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martes, 12 de mayo de 2020

DÍA DE LAS MADRES


Tuvimos un día de las madres extraño: tiendas, cines, restaurantes y cementerios cerrados, muchas videollamadas, inundación de noticias contradictorias, horrible incertidumbre y algo aún peor, cero abrazos. Quizá alguno pensó: y sin cervezas porque hay desabasto. 

La relación más entrañable del ser humano, que ni la muerte rompe, fue festejada de manera inusual, pero cuando se permite que el amor fluya, encuentra mil caminos para expresarse. Muchos activaron su creatividad e inventaron un método suyo y original de hacerle sentir a mamá amor y cercanía. La creatividad no puede ser destruida ni por cien pandemias, siempre encontrará soluciones. Esa es la esperanza del ser humano: puede inventar formas nuevas de hacer lo que desea.

La vida cambia incluso en un instante; ninguno imaginábamos un 2020 como el que estamos viviendo. La cuarentena nos llegó por sorpresa y trajo diversas consecuencias para las madres y abuelas (y toda la familia). Está exigiéndonos inventar a cada paso.

Las que estaban acostumbradas a la vertiginosidad de atender hijos, casa y trabajo y de pronto debieron quedarse encerradas con toda la familia reunida, ¿cómo hicieron de este un día especial?

Las que jamás cocinaban pero debieron darle “vacaciones” a la sirvienta y han pasado horas en la cocina o el cuarto de lavado, ¿en qué consistió su regalo? ¿De qué manera se permitieron ser receptivas y dar oportunidad a sus seres queridos de ofrecerles amor?

Las que viviendo solas o ya sin hijos, viajaban, salían, entraban, iban y venían a voluntad y de repente, ¡zas!, no sales ni recibes visitas y tampoco sigues con tus rutinas. ¿What? Debieron encontrar la manera de abrir su corazón y recibir afecto.

Las abuelas que, porque se quedaban muy solas, debieron irse a vivir a casa del yerno o la nuera, ¿Qué arreglos necesitaron hacer en sus corazones para permitirse vivir un día pleno de amor? 

Sería imposible describir tantas y tantas circunstancias tan variadas. Discúlpenme los señores por no dar la debida atención a lo que ustedes están viviendo en la cuarentena, pero esta es una fiesta de mujeres. Madres.  Y ustedes, hombres, son extremadamente importantes en esa construcción de un ambiente amoroso en casa.

Cada uno de nosotros sabe y ha sentido alguna vez que en la vida debe crear algo. Que está creando. Lo que uno vive es la creación particular y original de cada quién, dentro de un mundo que sigue su marcha. Hoy se nos ordena aislamiento físico, pero la mente y el corazón no necesariamente se desconectan, sino que permanecen en contacto amoroso donde y con quien quieren. ¡Nada ni nadie puede obligarnos a dejar de dar y recibir amor!

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 26 de noviembre de 2018

ESTABILIDAD Y CAMBIO


Con frecuencia escuchamos decir: “¡Cambia, cambia, debes cambiar!”, y uno piensa: “¿Por qué? ¿Hacia dónde?”. Y puede que la voz externa insista: “¡Sal de tu zona de confort!”. Cuando a mí alguien me insta a que abandone mi zona de confort, pienso: “¿Por qué, si me siento confortable? En todo caso, haría esfuerzos para salir de las zonas que me ocasionen malestar”.

El bienestar o malestar nunca son gratuitos; la persona, grupo, o sistema de que se trate han realizado una serie de acciones o elecciones que le condujeron a la satisfacción o al dolor donde se encuentra en el momento actual.

Es posible que las personas confundan “zona de confort” con “zona en la que tengo miedo de hacer cambios”; pero el miedo de ninguna manera es confortable.

Todo sistema posee dos tendencias: a la estabilidad y al cambio. La estabilidad o tendencia homeostática consiste en que un sistema hace las autocorrecciones necesarias para conservarse como es (o como está). En el cambio o tendencia transformadora, el sistema busca y promueve lo nuevo. 

Ninguna de estas dos tendencias es mala. Ambas son necesarias tanto en las personas como en cualquier entidad que sea un sistema. Cuando se logra un equilibrio sano entre dichas tendencias, el resultado es un crecimiento pleno con bienestar confortable.

El crecimiento pleno con bienestar confortable es un buen criterio para elegir entre la estabilidad o el cambio, porque...

Cambiar por cambiar no tiene sentido. A quien lo hace se le llama snob y puede ocasionar más daño que bien. 

Defender lo establecido sólo porque así se acostumbra hacerlo tampoco tiene sentido. A quien lo hace se le llama conservador y en ocasiones fundamentalista.
 
Es importante discernir qué es lo que merece y puede ser cambiado. Si bien es cierto que la vida es un constante cambio, la estructura interna de un sistema no debe cambiar, o éste enfermará y tal vez muera. Significa que cada uno de los elementos que componen al sistema tiene un lugar y debe permanecer en él, para cumplir su función. Si alguno cambiara de sitio o dejara de interactuar, todo el sistema se resentiría. Ejemplos de modificaciones en la estructura: Un hueso dislocado (fuera de lugar) ya no puede interactuar en armonía y ocasionará que la persona se sienta mal. En un cadáver, aun cuando todos sus elementos (corazón, pulmones, intestino, etc.) conservaran su lugar, no cumplen su función y han dejado de interactuar. Se acabó la estructura.

Quiere decir que lo estructural forma parte de lo que debe permanecer estable. En un sistema familiar, por ejemplo, no corresponde a la madre o al padre el lugar y la función de hijos. El niño pequeño tirano que determina lo que se va a desayunar en casa o a qué hora deben salir y regresar los papás, está ubicado como el padre de éstos. Lo mismo el papelerito que sale a trabajar para llevar el sustento a la familia. Estos cambios en la estructura (que no debería ser cambiada) ponen en peligro la existencia y funcionalidad del sistema. 

Por lo dicho puede entenderse que “estructura” y “lo establecido” no son la misma cosa. Lo primero es esencial para el bienestar del sistema, lo segundo puede ser beneficioso o dañino, y sólo se acostumbra hacerlo. 

Existen sistemas en los que es costumbre forzar la estructura y se lo considera correcto, similar a cuando se les deformaba los pies a las antiguas mujeres chinas o se volvía bizcos a los antiguos mayas “para que fueran bellos”. A nadie le ocasionaba remordimiento participar en actos que hoy sabemos eran atroces. En la actualidad pasa lo mismo en aquellas filosofías que restan importancia o intentan suprimir algún elemento esencial del ser humano, sea el cuerpo, el intelecto, el afecto, lo social o lo espiritual. A dichas filosofías, en donde se acostumbran, puede englobárselas dentro de “lo establecido”.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51

lunes, 1 de abril de 2013

PASCUA


Pedí prestada esta palabra “pascua" para darle nombre a Clínica Pascua, que está celebrando su onomástico. Felicidades. Pascua es dar un paso, caminar, dejar atrás lo que ya pasó y seguir adelante, de lo antiguo a lo nuevo, de menos a más vida.

En ocasiones creemos que tenemos derecho a negarnos  a dar un paso que nos toca dar. Esto es falso; con o sin nuestro consentimiento hemos de avanzar de una edad a otra, de unas costumbres a otras, de unas creencias a otras. Negándonos a dar el paso, solamente nos privamos de la plenitud que otorga el entregarse con amor a vivir el momento e igual, caminamos, porque la corriente de la vida nos lleva, pero lo hacemos sin acompañar los cambios con el corazón, y cuando el corazón no acompaña nuestros pasos, vivimos quejándonos: “¿Por qué tengo qué avanzar en edad?”, “¿Por qué todo pasa y nada se queda?”. Nos quedamos con la sensación de que la vida nos debe, que tenemos con ella cuentas por cobrar. Siempre habrá quienes se nieguen y protesten, y sus protestas se perderán en el tiempo, porque la vida sigue igual, caminando. 

Paso a paso se llega lejos. Paso a paso llegamos al kínder y salimos de él, de primaria, secundaria y  de tantos otros acontecimientos que hemos vivido. No tuvimos que hacer esfuerzo para crecer, pero sí para aprender a ser la nueva persona que nos exigía el crecimiento. Esto es dar el paso, sintonizarnos con el presente y tomarlo como se presenta, sin añoranza, sin protestas, sin desdicha. “Todo tiempo pasado fue mejor”, decimos cuando nos obstinamos en creer que podemos detener la vida y forjarla a nuestro gusto. ¿Podemos?

Personas mayores pueden atestiguar , por ejemplo, que a mediados del siglo pasado, la ciudad de León tenía unos trescientos mil habitantes, las diversiones eran el cine y salir de paseo al centro, al parque o la calzada, las fiestas eran “tardeadas” porque los padres jamás permitirían que sus hijos adolescentes salieran de noche; las mujeres no votaban, pocas de ellas iban a la universidad y su mayor ilusión era casarse de blanco, salir de su casa del brazo de papá y comprometerse “hasta que la muerte nos separe”; la familia iba a misa los domingos, por la mañana porque no había por la tarde, la última era a la una y media, pues el celebrante debía estar en ayunas desde la media noche hasta el momento de la comunión….  Esa sociedad cambió, paso a paso y sin que individualmente nadie pudiera atajar los cambios, porque las sociedades parecen ríos que corren y arrastran en sus aguas también aquello que se les opone. Nos llevan consigo. Somos como gotas de agua, sin libertad aparente, todas iguales y uniformadas por los signos de nuestro tiempo. Sin embargo, en lo individual, cuántas diferencias entre una gota y otra, entre una persona y otra. Si nuestro destino es nacer, crecer, quizá reproducirnos y morir; ¡qué infinidad de maneras distintas de hacer estas mismas cosas!

Lo que distingue a las gotas es la manera de dar cada paso; conscientemente o sin darse cuenta; con la mirada puesta en el presente, o vueltas hacia el pasado o el futuro; eligiendo vivir o dejándose llevar por la corriente. Cada vez que miramos al futuro y queremos saber cómo será, tenemos dudas o miedo sobre él, perdemos fuerza. Pero si permanecemos en el momento presente y damos un paso, ese paso nos ubica en otro presente, luego, esperamos hasta que de ese presente venga sugerido el próximo paso, y damos sólo ese paso, estamos presentes todo el tiempo, con fuerza.

Ahora una invitación para el próximo miércoles 10 de abril a la charla: “Sexualidad en la pareja”, a las 8 pm, entrada libre, en San Sebastián 408, La Martinica. Asiste.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

lunes, 28 de enero de 2013


CAMBIO SOCIAL

Estoy de acuerdo con lo que dice Carmen Aristegui: “Hay que hablar mal de México si queremos mejorar”, por eso pregunto: ¿cómo hemos ido perdiendo poder para promover la ciencia y la economía, que van de la mano? Yo creo que ha habido un quiebre en la educación; la escuela no responde a las necesidades de la población de todos los niveles, se ha vuelto un negocio. Conozco a doctorados que llevan 5 años sin trabajo; a jóvenes que dejan trunco el bachillerato y deben comenzar de nuevo porque los planes no permiten revalidar; madres de familia jóvenes tienen que esperar para tener ingresos, en lugar de que estudiando tengan un oficio: instalo un boiler y gano 400. Pero también está lo opuesto, que la gente no quiere aprender. Yo pensé en una posibilidad de hacer educación y conseguí 800 becas de fontanería. Invité a gente. “Otro ingreso más”, les decía. Asistieron 6 personas. Y dice uno: ¿qué pasa? Los cubanos tienen tres oficios; en la India existe la “universidad de los descalzos”, llamada así porque de día están con sus borregos y en la noche, de 8 a 10, van a clase; conozco mujeres de Vietnam que hacen tablarroca o son fontaneras, ¿y nosotros no podemos? Pero vienen los Tigres del Norte y se llena. Yo creo que dejar de estudiar es comenzar a morir. Me gustaría conocer su opinión al respecto.

RESPUESTA

Gracias por tu aportación. Está muy completa tu idea. Comparto contigo el deseo de que nuestra Patria esté cada vez mejor; pienso lo mismo que tú respecto a que dejar de estudiar y aprender es comenzar a morir; que la educación es importante y debe estar encaminada a que las personas se capaciten para satisfacer sus necesidades, en el mundo que les tocó vivir.  También admiro a los esforzados, ya sean de este País o de otros. ¿Cuál será mi aportación?

En esta columna hablo de Psicología. Un psicólogo, que también desea un cambio social, se dedica a promoverlo mediante el desarrollo de las personas, dentro de sus grupos; es decir, que sin menospreciar la importancia de las decisiones políticas, se enfoca a que los individuos  se “empoderen” –se llenen de su propio poder- para que sean capaces de satisfacer sus necesidades y relacionarse armoniosamente con su entorno, mediante el aprovechamiento de lo que poseen. Esto presupone la creencia en que cada uno dispone, ya, hoy, de todos los recursos necesarios para su desarrollo personal, puesto que la Naturaleza se los ha otorgado, y que su tarea como ser humano es hacerse responsable de descubrir, reconocer y utilizar su propia riqueza personal, independientemente de que otros decidan o no hacerlo.

Por supuesto que como psicóloga puedo concordar contigo: “Es cierto, hay un quiebre en la educación, y ésta no prepara al alumno a vivir en su mundo”, o “hay gente que no quiere aprender”; sin embargo, debo esperar a ser consultada por una persona o grupo específicos, para ponerme a su servicio y, junto con ellos, estudiar en cada caso las causas y las estrategias adecuadas.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 47 28 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

lunes, 2 de agosto de 2010

CRECER

CRECER
Leo sus artículos y me gustan. Me gustaría saber porqué en todas partes se habla de cambio: cambiar de hábitos, cambiar de manera de pensar, etc. Qué diferencia hay entre querer cambiarlo todo y ser inestable de carácter
RESPUESTA
El cambio es la esencia de la vida. Un antiguo filósofo, Heráclito, decía que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, pues cambia la persona y cambia el río, en un proceso continuo de nacimiento y destrucción al que nada escapa. Si esto es verdad, entonces no es que necesitemos cambiar, sino que cambiamos, y punto.
Ahora bien, ya que cambiamos aunque no hagamos nada, es preferible hacer algo para conducir este cambio hacia el crecimiento y no hacia la involución.
¿Esto es posible? En el cuerpo, sólo en determinadas edades; en la mente, siempre.
En el cuerpo, un bebé y un niño cambian hacia un mayor desarrollo; el maduro y el viejo, hacia un declinar que terminará en la muerte. La mente, por fortuna, puede crecer perpetuamente; no obstante, a veces también involuciona como el cuerpo. Para mantenerla en forma se necesita ejercitarla constante, firme y tenazmente con cambios dirigidos hacia la adaptación inteligente y armoniosa a las circunstancias. Esto es esencialmente opuesto a la inestabilidad de carácter, que consiste en que la persona no decide ni se hace cargo de dirigir su vida, sino reacciona a los acontecimientos de manera automática e impredecible. Imagino la diferencia entre ambos como el estilo de conducir un auto. En el primer caso, el conductor quiere llegar a un destino y se adapta a lo que encuentra; ve un bache o una curva y hace las modificaciones pertinentes en el volante, el acelerador o el freno, para pasarlos de la mejor manera; en cambio, el inestable de carácter no modifica nada, permite que el auto brinque o salga de la carretera y luego se queja o maldice su mala suerte, sin reconocer su colaboración en lo que está sucediéndole. Quiero decir que de todas maneras tuvo cambios, pero no hacia una mayor capacidad de adaptación.
Lo que necesitamos es crecer, no querer cambiarlo todo. Crecer es volvernos más grandes y poderosos que los retos y los problemas. Cuando éramos niños y llegamos al kinder, nos pusieron a hacer rayitas y bolitas. Para esa edad era una tarea bastante difícil, pero crecimos y sabemos hacer números, letras, sumar, restar y muchas cosas más... Aquellos retos ahora nos parecen pequeños. Así es cuando uno crece; lo que antes parecía muy pesado parece liviano, porque está capacitado para enfrentar retos cada vez mayores, y en el momento que éstos se presentan, no dice: “Pobre de mí, me ahogo con tantos problemas”, sino: “Puedo encontrar la solución”.
Me despido deseándote cambios felices, aun en las circunstancias más adversas.