“¿Cuál es el
mejor momento para iniciar la educación de una dama?”, preguntaba un autor cuyo
nombre no recuerdo, y contestaba él mismo: “Cuando nace su abuela”. Y otro
autor, Didier Dumas, psicoanalista francés de niños psicóticos, muerto en 2010,
aseguraba que la psicosis es una enfermedad de la familia y no de la persona
solamente. Según él, “los niños psicóticos parecen tener la misión de arreglar
el pasado genealógico de sus familias, son incomparables exploradores del
inconsciente transgeneracional y el pasado familiar los ha convertido en lo que
son”.
¿De qué pasado
estamos hablando? ¿Del de su padre o el de su madre? También, pero sobre todo
de lo ocurrido en la familia durante tres, cuatro y más generaciones: traumas,
secretos, omisiones, mentiras y ocultamientos que se heredan como si fueran un
ADN no material. Didier decía: “A los que no entienden el porqué de la
existencia de los psicóticos, les contesto que ellos están para enseñarnos lo
que desconocemos acerca de nuestras transmisiones mentales y espirituales”. Él
creía que la memoria de estos eventos se transmite por telepatía o algo
similar, pues siendo inconscientes, nadie los recuerda conscientemente, pero
investigando, salen a la luz como causantes de la psicosis y otras enfermedades.
Angélica
Olvera, investigadora y pedagoga mexicana, ha acuñado el término “inteligencia
transgeneracional” para describir la capacidad que tenemos tanto de asimilar
como de comprender y aprovechar los eventos y características recibidos como
herencia no material, y añade este nombre a los otros tipos de inteligencias
múltiples que han sido estudiadas: la emocional, referente al manejo de la vida
afectiva; la verbal,
aptitud para expresarse con palabras; la lógico matemática, habérselas bien con
números y operaciones abstractas; la musical, que tienen los músicos, cantantes
y compositores; la cinético-corporal, de los bailarines y deportistas; la
espacial, de quienes pueden orientarse fácilmente en cualquier ubicación y
postura; la interpersonal, habilidad para ser sociable y establecer contacto
hasta con desconocidos, que tienen los líderes y los vendedores; la
intrapersonal, para profundizar pensamientos acerca de sí mismos y la vida,
como los poetas y los filósofos. En esta última yo añadiría a los psicóticos,
aunque ya se los ha ubicado en la transgeneracional.
Culturalmente,
no todas estas inteligencias han recibido el mismo prestigio. Podemos verlo
como padres, solemos apreciar más que un hijo saque buenas notas en
matemáticas, y menos que sea bueno en fútbol o tocando la guitarra, ya ni se
diga que ande de amiguero o que a todo lo que le decimos tenga respuesta.
Es obvio que
las personas poseemos estas inteligencias (y otras que no han sido estudiadas)
en diferentes medidas, sabemos de brillantes científicos e inventores que son
“idiotas” relacionándose con familia y amigos, o que se pierden si salen a la
calle o van a otra ciudad.
¿Por qué las
llamamos inteligencias? El término inteligencia está
compuesto por otros dos términos: intus (entre) y legere (escoger); por lo tanto, hace referencia a saber elegir. La inteligencia
posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución
de un problema. Cada uno de nosotros sobresalimos en una o dos, tal vez más,
inteligencias, constituyen nuestro talento natural, y estamos deficientes en
otras que aunque necesarias, incluso el cultivarlas nos cuesta trabajo.
“Psicología”
es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o
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