Tenemos un hijo de 27 años que se graduó y no se ha
titulado. Yo pensé que los desembolsos para con él acabarían una vez que
terminara su carrera, pero ya va para dos años que no encuentra trabajo y anda
con una depresión que lo tiene sin gusto por nada, dice que en vano tanto sacrificio
y yo pienso igual. Nadie imagina qué tanto nos hemos sacrificado su madre y yo
para que ellos tengan educación y todo lo que necesitan, y ahora nos sentimos
tristes de verlo que anda tan apurado como si no fuera a haber para comer al
día siguiente, y eso que todavía no tiene familia propia y nosotros lo apoyamos,
no tanto como quisiéramos, pero es algo. Hemos tenido algunas desavenencias
cuando pide dinero. Yo le doy y estoy seguro de que su madre le da también,
porque nos da miedo que vaya a perder su autoestima, pero se enoja cuando no le
alcanza, por eso me permito pedirle un consejo, se lo agradeceremos.
OPINIÓN
A los jóvenes les ha tocado una época difícil; otros de su
misma edad también tienen carrera y los puestos parecen no ser suficientes; en
la escuela les inculcaron que el dedicarse a algo que no es de su profesión
equivale a fracasar, lo mismo si cobran baratos sus servicios. También los
papás de ellos tienen expectativas que al no verlas realizadas, los angustian.
Es duro para todos, pero así es el mundo en que les corresponde vivir y no se
ve en el horizonte una solución satisfactoria para este problema.
Ustedes se han sacrificado de muchas maneras para que su
hijo se eduque. Todavía no terminan. Ahora tendrán que hacer nuevos sacrificios
para que él comprenda que ha llegado el momento en que se hará cargo de sí
mismo. Los nuevos sacrificios no serán de la misma índole que hasta ahora, la
vida les pide otro, distinto, posiblemente más doloroso: renunciar al ideal de
que el muchacho los considere los mejores y más abnegados padres. Si hacen lo
que les voy a decir, es probable que su hijo piense de ustedes que son malos
padres o que ya no lo quieren, por eso digo que este sacrificio es peor que los
anteriores; los papás siempre ambicionamos que nuestros hijos piensen que somos
buenos y cariñosos.
Van a tener que dejar que su hijo resuelva su situación como
pueda, lo cual puede significar que acepte
un trabajo menos remunerado del que esperaba, en un área que no es de su
especialidad, quizá con jefes desagradables, o qué se yo. Ustedes, en lugar de
intervenir para salvarlo y consolarlo, se retraen y le disminuyen la cantidad
que le dan de mesada, sin hacerle reproches, inclusive si él les reclama de mal
modo o se pone grosero, y buscan palabras suaves: “Hijo, estamos más viejos, ya
hicimos todo lo que pudimos, ahora no podemos”, o “no nos alcanza, todavía
faltan tus hermanos”, o algo por el estilo. Sentirán que les duele en el corazón
que él pueda pensar que son ustedes tontos, egoístas, chochos o tantas cosas
que se le pueden ocurrir. Este sacrificio no les será agradecido por su hijo
durante un tiempo corto, quizás ni en uno largo; está acostumbrado a que
ustedes renuncien a muchas cosas para que él disfrute de otras. Por lo
tanto, le parecerá injusto que lo traten
como a un graduado de 27 años y no como a un hijo de familia que tiene derecho
a que se le atienda y se le ahorren las molestias. Opino que sería muy
provechoso que acudieran a psicoterapia de apoyo, para que se mantengan firmes
y que la magnitud del sacrificio no los lleve a rendirse. Hay veces que amar
duele, ¿no es así?
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