lunes, 21 de mayo de 2012

UNA AMIGA ESTÁ TRISTE


Una compañera de trabajo tiene episodios de tristeza sin motivo aparente y, lógico, ha bajado su rendimiento laboral. En su muro de facebook escribe cosas como “me siento triste y no sé por qué”, “soy una chica fuerte” y repetidas veces como éstas: “El camino a la felicidad no es recto”, “existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES”, etc., que circulan por internet. Ella es muy jovial y alegre o al menos es la imagen que proyecta. Me gustaría ayudarla, no sea que por esos episodios de tristeza o tal vez depresión pierda su empleo. Sus amigos de facebook le hemos preguntado el motivo de por qué se siente triste sin motivo y ella sólo dice: “no lo sé”, aparte se ve muy desanimada, y la verdad a veces hasta contagia su tristeza. Bueno tanto así no, la verdad yo tampoco puedo entender por qué se siente triste, no creo que sea por algún amor ya que ella es atractiva y puede tener al hombre que desee. Gracias por leer los correos de los lectores y me gustaría saber que días se publica su columna.

RESPUESTA

Gracias por tu correo. La columna se publica todos los martes.

Estoy entendiendo que sientes grande estimación por una compañera de trabajo que proyecta imágenes opuestas, unas veces jovial y alegre, y otras, triste sin motivo aparente. Te tiene preocupado que se vea desanimada, temes pierda su empleo y en ocasiones sientes que te contagia su tristeza. Dedicas tiempo a intentar comprenderla, porque te gustaría entender lo que le pasa. Imagino que tu pregunta es: ¿qué puedo hacer por ella?, ¿cómo se logra que alguien muy triste deje de estarlo?

Déjame dar un rodeo para responder. Imaginemos que, transitando por la carretera, vemos a un conductor que en repetidas ocasiones se acerca a la orilla peligrosamente y nos da temor que sufra un accidente. Deseosos de evitar que le suceda, nos estacionamos y le hacemos señas para que también se detenga, a fin de preguntarle si está bien o necesita algo. Podría ser que nos haga caso, o que no. Ahora imaginemos que sí, y se detuvo. Amablemente y con deseos de ayudarlo, le decimos: “¿Se siente bien? Orillarse es peligroso, puede usted volcar, ¿por qué lo hace?”, y solamente nos respondiera: “No lo sé”. Desconcertados por su respuesta, quizá queramos insistir: “¿Le duele la cabeza, el corazón, ha tenido riesgos de infarto, necesita lentes, o en qué puedo ayudarlo?”. Puede haber mil posibilidades de reacción en nuestro interlocutor, desde mirarnos con ojos de “¿qué le pasa?”, molestarse por la interrupción en su camino, invitarnos una copa o secuestrarnos. Pero digamos que solamente nos da las gracias por nuestro interés y prosigue su marcha, quizá con más cuidado que antes o a lo mejor igual. Por lo pronto, hemos interrumpido nuestro viaje, lo cual sería el equivalente a “te contagia su tristeza”, porque antes íbamos bien y conduciendo con prudencia.

Me viene a la mente otra comparación. Digamos que estamos por comprar un auto y elegimos uno de la marca “equis” color plateado. Muy ilusionados salimos a la calle y ¡oh sorpresa!, nunca antes habíamos notado el enorme número de autos “equis plateados” que andan en circulación. ¿Qué pasó?, ¿aumentaron de un día para otro? De ninguna manera, sólo es que ahora traemos la idea en la mente y les ponemos atención. Ver autos equis plateados no significaría “te contagia su tristeza”, sino “esa tristeza también la siento yo”. Y tu profundo deseo de ayudarla sería un: “alguien que me ayude, por favor”.

No sé cuál de las dos comparaciones te llame más la atención.






No hay comentarios:

Publicar un comentario