lunes, 12 de enero de 2015

BUENA O MALA SUERTE


Quizás la buena o mala suerte sea un conjunto de hábitos de pensamiento optimista o pesimista que desemboca en sucesos afines a lo que se piensa.

Es misteriosa la manera como pensamos. Los especialistas en percepción opinan que nadie vemos la realidad tal como es, sino que el cerebro la interpreta de acuerdo con informaciones previas: experiencias, miedos, expectativas,  creencias, ideales, aspiraciones y un sinnúmero de ideas que nos han sido sembradas, por otros y por nuestra propia imaginación. Se cuenta que una trabajadora social dudó si debía tomar medidas legales a favor de una niña de ocho años, que  dijo: “Mi mamá me castiga y me deja tres días encerrada en mi cuarto sin comer”.  Queriendo cerciorarse, la profesionista siguió preguntando: “¿Sí?, ¿cuántas veces lo ha hecho?”. Y la niña: “Hasta ahora, nunca, pero puede hacerlo”.

Es evidente que los padres “pueden” encerrar a sus hijos pequeños y dejarlos varios días sin comer, pero la inmensa mayoría no lo hace. ¿Qué nos ocurre cuando un miedo de algo que “puede suceder” se adentra en nuestra imaginación y nos toma bajo su control? Se convierte en una amenaza a punto de volverse realidad y un filtro por donde pasarán las nuevas experiencias. Una vez instalado dicho filtro, tenemos terreno propicio para fobias, terrores diurnos o nocturnos, insomnio y paremos de contar.

Es misteriosa la manera como pensamos. En algún momento elegimos, sin apenas darnos cuenta, una o varias de las imágenes que pasan por nuestra mente, que son muchísimas, y comenzamos a “darles cuerda”. Afortunados de nosotros si las elegidas son optimistas, de alegría, realización,  éxito, confianza, amor por nosotros mismos y los semejantes; y desafortunados si la mayor parte del tiempo pensamos en cosas pesimistas como enfermedades, abandono, soledad, pérdidas económicas, fracasos, delitos, corrupción, impunidad, etc., etc. Cuando menos lo esperemos, nuestros pensamientos nos habrán creado una realidad bonita, o insoportable.

Se ha dicho que no importan tanto los eventos que nos toca vivir, sino la manera como los vivimos, y es en esta última donde influyen las “rutinas del pensamiento”. Con todo tendemos a hacer rutinas, también con lo que acostumbramos pensar; luego, las rutinas forman hábitos. Los hábitos no son otra cosa sino  determinadas neuronas más entrenadas a dispararse sobre otras neuronas también entrenadas para recibir el disparo. Dentro del cerebro, un hábito sería como los caminitos que hacen las hormigas de tanto pasar; facilitan el tránsito y atraen a otras hormigas.

Solemos creer que las grandes decisiones son tomadas de pronto y frente a eventos importantes, pero es más probable que las hagamos sin apenas darnos cuenta, cuando elegimos determinadas imágenes para pensarlas, pues con ellas confeccionamos el “filtro” que teñirá de un color u otro los acontecimientos. Quizás la buena o mala suerte sea un conjunto de hábitos de pensamiento optimista o pesimista que desemboca en sucesos afines a lo que se piensa. A todos les deseo buena suerte.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

 

 

 

 

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