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lunes, 17 de marzo de 2014

REINICIAR LA MARCHA


A mis 24 soy un solitario, detesto las fiestas, nunca he asistido a un antro, mi vida son los libros y el estudio, sufro angustia o tal vez depresión, estoy próximo a terminar la carrera y no me alegro sino me atemorizo, imagino que salgo y nadie me da oportunidad de aplicar mis conocimientos o que cometo algún error que me pone fuera de circulación. Mi pregunta es si mis miedos tienen algo que ver con que de niño y adolescente fui acosado en la escuela y también viví experiencias de tipo homosexual con mayores y con chavos de mi edad. Durante el tiempo de universidad me he conservado virgen y aislado. También quiero saber si debo considerarme homosexual y si existe un mejor momento para notificarlo a mis padres.

OPINIÓN

Entiendo que hablas de tres temas distintos: uno, tu temor a relacionarte con personas, que te ocasiona soledad; dos, la angustia de terminar un ciclo, el estudiantil, donde adultos te indican si tu desempeño es correcto, y el inicio de otro en el que tú mismo deberás observar si lo que haces funciona bien o mal para tus fines; y tres, la duda sobre si las experiencias de tipo homosexual en tu infancia y adolescencia te han marcado de por vida. Tres temas, todos importantes, que se influyen mutuamente, cada uno requiere de tu atención y no se pueden solucionar de un plumazo. ¿Con cuál sería bueno comenzar? Creo que por el primero, tu temor a relacionarte, ya que éste puede proporcionarte información nueva y soluciones para los otros dos.

Aunque son tres temas distintos, veo en ellos algo en común: tu necesidad de jamás cometer errores. ¡Imagínate! La única manera que tenemos los humanos de aprender y desarrollarnos es por ensayo y error; es decir, tomamos el riesgo de hacer algo pensando que eso es lo mejor, y no podemos saber qué tan adecuado será hasta que pasa el tiempo y vemos los efectos. Eso nos ocurre a todos, en todas las edades. Luego, cuando ya tenemos información de las consecuencias de aquello que elegimos, estamos en posibilidad de juzgar si era o no lo más funcional. Acertamos en un alto porcentaje de nuestras elecciones y no tenemos problema; pero cuando nos desagradan los resultados, entonces podemos reaccionar de muchas maneras, desde castigarnos con severidad, hasta decirnos amistosamente: “Ahora ya sé que haciendo lo uno, ocurre lo otro”.

Estoy interpretando que tú has huido de las relaciones, condenándote a la soledad, por miedo a no ser adecuado; es decir, a cometer errores que te dejen en ridículo o te pongan fuera de circulación, como si dijeras: “Antes que me excluyan, yo me excluyo solo”. Con esto, el temido “estar fuera de circulación” se te está cumpliendo desde ahora. Pero el desarrollo humano es posible en todas las edades, y siempre podemos volver a elegir o modificar nuestras decisiones.

Constituye una soberbia enorme el pretender atinar de todas, todas. En otras palabras, los humanos perfeccionistas, que nos exigimos estar libres de error vivimos una idealización tonta y no tenemos más remedio que asumir que en el pasado cometimos equivocaciones e injusticias, y las seguiremos cometiendo en el futuro, no obstante nuestra buena voluntad. Y que dichas injusticias y equivocaciones no nos “marcan de por vida”, sino que son escalones para lograr un mejor conocimiento del mundo en que vivimos. Hay caminos que solamente andándolos podemos conocer lo suficiente de ellos para dar marcha atrás y tomar otro camino, y lo contrario, que por no haberlos recorrido, pasamos la vida añorándolos como si fueran nuestra salvación. Sin embargo, contemplar que les dedicamos tiempo y esfuerzo y no llevan a algo que nos guste, duele, a veces sucumbimos a la tentación de sentarnos a llorar y decir que somos unos fracasados. No lo somos, teníamos una lección por aprender, aunque solo fuera la de tener valor para volver sobre los propios pasos y reiniciar la marcha. Me estoy refiriendo a tu elección de aislarte, que ya recorriste y sabes que desemboca en soledad y parálisis. Dar marcha atrás significaría abrirte poco a poco, saludar al portero y al que vende jugos, asistir a una reunión y soportar el aburrimiento de los inicios, buscar un terapeuta que te acompañe en tu proceso y descubrir ante él tus miedos y manías… Los temas segundo y tercero están supeditados a la solución de éste.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

lunes, 4 de noviembre de 2013

SACRIFICARSE POR EL BIEN DE UN HIJO


Tenemos un hijo de 27 años que se graduó y no se ha titulado. Yo pensé que los desembolsos para con él acabarían una vez que terminara su carrera, pero ya va para dos años que no encuentra trabajo y anda con una depresión que lo tiene sin gusto por nada, dice que en vano tanto sacrificio y yo pienso igual. Nadie imagina qué tanto nos hemos sacrificado su madre y yo para que ellos tengan educación y todo lo que necesitan, y ahora nos sentimos tristes de verlo que anda tan apurado como si no fuera a haber para comer al día siguiente, y eso que todavía no tiene familia propia y nosotros lo apoyamos, no tanto como quisiéramos, pero es algo. Hemos tenido algunas desavenencias cuando pide dinero. Yo le doy y estoy seguro de que su madre le da también, porque nos da miedo que vaya a perder su autoestima, pero se enoja cuando no le alcanza, por eso me permito pedirle un consejo, se lo agradeceremos.

OPINIÓN

A los jóvenes les ha tocado una época difícil; otros de su misma edad también tienen carrera y los puestos parecen no ser suficientes; en la escuela les inculcaron que el dedicarse a algo que no es de su profesión equivale a fracasar, lo mismo si cobran baratos sus servicios. También los papás de ellos tienen expectativas que al no verlas realizadas, los angustian. Es duro para todos, pero así es el mundo en que les corresponde vivir y no se ve en el horizonte una solución satisfactoria para este problema.

Ustedes se han sacrificado de muchas maneras para que su hijo se eduque. Todavía no terminan. Ahora tendrán que hacer nuevos sacrificios para que él comprenda que ha llegado el momento en que se hará cargo de sí mismo. Los nuevos sacrificios no serán de la misma índole que hasta ahora, la vida les pide otro, distinto, posiblemente más doloroso: renunciar al ideal de que el muchacho los considere los mejores y más abnegados padres. Si hacen lo que les voy a decir, es probable que su hijo piense de ustedes que son malos padres o que ya no lo quieren, por eso digo que este sacrificio es peor que los anteriores; los papás siempre ambicionamos que nuestros hijos piensen que somos buenos y cariñosos.

Van a tener que dejar que su hijo resuelva su situación como pueda, lo cual puede significar que  acepte un trabajo menos remunerado del que esperaba, en un área que no es de su especialidad, quizá con jefes desagradables, o qué se yo. Ustedes, en lugar de intervenir para salvarlo y consolarlo, se retraen y le disminuyen la cantidad que le dan de mesada, sin hacerle reproches, inclusive si él les reclama de mal modo o se pone grosero, y buscan palabras suaves: “Hijo, estamos más viejos, ya hicimos todo lo que pudimos, ahora no podemos”, o “no nos alcanza, todavía faltan tus hermanos”, o algo por el estilo. Sentirán que les duele en el corazón que él pueda pensar que son ustedes tontos, egoístas, chochos o tantas cosas que se le pueden ocurrir. Este sacrificio no les será agradecido por su hijo durante un tiempo corto, quizás ni en uno largo; está acostumbrado a que ustedes renuncien a muchas cosas para que él disfrute de otras. Por lo tanto,  le parecerá injusto que lo traten como a un graduado de 27 años y no como a un hijo de familia que tiene derecho a que se le atienda y se le ahorren las molestias. Opino que sería muy provechoso que acudieran a psicoterapia de apoyo, para que se mantengan firmes y que la magnitud del sacrificio no los lleve a rendirse. Hay veces que amar duele, ¿no es así?

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.