Tengo 39 años. Me casé joven, al terminar la prepa. Mi ex era dos años menor que yo. Nos casamos muy enamorados, con el deseo de que nuestro matrimonio fuera para toda la vida. Solamente duró 20 años. Me salí de la casa con la finalidad de darnos un espacio y hubiera un cambio positivo, lo cual mi ex aprovechó para promover el divorcio. La desconocí porque en este inter decía que me quería mucho. Interpuso una demanda con pensión alta. Hizo muchos trinques con su abogado para quitarme propiedades. Lo que me desconcertó emocionalmente es que ahora tiene una relación con una lesbiana y su actitud es de libertinaje.
Mi pregunta es, ¿qué debo hacer para adquirir mi tranquilidad personal y la de mis hijos, y sanar el dolor que me causa este problema? ¿Cómo debería ser la relación con mi ex? Porque le tengo coraje.
RESPUESTA
Todo divorcio es un evento sumamente doloroso, del que nadie sale intacto. Se destruye un mundo para dar paso a otro. Muchas personas se quedan atoradas en el primero, reduciéndose a lamentar que “un tifón” arrasó con lo que más querían; en cambio, otras se dedican a ver qué quedó y qué pueden hacer para sobrevivir de la mejor manera posible. Tu pregunta acerca de cómo sanar el dolor y adquirir tranquilidad para ti y tus hijos, me hace pensar que eres de estos últimos, tienes fortaleza y estás creciendo. Al parecer, dentro de la aflicción tan grande que tienes, no pierdes de vista que tú y ellos necesitan paz.
Nota que cambié la palabra “tranquilidad” por la de “paz”. Una persona tranquila no tiene emociones fuertes y mucho menos encontradas, posiblemente se encuentra tumbada en una playa o viendo televisión. En cambio, quien tiene paz, ha logrado reconciliar los opuestos y darles un lugar en su interior, como cuando dos ejércitos que pelearon, mataron y saquearon pactan terminar la guerra y convivir. Necesitarán de gran fortaleza y claridad mental para poner rienda a los recuerdos y contener los sentimientos, pues un descuido basta para que regresen las hostilidades y la destrucción.
Las guerras suelen arrastrar y afectar también a los que no quieren participar en ellas. Ésta que vivieron tú y tu ex, es de ustedes dos. Ambos están heridos y sufren dolor. El dolor hay que llorarlo, solo así se mitiga. Los hijos de ustedes, que no son protagonistas, seguramente han participado en la refriega y tomado partido. Hay que sacarlos de ella a cualquier precio, o se dedicarán a vivir una vida que no es la suya, descuidando la propia. ¿Cómo?
Lo que te diré es muy difícil, pero necesario. Necesitas enseñarles a respetar y honrar a su madre. También, a respetarte y honrarte a ti. Que no se metan a juzgar quién de ustedes es mejor o peor, ni quién tiene la razón. ¡Fuera, no es su asunto! Vivan su vida y dejen la ajena.
Termino recomendándote hacer una Constelación Familiar, para acomodar el coraje que tienes, darle un buen lugar en tu corazón y transformar su energía en valor. El valor también destruye, pero solamente lo que debe ser destruido, es decir, los obstáculos para llegar a la meta. En tu caso, a la paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario