lunes, 5 de diciembre de 2011

CASARSE CON UNA DIVORCIADA

Su columna “Casarse con un divorciado” me cayó como anillo al dedo, pero de forma contraria. Yo pasé por un divorcio hace 3 años y medio. Razones... muchas. Fue muy doloroso rehacer mi vida, salir adelante con mis dos niños y superar el trauma, lo cual no hice sola, tuve ayuda profesional y de mi madre, que está ahí para apoyarme con los cuidados de los niños, mientras yo trabajo. Respecto al padre de mis hijos, trato de mantener una relación lo más respetuosa posible, por el bien de ellos, aunque la indiferencia y la lejanía de él como padre me preocupa por el desarrollo emocional sobretodo de mi hijo. Actualmente la niña tiene siete años y el niño tres y medio.
En este momento estoy dándome por primera vez la oportunidad de estar con alguien. Él me dice que me brinda todo su apoyo económico, moral, etc., al 100% a mí y a mi familia, si decido aceptarlo para que nos casemos. En la actualidad yo mantengo a mis hijos y mi casa. Me preocuparía sacarnos de balance y que en algún momento él pudiera sentir que solo estoy aprovechándome. Contrario a su columna, él no tiene ex esposa, hijos o algún otro compromiso. ¿Cómo podré hacer para que las cosas salgan bien?
RESPUESTA
Has vivido cosas fuertes. Divorciarte y luego mantener y educar a dos hijos no es fácil. La vida nos presenta retos que nos obligan a expandir nuestros límites más allá de lo que cada uno hubiéramos podido imaginar. El resultado es un desarrollo espiritual extraordinario, o la huida. Tú estás ahí. Tu madre está ahí. Tu nueva pareja se ofrece para estar ahí. Estar ahí no es poco; significa tomar la vida como viene y entregarse todos los días a la experiencia. El resultado es una abundante disposición para amar, que se manifiesta en lo cotidiano.
Estás dándote la oportunidad de salir con alguien que se muestra extraordinariamente generoso, pero te preocupa que en algún momento él pudiera sentir que solo estás aprovechándote. No lo harás, si eres vigilante de ti misma en el sentido de aceptar sólo aquello que puedes retribuir, y no me refiero a retribuciones de la misma especie. Es decir, existen regalos que sólo pueden compensarse con gratitud sincera, y otros que requieren algo equivalente a lo recibido. Interiormente poseemos un sentido del equilibrio que nos hace saber cuándo estamos quedándonos cortos en la interacción y es importante atender sus señales; de lo contrario, insensiblemente nos ubicamos abajo. El que da siempre es el grande y el de arriba, y quien recibe, el pequeño y de abajo. Para conservar tu grandeza y la de tu familia, es importante ser cuidadosa en este punto y evitar lo siguiente: devaluar lo recibido para no dar las gracias, y recibir sin corresponder. Sólo así serán dos adultos que intercambian su versatilidad y se enriquecen mutuamente.
Dices que temes por el desarrollo emocional de tus hijos porque su padre está lejano e indiferente. Quisieras saberlo todo para brindarles lo mejor. Lo mejor es lo que estás haciendo: tomar la vida como viene, sin adueñarte de cargas que ella, la vida, no te ha impuesto, y luchar por estar bien. Ése es el secreto: tu ejemplo. Tus hijos captarán de ti si realmente su padre -que constituye el 50% de sus personas física y emocionalmente- es digno de aprecio, respeto y amor. Si puedes amarlo en ellos, la respuesta será afirmativa, y ellos a su vez lo amarán en sí mismos. Si es negativa, lo odiarán en su propia persona. Honrar y darle un lugar en tu corazón a quien no llenó tus expectativas y te dejó sola con una responsabilidad que era de ambos, requiere de ti un trabajo personal y constante sobre tus sentimientos y la manera de expresarlos, para que tus hijos no se vean involucrados en un conflicto que pertenece a ustedes, sus padres.

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