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lunes, 4 de marzo de 2013

DERECHOS EN FAMILIA


Estoy muy triste porque mi familia se desbarató. Yo hace tiempo que estaba consciente de que había problemas y muchas veces llegué a aconsejarles que se separaran por lo menos un tiempo, creía que era lo mejor, pero a estas alturas del partido, mi papá alcohólico y mi mamá enferma, los dos solos, visitarlos por separado y verlos tan necesitados de cuidados, me enojo de pensar que se dedicaron a destruir a toda la familia y ahora quieren que nosotros seamos amorosos con ellos y pues a mí no me sale; yo sí los visito, los regaño a veces, les doy consejos pero me fastidia verlos que siguen igual y dicen cosas que no deberían con una hija, voy con ellos por un deber, consciente de que la familia está destruida.

RESPUESTA

Estás triste. No es bonito sentirse uno triste, preferiríamos vivir alegres. Pero las cosas no resultaron como te gustaría y te aflige pensar que tu familia está destruida. Quizá quieras entender tu tristeza y encontrar la forma de aliviarla. Existen algunos hechos básicos que nos fortalecen y en ocasiones alegran, o por lo menos, ubican.

Nada puede destruir a la familia; es decir: el hijo siempre será hijo de sus padres, aunque éstos murieran, se fueran lejos e inclusive ignoraran que son los padres. Igualmente los hermanos, abuelos, tíos o primos; jamás podrán dejar de serlo. Quizá alguno de los miembros sienta que no pertenece o lo niega, pero esto sería falso, subjetivo y de sentimiento. Lo que es, es. Reconocer lo que es da plenitud.

Comprobar que dentro de nuestra familia no se da plenamente la armonía nos pone tristes, enojados o frustrados, porque todos quisiéramos que en la nuestra hubiera paz, sus miembros se sintieran unidos, vivieran juntos o se frecuentaran. A veces no es posible. Cuando mamá y papá no se ponen de acuerdo, los hijos tienden a sentirse en conflicto dentro de sí mismos. Cómo no, si cada uno de nosotros somos mitad papá y mitad mamá. Y además tenemos derecho de amarlos por igual. Contra este derecho no existe nada que pueda interponerse de verdad. Quizá uno de los progenitores exija del hijo o hija que lo acompañe a enojarse en contra del otro, y éste, por amor a ese padre o madre que ordena lo que no debe ordenar, o prohíbe lo que nunca debió prohibir, accede y da cabida en su corazón al rechazo; sin embargo, la evidencia es que tal obstrucción ocasiona dolor, tristeza y sufrimiento, porque subterráneamente prevalecen el derecho y la necesidad de amar tanto al papá como a la mamá. Toda necesidad no satisfecha ocasiona malestar a la persona.

¿Qué puedes hacer a tu favor? Sabiendo que tu familia no corre peligro de ser destruida, quizá puedas estar de acuerdo en que tus padres han hecho lo mejor que han podido, y resultó menos de lo que esperabas de ellos. “A estas alturas del partido” tal vez te harás el ánimo a aceptar que ellos nunca llenarán tus expectativas, no pueden. Por bien tuyo, puedes dejar en sus manos la responsabilidad de ser como son y tú solamente ayudarlos con sus achaques, renunciando a la expectativa de que podrías cambiarlos. No necesariamente va a agradarte lo que decidirán hacer con sus vidas, pero no tiene por qué gustarte o disgustarte, no es tu problema; déjalos que ellos solos se hagan cargo de las consecuencias de sus actos.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares. Sígueme en twitter @doloreshdez

 

 

lunes, 10 de septiembre de 2012

CUMPLIR CON EL DESTINO


Leí su artículo del 29 de Agosto, sobre el orden antiguo y el gran peso de la cultura y la educación mexicanas, y quiero compartirle que junto con el hombre que era mi esposo, pagamos el costo cultural del que habla en pérdida y separación concluyendo en divorcio, en gran parte  por la situación económica. Usted menciona que el cambio es posible, con el tiempo, y generará actos y hechos que van a repercutir en mis hijos, mis nietos...

Con todo el tacto y prudencia hacia mi destino y hacia usted, me pregunté, ¿qué hay de mí? En el sentido de que tengo 26 años y mi realización era casarme, tener hijos y trabajar. Ahora, después de mi divorcio, el costo del que usted habla es inmenso, doloroso, agonizante, pero la exigencia aumentó y todo cambia, por lo tanto, ¿qué se puede hacer?, ¿qué pensamientos o afirmaciones diarias tengo que repetir? Yo y las muchas mujeres que están en algo similar. Ya sé que aceptar el tiempo, darse tiempo, todos sabemos que el tiempo lo cura todo, pero cada segundo de ese bendito tiempo se sufre y aquí no es para pensar que se puede dar amor al prójimo, a la comunidad, a un servicio social etc., eso ya se pensó. Una mujer sabe que su complemento es el hombre, que su aspiración personal es vibrar en una misma sintonía con un hombre que elija y que la elija, mas allá de su entorno, mas allá de su educación y su pasado, con todo el amor que por generaciones se ha acumulado y que se quiere vivir ahora, hoy, y que seguramente de ese gran amor los hijos escribirán su historia, diferente a la nuestra.  

RESPUESTA

Estás ubicada en el “hoy”, lo cual es excelente, sólo que para ti ese hoy es sumamente doloroso y quieres respuestas concretas que no sean las clásicas de “se puede dar amor al prójimo, a la comunidad, a un servicio social, etc.” ¿Quedarían éstas descartadas? Luego señalas: “Una mujer sabe que su complemento es el hombre”. En este sentido, tu pregunta no es pregunta sino respuesta, tu respuesta, la que tienes en la mente y te guía. La experimentas urgente. Esta urgencia tiene doble motor, uno biológico y otro cultural. ¡Otra vez la cultura con sus mandatos!

Ya sabes que la cultura interpreta cómo debemos ver el universo; también determina cuáles son las formas permitidas y las prohibidas de satisfacer las necesidades; que las culturas cambian y lo que piensan sobre las cosas influye también en las relaciones. Me explico: En el orden antiguo, se juzgaba la calidad de un artículo (y de una amistad o matrimonio) por su duración, inclusive se los hacía durar mediante reparaciones: se ponía medias suelas a los zapatos, remiendos a la ropa, refacciones nuevas a los aparatos, y filosofías de resignación a las parejas: “Es tu cruz, aguanta”. En el orden nuevo, los productos son desechables, tienen obsolescencia programada, predomina lo pragmático y materialista y decimos: “Esto ya no sirve, otro nuevo”, sin ajustes, reparaciones ni remordimientos por tirar a la basura el último “tecnotrique”. En los matrimonios, ya no queremos hacerlos durar aunque no sirvan y, llorando, decimos adiós.

Tú, como hija de tu tiempo, estás recibiendo presión de ambos órdenes culturales; el nuevo te dijo: “Esta relación expiró; si necesitas llorarla, llórala, pero déjala ir”. Y el antiguo te dice: “Busca algo que dure”. Bajo estas presiones, te sientes tan impaciente como un atleta que dedicó su cien por ciento a conseguir una medalla de oro y luego sufrió una lesión temporal incapacitante. Ahora, lesionado, siente que él no es lo que debe ser, que su identidad está en entredicho y quiere salir del hospital de inmediato para continuar su entrenamiento. Cada minuto de espera le parece perdido y absurdo; sin embargo, si omitiera la espera, podría arruinar su carrera y sus ideales. El consejo es: “Paciencia, dale tiempo y atención para que sane”.

¿Qué frase repetir? Prueba con ésta: “Honro mi historia y mi experiencia. Me abro confiada y con amor a mi mayor bien. Es inútil resistirme, opto por cumplir con mi destino”.

En León existen grupos de separados y divorciados cuyo objetivo es apoyar a las personas a volver a tener esperanza, prepararse y estar listas para las oportunidades que están por venir. Allí escuché esta frase: "Para tener éxito en una relación, primero debes aprender a vivir solo, en tu sola compañía".Te conseguí el teléfono donde dan informes: 514 05 65.

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