, etc. pero nada ha funcionado, hace berrinches de cualquier cosa y se comporta como nunca. Me siento abrumada de no poder manejar la situación, sobre todo por mis planes de cambiarla de cuarto para que tenga el propio, se me dificulta el hecho de que llora mucho por querer seguir durmiendo en mi cuarto y obrar en los calzones. Le agradecería un consejo para que a mi hija no le duela tener una hermana.
RESPUESTA
“Está chipil”, solían decir nuestros antepasados de un niño o niña que, con la llegada de un nuevo hermanito, temía que “lo tumbaran del burro”.
Los pequeños tienen sentimientos muy intensos que expresan tal como los sienten, sin matiz ni disfraz, lo cual llega a asustarnos, pues los adultos hemos pasado demasiado trabajo y sacrificio para aprender a disimular e incluso a mentir acerca de lo que sentimos, en aras de la cortesía y las buenas maneras. La mayoría de nosotros fuimos enseñados a que si un sentimiento no era aprobado por los grandes, debía ser negado, castigado y desterrado. En un caso como el de tu hija, posiblemente nos dirían: “No mijita, tú no quieres hermanito en lugar de hermanita, a ti te gusta mucho la idea de que vas a jugar con ella, ¿verdad que estás feliz? A ver, sonríe”. O peor: “Deja de decir estupideces, o te pego”.
Posiblemente, por no exponernos al enojo de mamá y papá e incluso para agradarlos, aprendimos a mentir acerca de lo que sentimos, lo cual es base de muchos problemas, pues los sentimientos no mueren porque se les ordena desaparecer, sino que siguen activos e inclusive acumulando energía (agrandándose), mientras no sean usados para lo que nacieron. O desarrollarán síntomas. A tu hija le es imposible lograr que “devuelvan el encargo”, le toca expresar su sufrimiento con algo de lo siguiente: chuparse el dedo, hacer berrinche, llorar, gritar, romper cosas o -el más extremo de los recursos infantiles- regresar a ser bebé e incluso necesitar pañales de nuevo.
¿Qué hacer? Primero, validar su sentimiento: “Tienes miedo que vayamos a querer más a la beba que a ti”. Tranquilizarla de inmediato: “Recuerda que a ti te queremos desde antes”. Contarle anécdotas de cuando ella estaba por nacer y cómo se prepararon para recibirla. Hacerla participar en la espera: “Estoy hablándole a tu hermanita, ¿quieres decirle algo?”. Sugerirle qué decir, o prestarle voz como si ella lo dijera: “Hola, soy tu hermana mayor”, “yo nací antes que tú”, “yo ya conozco a los que van a ser tus papás”, “voy a decirte cómo son, mamá tiene pelo negro...”, “cuando tú llegues vas a estar muy chiquita y yo te podré abrazar”, “te comprarán una cuna para bebés, y yo ya tengo una cama grande para mí sola”…
Tu imaginación puede ayudar mucho. No importa si la niña se niega a pronunciar las palabras, es suficiente que oiga lo que tú dices en su lugar, lo cual debe respetar lo que ella siente, ser verdadero y asegurar que su lugar jamás estará en peligro.
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lunes, 19 de septiembre de 2011

CONTROVERSIA III

Hoy hablaré sobre la controversia que ocasiona Constelaciones Familiares en determinadas personas y grupos, que las consideran esoterismo y espiritismo. Comenzaré por definir términos.
Esotérico se refiere a un conocimiento oculto, de difícil acceso para el entendimiento, que los filósofos de la Antigüedad comunicaban oralmente y sólo a un corto número de discípulos, llamados iniciados. Se contrapone a exotérico: externo, común, accesible para la mente del vulgo, que se manifiesta públicamente.
En base a lo anterior, Constelaciones Familiares no son esotéricas, en el sentido de que esta filosofía aspira a ser del dominio público y posee una serie de herramientas para simplificar conceptos de suyo difíciles, a fin de que puedan ser comprendidos por toda clase de personas. Doy un ejemplo imaginario: digamos que el consultante es un niño que se ve obligado lavar coches para ganar el sustento de sus padres y hermanos, quienes no están impedidos por alguna discapacidad aparente.
Procedimiento: Se colocaría un representante para este niño y otros para cada uno de sus padres y se les pediría: “mírense a los ojos”. Luego, al representante del hijo se le daría a cargar un paquete pesado, y se le indicaría decir a los representantes de los padres: “Lo he llevado por amor a ustedes, ha sido difícil”. Luego, se le instruiría poner el paquete en manos de los representantes de los padres, pidiéndoles: “Por favor, tómenlo, es de ustedes, yo lo devuelvo con amor.”
Repito que el ejemplo es imaginario, porque en Constelaciones Familiares no hay “recetas multitallas”, sino que cada constelación es distinta de cualquier otra, puesto que no existen dos experiencias humanas idénticas.
Siguiendo con el ejemplo, pueden observarse varios elementos filosóficos:
1) la responsabilidad es personal. Si alguien no toma la que le corresponde, otros se verán empujados a hacerlo, y esto les impedirá atender la que sí es suya. En este caso, si los padres no fungen como padres, el hijo toma su lugar, pero descuida su propia formación.
2) El amor está presente tanto en el error como en la solución. En Constelaciones jamás se le dirá al hijo: “Ve a confrontar a tus padres y diles que no es justo que tú los mantengas”, sino que se hace hincapié en actuar amorosamente: “con amor devuelvo lo que no es mío”.
3) El consultante es un participante activo. Brinda la información, la dirige, observa lo que ocurre frente a sus ojos y va diciendo si su realidad es como está siendo representada, luego, acepta o rechaza la imagen de solución que le es ofrecida mediante las posiciones y actitudes de los representantes. Al finalizar, se exhorta a que nadie hable de lo que allí sucedió.
Este sigilo final ¿no vuelve esotéricas a las Constelaciones? No. El sigilo se ordena con el propósito de que permanezca protegida la intimidad del consultante, y también, para que el alma de éste pueda, libremente y con calma, hacer los acomodos necesarios, por eso se le insiste que, al salir, se abstenga de tomar resoluciones rotundas y de intentar poner en práctica de inmediato lo que vio.
Ahora hablemos del Espiritismo, doctrina que supone que a través de un médium u otros modos, se puede comunicar con los espíritus de los muertos. ¿Son espiritistas las Constelaciones Familiares? No. Supongamos que llega a consulta un hijo cuya madre murió al nacer él. Se tomaría por representante de la madre a una mujer de entre las asistentes y otro para el hijo, y se pediría a éste que le dijera, mirándola a los ojos: “Me hiciste mucha falta”. Luego, probablemente: “Gracias por la vida, haré con ella algo grande, que tu sacrificio valga la pena”. ¿Puede el hijo estar seguro de que su madre estuvo allí y lo escuchó? Por supuesto que no, aunque puede creer lo que prefiera. Pero eso no es lo importante, sino que él, en su alma, tome agradecido el amor de la madre, quien debió enfrentar la muerte para que él naciera, y asuma con gusto la vida que le fue dada a un costo tan alto.
Me falta espacio y debo despedirme, dejo muchas cosas sin decir. Con este artículo termino de hablar sobre esta controversia.
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lunes, 12 de septiembre de 2011

CONTROVERSIA (artículo 2 de 3)

Quizá el punto más controvertido acerca de las Constelaciones Familiares es que éstas sean enseñadas también a personas que no ostentan un título de licenciatura o más alto, con tendencia a volverlas del dominio público. Frecuentemente se me ha preguntado: ¿No hay riesgo de irresponsabilidad?, ¿que hagan mal uso de la herramienta que se les confía?
Mi respuesta ha sido la siguiente: el riesgo siempre está presente. Si de doce discípulos, aprendiendo con el mejor y más amoroso maestro que ha existido, uno de ellos no entendió bien la enseñanza, qué presuntuoso sería pretender que este caso es mejor. Las actitudes personales influyen.
La formación en Constelaciones Familiares está enfocada al cambio de actitudes tanto en el facilitador como en el cliente: de una individualista, a otra de pertenencia comunitaria; de una rígida o despectiva, a otra flexible y acogedora del propio grupo familiar y demás grupos en los que cada uno se desempeña; del rechazo o la invasión, al respeto de las características particulares de cada individuo o grupo; del odio y la intolerancia, al amor y la convivencia; de la pelea en contra de sí mismo, a la reconciliación amorosa e incondicional con la propia historia, etc.
Constelaciones Familiares son una filosofía y un método para obtener conocimiento, ¿cuál de estas dos cosas deberían ser negadas a cualquier persona?, ¿qué justificaría que fueran guardadas bajo siete llaves y se convirtieran en propiedad de unos pocos? Lo justificaría la antigua creencia de que las masas populares son como niños que no comprenden, por lo tanto, es inútil y peligroso darles mucha información; pero Constelaciones Familiares favorece la postura de que todos los seres humanos tenemos igual dignidad y la misma necesidad de desarrollarnos.
Un usuario que pide hacer su Constelación Familiar es corresponsable con el facilitador de lo que allí ocurra, porque sigue siendo el único dueño de su vida y sus acontecimientos. Esto significa que constelar requiere una actitud distinta que cuando se va a cirugía y acepta ser anestesiado, quedando a merced de la pericia y conocimientos del facultativo. En Constelaciones, el consultante permanece consciente y siempre a cargo, observando, dirigiendo e informando.
Es bueno tomar precauciones antes de solicitar una constelación, por ejemplo, asistir a otras y ver cómo las plantea y desarrolla el facilitador por elegir. Algunos puntos a investigar u observar son los que siguen:
1) ¿Qué dicen otros clientes?, ¿se muestran satisfechos con la experiencia?, ¿salen de ella con la cara radiante y expresando felicidad?, ¿se vuelven más amorosos en casa? Si la respuesta es negativa para una sola de estas preguntas, es preferible buscar otro facilitador.
2) Durante la realización, ¿se respira un clima de respeto y empatía entre los miembros del grupo?, ¿se trata con benevolencia a los físicamente ausentes, como el padre, la madre, abuelos, hermanos y demás familiares del cliente?, ¿el facilitador se abstiene de hacer diagnósticos o de usar frases de condena?, ¿se respetan las creencias y preferencias de cada persona? Todas las respuestas deben ser afirmativas.
En el siguiente artículo de esta serie de tres, describiré las enormes diferencias que existen entre el esoterismo, el espiritismo y Constelaciones Familiares.
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lunes, 29 de agosto de 2011

TAMBIÉN ME DIVORCIARON

Me llamó la atención tu columna porque vivo una situación similar, también me divorciaron, y como bien dices, en su momento me dolió hasta el alma perder lo que consideraba un buen matrimonio. Hoy lo veo de forma distinta, disfruto mi vida tal como es, mi trabajo, familia, amigos, y ante todo, mis hijos.
Caso contrario es lo que veo con mi ex, da la impresión de que ella no supera la situación y me culpa por todo tropiezo o situación adversa, por amigos sé que en redes sociales describe mis supuestos maltratos con ella y mis hijos, donde siempre figuro como un maleante, un villano… ¿Por qué me culpa?, yo no la puse donde está ni le deseo ningún mal, es más, rara vez es un tópico en mis conversaciones, aunque no siempre la puedo evadir, tenemos en común dos hijos.
No entiendo por qué no vive y deja vivir. La principal causa del divorcio fue porque al casarnos jóvenes le faltaron cosas por hacer, ¿por qué simplemente no las vive?, ahora no puede decir que yo soy quien la limita.

RESPUESTA
Dos cosas me llaman la atención en tu correo: que en el mismo plazo y provenientes del mismo matrimonio, uno logra disfrutar la vida y el otro no. Impresiona que el menos feliz sea precisamente aquel que tomó la decisión, pues la frase “me divorciaron” hace pensar que tú no deseabas que ocurriera. ¿Qué pasa en estos casos?, ¿por qué el de la iniciativa, a simple vista el más audaz, pasado el tiempo se encuentra dolido, aparentemente atorado en un evento al que pensó dar solución, y necesitado de encontrar un culpable?
Ambas situaciones, la tuya y la de tu ex, son ejemplos de resultados muy distintos de un mismo acontecimiento: divorciarse. Entiendo que tú vives satisfactoriamente y ella, al parecer, no. Podemos pensar que a los dos les dolió hasta el alma perder un buen matrimonio, pues todos cuantos se casan lo hacen aspirando a que la unión les ayudará a cumplir sus anhelos, sean éstos los que fueren en sus mentes. ¡Y no sucede! La desilusión y el desencanto lo inundan todo. Comienza una temporada de buscar remedios y soluciones, mediante los métodos que cada uno acostumbre y otros nuevos: piden, suplican, exigen, ordenan, acusan, culpan, amenazan, etc., con palabras y acciones. ¡Tampoco sucede! La convivencia se torna insoportable, algo debe ocurrir para ponerle fin. Sobreviene el divorcio.
¿Es verdaderamente el fin? A veces, sí; cuando la media naranja renuncia a lo que pudo haber sido y no fue y asume que debe aprender a vivir como media naranja; pero a veces no, una de las mitades no puede hacerse el ánimo a ser completa como mitad, lo cual es terriblemente doloroso y problemático, porque se experimenta mutilada, víctima inocente de la otra parte que no se acopló ni se quedó. Pierde de vista que tampoco ella pudo acoplarse ni quedarse, y es sincera al decir lo que piensa: la culpa de todo la tienes tú.
Ahora bien, tú ya recuperaste gran parte de tu plenitud, puesto que organizas tu vida a partir de lo que tienes y así la disfrutas, falta que renuncies a “lo que pudo haber sido y no fue” posterior al divorcio; es decir, a la ilusión de que ambos serían excelentes colaboradores y buenos amigos en aquello que todavía tienen en común: los hijos. De la misma manera que te despediste de las ilusiones que te forjó el matrimonio, te haría bien desprenderte de las actuales y nuevamente decir: ¡Así es, con esto debo vivir, ser feliz, y enseñar a mis hijos a serlo! ¿Crees que te será posible?






lunes, 22 de agosto de 2011

ME DIVORCIARON



A mí me divorciaron y veo a mis hijos cada vez que la mamá quiere, porque se los llevó a otra ciudad y si quiero verlos me pide dinero. No me parece justo que la ley la proteja a ella y a mí no. ¿Qué opina?
RESPUESTA
Tu pregunta es breve e intensa. Entiendo que por parte tuya hubieras deseado que jamás ocurriera el divorcio y la familia estuviera junta, en el mismo domicilio. El hecho de que no sea así, ¿qué te ocasiona? No lo dices, pero se intuye que experimentas una pérdida enorme, pues no sólo te ves obligado a renunciar al ideal de la familia perfecta, en la que tu lugar y funciones serían honrados y respetados, sino que también se te niega la cercanía física de los demás miembros del grupo familiar. Por supuesto que no lo deseabas. Desprenderse de un ideal, de lo que pudo haber sido y no fue, en ocasiones parece imposible, duele como si las entrañas fueran arrancadas sin anestesia. A veces la vida es muy dura, ¿verdad?
Me pregunto, dentro de esta dolorosa relación en la que papá y mamá siguen midiendo sus fuerzas uno con el otro, qué pasa con los hijos. Porque a ellos no les toca tomar las decisiones trascendentales de la familia, sino obedecerlas: viven donde se les indica, asisten a la escuela que se les asigna, visten lo que se les da, comen lo que les es ofrecido, etc. ¿Qué estará pasando en sus corazones, al verse privados de la cercanía de papá?, ¿de qué manera interpretan lo que ocurre?, ¿ven amor en que su padre “pague” por verlos y tenerlos cerca?, ¿o acaso piensan que si no es por la fuerza, papá no suelta un peso para su manutención? Son preguntas cuya respuesta solamente tú puedes investigar, porque los pensamientos de los niños no necesariamente coinciden con la realidad, pero influyen en ellos como si los hubieran comprobado personalmente. Quizá encuentres conductas o palabras que preparen el retorno voluntario de tus hijos a ti, inclusive si fuera necesario esperar algún tiempo para que esto ocurra. Puedes estar seguro de que sucederá, porque eres el padre. Ojalá que ese momento te encuentra libre de rencores y disponible para acoger amorosamente a tus hijos.
Respecto a la ley, es posible que ésta haya sido hecha con la intención primordial de proteger a los niños, y en seguida, también a los padres. La ley es lo mínimo indispensable en la relación padres-hijos, y amenaza con castigos si se la transgrede. Sin embargo, pienso que limitarse a lo legal no es suficiente para cuidar de un ser querido. Casi siempre, el corazón dicta hacer un poco más de lo que ella exige, no por temor al juez, a la demanda o a la cárcel, sino por amor y generosidad. Puedes ser generoso, siempre y cuando vigiles que el amor y la generosidad no te lleven al olvido de ti mismo, pues cuidarte es tu principal responsabilidad.
Deseo que encuentres métodos de seguir siendo feliz, dentro de las circunstancias que la vida te ha deparado.





lunes, 15 de agosto de 2011

MIEDOS NOCTURNOS

En mi caso particular tengo una duda. Mi esposo permite que nuestro hijo de 6 años duerma con nosotros cuando se despierta con miedo y va a nuestro cuarto, pero últimamente la hermanita, de 3 años, ya también va y somos cuatro en la misma cama. La última vez los levanté y los llevé a sus cuartos, lloraron fuerte y mucho rato, después cuando se callaron yo no me podía dormir porque me sentí incomprensiva y cruel. ¿Qué se hace cuando los niños tienen miedo por las noches?
RESPUESTA
Tu hijo de seis años tuvo miedo alguna noche, despertó asustado, fue con ustedes en busca de consuelo y seguridad y tu esposo le permitió que se quedara a dormir. Al parecer, esto no resolvió el miedo, porque ha vuelto a suceder, y ahora la pequeña ¿imita la conducta del mayor?, ¿también tiene miedo?, ¿no quiere ser la única en la familia que duerme sola?, ¿le parece que quieren más al hermano y de ahí el privilegio de dormir con los padres?, ¿quiere restablecer la justicia y ser considerada igualmente hija? No sabemos lo que pasa en las mentes de estos niños, es necesario indagarlo. ¿Cómo? De dos maneras: investigando si ocurre algo que los asusta, para suprimirlo o resolverlo, por ejemplo: un programa de TV, una conversación, una riña, un cambio, alguna dificultad en la escuela, etc., y preguntándoles a ellos directamente de qué se trata: “Anoche tuviste miedo, ¿a qué?”
A veces el niño sabe la respuesta, pero otras no tiene idea y comienza a inventar eventos o seres. En ambos casos, es importante esperar a que termine de hablar y no apresurarse a dar opiniones como: ¡Eso no existe, no es posible que te asuste!, ¡Deja de inventar!, ¡estarías tonto si creyeras en tonterías! Por el contrario, hay que escucharlo hasta el final sin interrumpirlo, haciéndole saber que se le está poniendo atención, con expresiones como: ¡ah!, ¡oh!, ¡ya veo!, ¡comprendo!, ¡eso asusta! Cuando el niño haya logrado nombrar el objeto de su miedo, seguir preguntándole detalles: “¿Cómo es?, ¿de qué tamaño?, ¿tiene color?, ¿se mueve?, ¿en dónde lo has visto?, ¿también yo podría verlo?, ¿quieres que vayamos juntos a ver si está?
Generalmente, los pequeños aceptan que la madre “se enfrente” a lo que los asusta. Mamás me han contado lo que hicieron: “le dije al “monstruo” con voz fuerte que dejara de molestar, o se las vería conmigo”, “fuimos mi hijo y yo a comprar una estampa del ángel de la guarda y la pegamos en la puerta del armario, para que no dejara pasar nada malo”, “instalamos un regulador de la intensidad de la luz, y el cuarto no queda totalmente a oscuras”…
Apoyar a los niños a enfrentar y superar sus miedos es importante, les brinda una actitud de lucha, en lugar de otra de huída. Estoy segura de que encontrarás la manera de dar a tus hijos el mensaje de que es mejor no vivir asustados. Pero si no se trata de miedo, sino del deseo de compartir el lecho nupcial con los padres, no creo que la pareja esté de acuerdo en renunciar a sus derechos a cambio de nada bueno.