Una compañera de trabajo tiene
episodios de tristeza sin motivo aparente y, lógico, ha bajado su rendimiento
laboral. En su muro de facebook escribe cosas como “me siento triste y no sé
por qué”, “soy una chica fuerte” y repetidas veces como éstas: “El camino a la felicidad no es recto”,
“existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES”, etc., que circulan por internet. Ella
es muy jovial y alegre o al menos es la imagen que proyecta. Me gustaría
ayudarla, no sea que por esos episodios de tristeza o tal vez depresión pierda
su empleo. Sus amigos de facebook le hemos preguntado el motivo de por qué se
siente triste sin motivo y ella sólo dice: “no lo sé”, aparte se ve muy
desanimada, y la verdad a veces hasta contagia su tristeza. Bueno tanto así no,
la verdad yo tampoco puedo entender por qué se siente triste, no creo que sea
por algún amor ya que ella es atractiva y puede tener al hombre que desee. Gracias
por leer los correos de los lectores y me gustaría saber que días se publica su
columna.
RESPUESTA
Gracias por tu correo. La
columna se publica todos los martes.
Estoy entendiendo que sientes
grande estimación por una compañera de trabajo que proyecta imágenes opuestas,
unas veces jovial y alegre, y otras, triste sin motivo aparente. Te tiene
preocupado que se vea desanimada, temes pierda su empleo y en ocasiones sientes
que te contagia su tristeza. Dedicas tiempo a intentar comprenderla, porque te
gustaría entender lo que le pasa. Imagino que tu pregunta es: ¿qué puedo hacer
por ella?, ¿cómo se logra que alguien muy triste deje de estarlo?
Déjame dar un rodeo para
responder. Imaginemos que, transitando por la carretera, vemos a un conductor que
en repetidas ocasiones se acerca a la orilla peligrosamente y nos da temor que
sufra un accidente. Deseosos de evitar que le suceda, nos estacionamos y le
hacemos señas para que también se detenga, a fin de preguntarle si está bien o
necesita algo. Podría ser que nos haga caso, o que no. Ahora imaginemos que sí,
y se detuvo. Amablemente y con deseos de ayudarlo, le decimos: “¿Se siente
bien? Orillarse es peligroso, puede usted volcar, ¿por qué lo hace?”, y
solamente nos respondiera: “No lo sé”. Desconcertados por su respuesta, quizá
queramos insistir: “¿Le duele la cabeza, el corazón, ha tenido riesgos de
infarto, necesita lentes, o en qué puedo ayudarlo?”. Puede haber mil
posibilidades de reacción en nuestro interlocutor, desde mirarnos con ojos de “¿qué
le pasa?”, molestarse por la interrupción en su camino, invitarnos una copa o
secuestrarnos. Pero digamos que solamente nos da las gracias por nuestro
interés y prosigue su marcha, quizá con más cuidado que antes o a lo mejor
igual. Por lo pronto, hemos interrumpido nuestro viaje, lo cual sería el
equivalente a “te contagia su tristeza”, porque antes íbamos bien y conduciendo
con prudencia.
Me viene a la mente otra
comparación. Digamos que estamos por comprar un auto y elegimos uno de la marca
“equis” color plateado. Muy ilusionados salimos a la calle y ¡oh sorpresa!,
nunca antes habíamos notado el enorme número de autos “equis plateados” que
andan en circulación. ¿Qué pasó?, ¿aumentaron de un día para otro? De ninguna
manera, sólo es que ahora traemos la idea en la mente y les ponemos atención. Ver
autos equis plateados no significaría “te contagia su tristeza”, sino “esa
tristeza también la siento yo”. Y tu profundo deseo de ayudarla sería un:
“alguien que me ayude, por favor”.
No sé cuál de las dos
comparaciones te llame más la atención.
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