Tengo 42 años. Cuando éramos niños, mi hermano menor y yo
nos acercamos sin permiso a una máquina que le atrapó un brazo y lo perdió, yo
trataba de jalarlo, pero no pude, grité hasta que los grandes vinieron a apagar
la máquina y fue muy terrible. Recientemente murió este hermano y yo me siento
igual que cuando éramos chicos, por más que trato de tranquilizarme no puedo,
me siento mal y en ningún lado estoy bien, qué me recomienda, ir con quién, ya
estoy tomando medicina del psiquiatra.
RESPUESTA
Estás triste. Las dos experiencias que mencionas son
pérdidas importantes: la del brazo de tu hermano y la de su vida. Sufres de un
dolor que experimentas como insoportable, porque hubieras querido que el
desarrollo de los acontecimientos fuera distinto. Este dolor es un tributo del amor que le tienes
a tu hermano y, por el momento, la mejor manera que has encontrado para decirle
cuánto lo quieres y cómo te duelen tanto la pérdida de su brazo como su
partida. Con tu dolor también le estás diciendo que tú no querías que ocurriese
ninguno de los dos sucesos.
Naturalmente, deseas mitigar tu dolor. Puedes hacer muchas
cosas. Primera, ya consultaste a un psiquiatra y estás tomando medicamento. Te
va a ayudar, es como usar un bastón cuando se tiene herida una pierna. También puedes
darte tiempo para entregarte a tu dolor y llorarlo, el desahogo es saludable y
alivia. La presencia y cercanía de la familia es un apoyo importante; es mejor
que permanezcas acompañado en lugar de solo. Te ayudaría tener psicoterapia. Hay
terapeutas que son especialistas para estos casos, se llaman Tanatólogos y
saben cómo apoyarte para elaborar tus pérdidas, busca a alguno. También puedes
tomar un curso de Tanatología. Sería altamente recomendable que hicieras una
Constelación Familiar de este tema, para acomodar tus sentimientos, reconocer y
expresar tu dolor y sentirte apoyado por el Espíritu.
Quizás quieras preparar tu corazón para sanar diciéndole a
tu hermano lo siguiente: “Eres mi hermano y siempre lo serás, donde quiera que
te encuentres. Siento mucho no haberte podido salvar de perder tu brazo ni de
que murieras, mi fuerza es más pequeña que tu destino. Yo me quedo en esta vida
un tiempo, el que me sea dado, y luego te alcanzaré. Mientras tanto, te
recordaré con amor, y con amor dejo que vayas a donde debes ir, no te detengo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario