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lunes, 9 de septiembre de 2019

LA NECESIDAD DE DOGMAS


Suena extraño afirmar que tenemos necesidad de dogmas. Nuestra sociedad, especialmente en sus generaciones jóvenes, suele creer que ha derrotado al dogmatismo; sin embargo, es posible que sólo le hayamos cambiado las fuentes, y al finalizar un debate en clase, el muchacho solicite al profesor: “Mejor usted díganos lo que debe ser”, o se vuelva hacia lo que hacen y dicen los compañeros y con lo que ve, configure su manera de pensar y actuar.
Es frecuente que reflexionar y decidir con la propia mente resulte abrumador, y sintamos la necesidad de que alguien decida por nosotros y nos diga qué es lo correcto.
Socialmente, estamos acostumbrados a que figuras con autoridad reconocida certifiquen cuáles conocimientos son confiables y quiénes están autorizados a opinar, porque se sometieron a una evaluación que dichas figuras consideraron adecuada. Esto deja en el terreno de lo falso y sospechoso a todo aquello que no haya pasado por la criba.
Antiguamente, los dogmas los decretaban las iglesias; luego los científicos; después, las universidades; en algunas zonas, los políticos. Ahora, con las redes sociales y la posibilidad de que todo mundo haga publicaciones, se mezclan las notas verdaderas con las falsas, vemos fotografías y videos que parecen convincentes pero han sido alteradas con photoshop, y mucha gente ya no se sabe en qué creer. Se pregunta: “¿Qué es lo verdadero?”.
Si bien el dogmatismo tenía sus ventajas en el sentido de que la gente se sentía segura de lo que pensaba aunque no fuera acertado, también dio lugar a que, a veces, las comunidades dominantes descartaran conocimientos nuevos precisamente por  su novedad, y que las mentes permanecieran cerradas ante los cambios naturales de la vida y el desarrollo.
Según Campanario, catedrático de la Universidad de Alcalá en España, el sistema de revisión por expertos es muy antiguo, y no es una garantía total de calidad: "La gente debería saber que los científicos son muy conservadores, que también en ciencia se cometen errores y que los trabajos que van en contra de las ideas dominantes en cada época pueden ser rechazados, sin que sean malos".
Es común que quien tenga una idea nueva, distinta a las acostumbradas, sea objeto de críticas y rechazo. ¿Debería abandonarla y someterse a lo establecido? ¡Vaya cuestión! Porque lo establecido ha pasado por siglos de aceptación de parte de innumerables personas, y la creatividad está inventando algo que todavía no existe y, por lo mismo, tiene pocos criterios prácticos que lo avalen.
Todos alguna vez hemos sentido miedo a la libertad, junto con la interrogante de si tenemos derecho a pensar lo que pensamos y hacer lo que queremos.
En el dogmatismo, uno acepta una idea porque la dijo determinada persona que es prestigiosa, tiene poder o se disgusta si la contradigo; en cambio, si acepto esa misma idea porque me parece acertada, no estoy teniendo necesidad de dogmas sino reflexión y elección de lo que considero mejor o más oportuno, lo cual es la esencia de la libertad y punto opuesto al dogmatismo.
El dogmatismo es aceptado y practicado por personas que tienen miedo o pereza de tener que elegir, o creen que la virtud consiste en someter el propio juicio a otra inteligencia más brillante, a un ideal o a unas ideas que les fueron inculcadas y que, por intocables e indiscutibles, son convertidas en dogmas por quien las cree y transmite.
Aquí entra como cuña la pregunta: ¿Yo qué pienso? ¿Tengo derecho a opinar?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51


lunes, 22 de agosto de 2016

AMBICIOSOS Y CONFORMISTAS



El tema de hoy está inspirado en las proezas de las Olimpíadas y en aquellos educadores que tienen como lema para sus educandos “te preparo para ser el mejor”.
Es difícil pensar en algo más fuerte y absorbente para un niño o joven que aceptar la obligación de obtener medallas de oro o dieces de calificación, pero nada menos. Plata o bronce no bastan. Nueve, ocho o siete, tampoco. En la tele se vieron lágrimas de deportistas que aspiraban a obtener medalla de oro y debieron “conformarse” con la de plata. Estoy segura que no vimos muchas más lágrimas y decepciones de otros competidores que ni siquiera estuvieron en pantalla. La similitud me hizo recordar las numerosas ocasiones en que México ha participado en campeonatos y no regresa convertido en campeón. La gente comenta decepcionada: “Como siempre, ya merito”.
Si miramos con atención, para alguien que acepta el reto de “ser el mejor” nada es suficiente, puesto que el actual campeón mundial de cualquier disciplina va a ser derrotado por el próximo campeón mundial  y éste por el que le sigue, ¿y luego? ¿Qué sucederá con su persona cuando ya no sea el mejor? ¿Encontrará otro campo en el que vuelva a serlo? ¿Cómo juzgará su propia vida si nunca regresa a ser número uno? ¿Cuáles serán sus actitudes en el caso de que sí regrese?
Continuaré con el tema como si no sospechara que es un tema tabú; nuestra cultura descansa sobre él y otros igualmente intocables. Anticipo a los lectores que lo considero un caso de “doble vínculo”, término técnico que significa situación esquizofrenizante o generadora de locura.
Deslumbra contemplar los grandes logros de esta época en todos los campos: deportivos, científicos, tecnológicos, artísticos, de acumulación de riqueza, de calidad de vida, etc. Mirándolos, uno no puede menos que volverse hacia sí mismo y su medio ambiente, comparar y ambicionar, parecido a cuando vemos que el vecino compró un gran auto de lujo e interiormente desearíamos hacer lo mismo.
He aquí los mandatos que nos endilga nuestra cultura y que yo considero “doble vínculo”. Por un lado, predica la inmoralidad de que unos posean mucho y otros nada o casi nada; y por otro, nos desprecia si somos de los que no poseen, llamándonos conformistas y otros epítetos más desagradables, como si dijera: “debes ser de los mejores. Los mejores son malos o están mal”.
El resultado de este doble mensaje yuxtapuesto es la culpabilidad. Culpabilidad si somos de los afortunados que tienen lo que otros no pueden alcanzar y más culpabilidad aún si nos negamos a renunciar a nuestros privilegios a fin de combatir la pobreza, la ignorancia o cualquier otro tipo de carencias; pero también culpabilidad y otros adjetivos como baja autoestima si fracasamos en “ser el mejor”; es decir, si no conseguimos medallas de oro o campeonatos, no hacemos grandes descubrimientos científicos, no creamos tecnología avanzada ni obras de arte mundialmente famosas, no poseemos acciones de las compañías trasnacionales, no hemos dado la vuelta al mundo y visitado hoteles y restaurantes de cinco estrellas, etc., etc., sino que, por el contrario, nuestra calidad de vida es en muchos puntos deficiente, comparada con la abundancia que admiramos y despreciamos a un tiempo.
¿Por qué escribo sobre el tema si espero que sea puesto en duda? Precisamente, para incitar la duda. Siguiendo con la mención del “doble vínculo”, el primer paso para quedar libre de él consiste en descubrir su perfidia; es decir, darse cuenta de que no deja escapatoria, uno se va a sentir mal si lo obedece y mal si no lo obedece. Si se esfuerza para ser el mejor, le espera una vida de esfuerzo frenético y obsesivo que desemboca en desencanto; si uno opta por no esforzarse tanto le llegará la duda acerca de si es un mediocre o un fracasado.
Pregunta para el lector: ¿qué papel desempeñarían aquí la ampliación de la conciencia (darse cuenta), la libertad y la autonomía?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

lunes, 16 de noviembre de 2015

CIENCIA Y CONSTELACIONES FAMILIARES



¿Las Constelaciones Familiares son científicas?, ¿tienen sustento científico?
OPINIÓN
En la propaganda y en el hablar popular, la palabra “científico” suele utilizarse como sinónimo de “verdadero” o “confiable” y referirla a casi cualquier cosa, por absurda que pudiera resultar: “La democracia es científica”, “el Socialismo es científico” “la existencia de Dios es científica”, “la tilma de Juan Diego es científica”… y lo opuesto, decir que algo “no es científico”, parecería significar que es falso. Hay confusión en el uso de los términos.
La palabra “científico” sólo significa: Perteneciente o relativo a la Ciencia. Que tiene que ver con las exigencias de precisión y objetividad propias de la metodología de la Ciencia. Y “Ciencia” es el estudio del universo que utiliza el Método Científico.
Todas las otras formas de conocimiento humano que no utilizan el Método Científico no son Ciencia. Quedan fuera de ésta, aunque antes a algunas se les llamara ciencia: la filosofía, las religiones, los mitos, el folklore, las ideologías políticas, la intuición, lo que llamamos “sentido común”, la tecnología... Se incluye la tecnología como no-Ciencia por ser aplicación práctica de los conocimientos que la Ciencia ha investigado con anterioridad.
De acuerdo con lo anterior, la Medicina, la Arquitectura, las ingenierías o cualquier otra profesión que se dedica a aplicar los conocimientos científicos, no son Ciencia sino tecnologías, salvo si hacen investigación y en ella utilizan el Método Científico.
¿Y las Constelaciones Familiares? Éstas sí investigan, pero no utilizan el Método Científico, por lo tanto, ¿podemos llamarlas científicas? Hacerlo las obligaría a utilizar el multimencionado Método Científico. ¿Y por qué no lo usan? Porque este método, aunque ha comprobado infinidad de veces su eficacia, no se adecúa a toda clase de estudios; sería como forzarlas a entrar en un zapato que no es de su talla.
Con el Método Científico se busca aislar un evento, repetirlo controlando las variables, confirmar una hipótesis (por ejemplo: administrar Aspirina reduce el dolor) y predecir lo que ocurrirá si se repite el evento estudiado (cualquier persona que administre Aspirina logrará reducir un dolor). En Constelaciones Familiares no se busca aislar eventos, ni confirmar hipótesis ni predecir los resultados, sino mirar en cada caso cuáles movimientos son útiles para la integración de una o más personas en su sistema o grupo. Cada constelación es única e irrepetible. Sólo el consultante puede comprobar el resultado.
Concluyendo: La Ciencia ha llegado a ser una poderosa fuerza de influencia en las actividades humanas, pero no es el único método eficaz para llegar a un conocimiento ni puede abarcar todas las situaciones que merecen estudio.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.