lunes, 7 de mayo de 2012

UNA LUZ EN LA OSCURIDAD

Fuimos 10 hermanos. Económicamente, nuestros padres pasaron de mal a mejor. En vida de mi papá, él le dejó un negocio a una hermana y allí junto le abrió un localito a otro hermano, luego, el mayor le pidió que por unos días le permitiera ponerse en donde la hermana, porque se había derrumbado el sitio que él rentaba. Mi papá accedió. Pasado con mucho el plazo, este hermano se adueñó del lugar, ahora alega y nos reprocha que en vida de mi papá él lo ayudó a mantenernos, pero yo digo que ya desquitó sobradamente porque hasta carrera les dio a todos sus hijos. Han sido pleitos y él no quiere darles trabajo a los demás hermanos, a mi hermana él quiere echarla y un hijo de él a escondidas sustrajo los papeles en que mi papá le dejaba a ella el negocio. Yo soy la sexta, económicamente me encuentro bien, todos mis hermanos me buscan para pedir consejo y me duele ver que casi se golpean. A mí Dios me ha dado fortaleza para aconsejarlos y corregirlos, pero en este caso, ¿cómo hago para convencer al mayor de que no sea así y recapacite?

RESPUESTA

Gracias por abrir tu corazón y hablar de un tema que, imagino, lleva muchos años acongojando a toda la familia, puesto que tu hermano considera haber ayudado a tu papá a mantenerlos a ustedes y agregas que sus propios hijos ya terminaron sus carreras. ¿Podemos pensar que esto es un dolor crónico para el grupo familiar?, ¿que los de un lado y otro han recurrido a abogados y diversos recursos intentando resolverlo?, ¿y tú, que estás económicamente bien y no esperas utilidad en el pleito, te solidarizas con algunos de tus hermanos y buscas cómo ayudarlos a ganar? Te encuentras tan metida en el conflicto como si fuera tuyo.

¿Qué ocasiona que una hermana que está económicamente bien y no espera “tajada”, se entregue a sufrir con los que sufren, renunciando a su propia paz?

Las personas solemos tener un amor muy grande por la propia familia y una profunda necesidad de pertenecer a ella. Queremos sentirnos con derecho a “vestir la camiseta del equipo” y ser consideradas parte de él. Si se tratara de uno de futbol, nos esforzaríamos por defender y meter goles. Igual en la familia: con tal de mostrar nuestro amor, ser vistos y pertenecer, sacrificamos inclusive la propia paz y logramos desempeñar un papel en la tragedia, drama, comedia u obra épica que el grupo está viviendo. Sin embargo, no siempre sale alguien beneficiado. Ustedes todos ya han sufrido bastante y no se ve en el horizonte una solución satisfactoria.

Mi primera sugerencia para ti es repetir la siguiente frase: “Por amor a mi familia, intervengo en problemas que yo no necesito”. Quién sabe qué encontrarás al repetirla, quizá sientas que es verdad, o que no.

Por otro lado, tú puedes seguir amando a tu familia con otros métodos, nuevos, que te resulten menos costosos e introduzcan en ella un poco de tu paz, o al menos resten combustible al fuego. Por ejemplo, rezar por todos, sonreír a todos, tal vez salir a tomar un café (bandos por separado) y hablar de aquello que los une: buenos recuerdos, ilusiones, deseos... no del conflicto, que los separa. Cuando alguien enciende una luz, la oscuridad se ilumina.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28








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