CRECER
Leo sus artículos y me gustan. Me gustaría saber porqué en todas partes se habla de cambio: cambiar de hábitos, cambiar de manera de pensar, etc. Qué diferencia hay entre querer cambiarlo todo y ser inestable de carácter
RESPUESTA
El cambio es la esencia de la vida. Un antiguo filósofo, Heráclito, decía que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, pues cambia la persona y cambia el río, en un proceso continuo de nacimiento y destrucción al que nada escapa. Si esto es verdad, entonces no es que necesitemos cambiar, sino que cambiamos, y punto.
Ahora bien, ya que cambiamos aunque no hagamos nada, es preferible hacer algo para conducir este cambio hacia el crecimiento y no hacia la involución.
¿Esto es posible? En el cuerpo, sólo en determinadas edades; en la mente, siempre.
En el cuerpo, un bebé y un niño cambian hacia un mayor desarrollo; el maduro y el viejo, hacia un declinar que terminará en la muerte. La mente, por fortuna, puede crecer perpetuamente; no obstante, a veces también involuciona como el cuerpo. Para mantenerla en forma se necesita ejercitarla constante, firme y tenazmente con cambios dirigidos hacia la adaptación inteligente y armoniosa a las circunstancias. Esto es esencialmente opuesto a la inestabilidad de carácter, que consiste en que la persona no decide ni se hace cargo de dirigir su vida, sino reacciona a los acontecimientos de manera automática e impredecible. Imagino la diferencia entre ambos como el estilo de conducir un auto. En el primer caso, el conductor quiere llegar a un destino y se adapta a lo que encuentra; ve un bache o una curva y hace las modificaciones pertinentes en el volante, el acelerador o el freno, para pasarlos de la mejor manera; en cambio, el inestable de carácter no modifica nada, permite que el auto brinque o salga de la carretera y luego se queja o maldice su mala suerte, sin reconocer su colaboración en lo que está sucediéndole. Quiero decir que de todas maneras tuvo cambios, pero no hacia una mayor capacidad de adaptación.
Lo que necesitamos es crecer, no querer cambiarlo todo. Crecer es volvernos más grandes y poderosos que los retos y los problemas. Cuando éramos niños y llegamos al kinder, nos pusieron a hacer rayitas y bolitas. Para esa edad era una tarea bastante difícil, pero crecimos y sabemos hacer números, letras, sumar, restar y muchas cosas más... Aquellos retos ahora nos parecen pequeños. Así es cuando uno crece; lo que antes parecía muy pesado parece liviano, porque está capacitado para enfrentar retos cada vez mayores, y en el momento que éstos se presentan, no dice: “Pobre de mí, me ahogo con tantos problemas”, sino: “Puedo encontrar la solución”.
Me despido deseándote cambios felices, aun en las circunstancias más adversas.
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