Leo su columna y a través de a.m. quiero expresar que a
los adultos mayores no siempre nos agrada que nos den el diminutivo: señora Gracielita,
señor Gustavito… o que utilicen determinadas frases que a mí me hacen sentir en
una ubicación de inferioridad: “Mi chula”, “Mi reina”, “mi preciosa”, “mi niña”
y otras por el estilo. Si mi nombre es señora Guadalupe, ¿qué trabajo les
cuesta utilizarlo como es, sin adornos?, ¿por qué motivo deben suavizarse
cuando se dirigen a mí? Quienes lo hacen me dan la impresión de que están
pensando: “Pobre, tengo que dirigirme a ella como con los niños chiquitos”. Es posible que algunas de mis
facultades hayan disminuido por la edad o enfermedad; sin embargo, tengo mi
fuerza y mi dignidad, trato de vivir lo mejor que puedo y no necesito esos
apelativos “graciosos” que me dedican incluso personas desconocidas.
RESPUESTA
Me encanta que expreses tu opinión de que te desagradan
los diminutivos y que la gente “se suavice” al dirigirse contigo, como
suponiendo una debilidad que no tienes, y pides ser tratada con el respeto y
consideración que se debe dar a cualquier persona.
No eres la única que presiente que puede haber
“discriminación amable” hacia los mayores, recuerdo a un emprendedor hombre de
negocios que, al cumplir los setenta y cinco, decidió abrirse a una experiencia
de grupo y asistió a uno con personas de su edad, allí lo pusieron a hacer
manualidades. Accedió de mala gana. Al salir, la enfermera que lo acompañaba
comentó: “Se veían curiositos trabajando”. Él nunca regresó. “No quiero ser
curiosito”, dijo. Se había sentido humillado.
Esta discriminación se explica, mas no se justifica, por
el desconocimiento natural de las generaciones jóvenes acerca de las mayores; no
pueden saber cómo es tener una edad más avanzada y a veces creen ser buenos
portándose con condescendencia; mas dicha condescendencia deja entrever una
ubicación de superioridad, un temor y una convicción: superioridad, si el joven
se considera mejor y más adecuado que el mayor; temor, a volverse viejo e
inferior; convicción, de que la juventud es el estado perfecto del ser humano. Paradójicamente,
ahora que se amplía la expectativa de vida y aumenta el número de viejos, está
de moda el pensamiento que envejecer es terrible y hay que evitarlo a toda
costa, con cirugías, cremas, gimnasios, alimentación y tantas cosas que se
anuncian. Nótese la confusión entre salud y juventud, que no son lo mismo, hay viejos
sanos y jóvenes enfermos; la calidad de vida en cualquier edad es un don
aparte.
La moda de adorar la juventud puede influir también a los
mayores. ¿Qué siente una persona de edad si es llamada “vieja”? Quizá lo
perciba como un insulto; pero vejez es el nombre de una etapa de la vida, igual
que niñez o juventud, y cada etapa es solamente eso, una etapa, con
determinadas características en el cuerpo, la mente y las expectativas. De la
misma manera que no sería deseable que un joven siguiera usando biberón,
tampoco lo sería que el viejo pretendiera verse como adolescente. Ser viejo no
es malo, ni humillante. Dices: “tengo mi fuerza y mi dignidad y trato de vivir
lo mejor que puedo”. Eso es tomar la vida. Los viejos de hoy estamos creando un
modelo nuevo de cómo vivir la edad avanzada; somos gente activa, insertada en
la vida, conscientes de que lo aprendido es un tesoro que podemos compartir con
quien desee aprovecharlo, y que por delante nos quedan numerosas experiencias
para seguir aprendiendo. Si esperábamos una vejez más terrible, no ha sido así;
la vida nos sigue dando grandes sorpresas. Si tú, lector, eres joven, sábete
que puedes esperar mucho de la vida cuando envejezcas. Y que ser
condescendiente con los viejos no es respeto.
Invitación: el próximo miércoles 12 hablaré sobre “Autoimagen
y autoestima” a las 8pm en San Sebastian 408, La Martinica. Entrada libre. Los
espero.
Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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